José Ignacio Landaluce

Alcalde de Algeciras y senador

Carta abierta a José Luis Ábalos

El alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, expone al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana las demandas de la ciudad para esta materia

El ministro de Transportes, José Luis Ábalos (dcha), acompañado por la delegada del Gobierno, Gloria Calero (2ª dcha), y el alcalde de Cullera, Jordi Mayor (centro), durante su visita a las obras de la variante Cullera-Favara de la N332. El ministro de Transportes, José  Luis  Ábalos  (dcha), acompañado por la delegada del Gobierno, Gloria Calero (2ª dcha), y el alcalde de Cullera, Jordi Mayor (centro), durante su visita a las obras de la variante Cullera-Favara de la N332.

El ministro de Transportes, José Luis Ábalos (dcha), acompañado por la delegada del Gobierno, Gloria Calero (2ª dcha), y el alcalde de Cullera, Jordi Mayor (centro), durante su visita a las obras de la variante Cullera-Favara de la N332. / Efe

El alcalde de Algeciras y senador, José Ignacio Landaluce, ha trasladado a Europa Sur para su publicación una carta abierta dirigida al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, en la que le plantea diversas demandas y en la que le invita a visitar la ciudad y, particularmente, el Ayuntamiento de la ciudad. Este es su contenido:

Querido ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos Meco.

Una vez más, y sinceramente creo que ya he perdido la cuenta, me tomo el atrevimiento de dirigirme a ti, como he hecho en varias ocasiones no solo de manera epistolar, sino también en persona, gesto que agradezco profundamente, no con la intención de distraerte de tus múltiples ocupaciones, sino de levantar la mano para recordarte, como representante del Gobierno de España que eres, que al igual que Teruel, Algeciras y el Campo de Gibraltar también existen.

Y lo digo, querido ministro, porque a nadie nos entra en la sesera, por muy dura que ésta sea, que en este rincón del sur del Sur que tantas pasiones levanta, que cuenta con uno de los mayores potenciales de todo el país, que como joya de la corona tiene al primer puerto de España, que cuenta con el segundo polo químico e industrial a nivel nacional, que padece la servidumbre (para lo bueno y para lo malo) de tener dos fronteras, sigo sufriendo las consecuencias asfixiantes de una carencia endémica de infraestructuras que lastran su desarrollo e hipotecan negativamente el futuro.

¿Qué te voy a contar yo que no sepas ya, querido ministro? Eres persona perfectamente conocedora de la realidad de esta zona, y por ello, no deja de sorprendernos, y uso el plural porque aquí entramos todos (representantes institucionales, sindicatos, asociaciones de empresarios, movimiento vecinal, etc, etc.), que a estas alturas de la película, las comunicaciones que nos rodean y que son tan necesarias para seguir adelante con la creación de empleo y generación de riqueza, pueden estar tranquilamente a la cola de las que disponen otros territorios.

Si empezamos con lo del tren, es que no paramos, porque aquí las únicas que se paran son las locomotoras. La verdad es que no sabemos de qué museo ferroviario han salido, porque no se si tu podrás explicarnos, querido ministro, las causas que están provocando que salgamos hasta a tres averías por semana en la línea Algeciras-Madrid y viceversa. Comprar un billete para ese viaje es jugar a una lotería tan incierta como desesperante, puesto que hace unos días se batió el triste record de superar las ocho horas de duración en un trayecto que de normal tardar casi cinco horas y media, lo que ya de por si supone un auténtico despropósito.

No te hablo, querido ministro, de vagones incómodos y obsoletos, que llegan a carecer hasta de aire acondicionado; ni de las muchas personas que se están cayendo y sufriendo daños físicos al no coincidir la altura del andén con la de los coches; ni que las rampas para personas con movilidad reducida no permiten que se cumpla su función, que es la de hacer que los trenes sean accesibles; ni que para los pésimos servicios que se ofertan los precios sean desproporcionados y eso merme nuestra competitividad. No te cuento nada de esto, porque quizás solo sean imaginaciones mías, como las del imaginario popular, que bautizó en su momento estos convoyes como “los ranitas express”, porque rana, rana sí que nos han salido. Y mientras todo esto ocurre, nuestro puerto y sus empresas se quedan ojipláticos al comprobar como las inversiones ferroviarias se marchan toditas todas hacia el Levante español, por cierto, tu tierra de nacimiento, aunque nada tiene que ver una cosa con la otra.

Allí están en el Mediterráneo, pero aquí también; allí hay naranjas, y aquí tenemos las de San Martín del Tesorillo, que son gloria bendita, pero aquí, insisto, tenemos el primer puerto de España, y allí, no. No valen excusas ni milongas de que los Presupuestos Generales del Estado están prorrogados y no contemplan invertir en obra nueva, porque esa una mentira de las que haría languidecer de vergüenza a Pinocho.

Lo que no hay es voluntad política de trabajar por el desarrollo de esta zona, aunque algunos voceros griten a los cuatro vientos lo contrario, y solo hay que ver las inversiones que en materia ferroviaria están siendo ejecutadas, o incluso prometidas para ya, en otras zonas de España. Y por contra, aquí no llegan ni las migajas, porque otros se las comen por el camino.

Siempre tuvimos en la comarca servicios de diligencias, que es posible que tardasen menos en llegar a su destino que hacerlo ahora

Pero salgamos de unas vías férreas más propias de una película de vaqueros que del siglo XXI, y miremos ahora a las carreteras que son competencia del Estado, o sea tuyas, querido ministro. Siempre tuvimos en la comarca servicios de diligencias (otra referencia al género cinematográfico del western), que es posible que tardasen menos en llegar a su destino que hacerlo ahora, por ejemplo un 15 de agosto, de Algeciras a Tarifa. Y eso que este año, con la lucha contra la maldita pandemia, son muchas las personas que haciendo gala de su responsabilidad social limitan sus desplazamientos, que si no no hay fábrica de conos que de abasto para señalizar carriles adicionales y evitar atascos kilométricos. Pasan los años y seguimos igual, o incluso peor que el anterior, pero poco o nada se sabe del desdoble del tramo Algeciras-Tarifa-Vejer, que actualmente demuestra a las claras que en la provincia de Cádiz se funciona a dos velocidades (nunca mejor dicho). Con los accesos a Algeciras, tanto el norte como el sur, tampoco es que estemos para tirar cohetes, y ahí seguimos, a la espera de que el Ministerio que diriges arroje algo de luz sobre unas actuaciones que no son solo necesarias para mejorar la circulación, sino para lo que es más importante, reducir la siniestralidad vial y salvar vidas, y con esto si que no puede haber ni bromas ni esperas.

Son tantas y tantas cosas las que tenemos pendientes, querido ministro, que esta carta se extendería tanto como la sacrosanta paciencia que algecireños y campogibraltareños estamos demostrando ante estas necesidades, insisto, históricas, y que nos llevan a plantearnos si el Gobierno de todos los españoles, de absolutamente todos, nos está tratando como a ciudadanos de tercera categoría, visto lo visto. No queremos ser más que nadie, pero tampoco ser menos que nadie, aunque no te lo tomes como algo personal, puesto que a lo peor es solo una opinión subjetiva. Como ya te he dicho tanto en persona como por carta, las puertas de este Ayuntamiento, que es tu casa, siempre estarán abiertas para ti, por si algún día tu más que apretada agenda te permite visitar nuestra Casa Consistorial, y comprobar de primera mano lo mucho y bueno que tienen Algeciras y el Campo de Gibraltar, y también lo mucho que le falta para estar a la altura de los demás territorios de nuestro país. Quedo a tu entera disposición, querido ministro.

José Ignacio Landaluce Calleja. Alcalde de Algeciras

P.D: Lo que sí te ruego encarecidamente, querido ministro, es que si vienes a Algeciras desde Madrid no lo hagas en tren, no vaya a ser que extrañamente la locomotora se averíe, salga ardiendo o se quede tirada en medio de la nada,  y se nos haga de noche esperando tu visita, aunque esas son cosas que casi nunca nos están ocurriendo.

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