Tragar: II. Recuerdos al concejal

M tiene problemas. No comprende el mundo en el que vive, ni a las personas que lo habitan, sus antiguos compañeros de trabajo, sus vecinos… Tampoco qué es ser adulto. M es carne de psicólogo. Su madre ha muerto y después de enterrarla ha ido derecho a darse un atracón para luego vomitarlo. Es entonces cuando concluye que la comida es su vida. Que su existencia está controlada por todo lo que traga. En consecuencia, M se decide a escribirle sucesivos correos electrónicos a quien una vez fue su terapeuta, el doctor Relimpio, con la necia esperanza de obtener respuesta.

Tragar

"Tenía razón, doctor: la comida es mi vida. Cada minuto que paso sin comer estoy pensando en qué puedo comer cuando llegue la oportunidad. Y pienso en que, con el último bocado, la mano te arroja una vez más a tu sitio y que en ese momento sabes que la única reacción lógica es vaciar el estómago. Para poder seguir comiendo".

El forajido

A partir de los años 60, se rodaron en Andalucía cientos de películas de vaqueros. Esta tierra y esta luz eran perfectas para forjar la leyenda del Viejo Oeste. A su vez, la estética y la épica del wéstern caló en el imaginario de la generación de mis padres. La historia que hoy les traigo bien podría haber sucedido en la vida real de dos hombres de la Andalucía rural, o bien en Cinemascope, en la pantalla de un cine de verano. Este es el relato de la extraña amistad entre un buen hombre y un peligroso forajido. ¿Realidad o leyenda? Elijan ustedes mismos.