El arquitecto que vino del mar

Recordé a mi amigo Fermín Alvarez, buen arquitecto y mejor persona, visitando en los primeros días del año, la magna exposición sobre la obra de Renzo Piano, con la que la Royal Academy of Arts, británica, homenajea al genial arquitecto genovés. En el colosal marco de la mansión Burlington House, situada en el corazón de Picadilly, sede de la Academia, está instalada la muestra. Dos salas albergan 16 grandes tableros, dedicados cada uno de ellos a una obra emblemática del autor. Allí puede uno sentarse a consultar los diseños, contemplar las maquetas, revisar cálculos y empaparse de la belleza y la elegancia que Renzo otorga a cada una de sus construcciones. En la sala central, se puede asistir a una proyección en la que el autor dialoga sobre su obra y, en el suelo, hay una maqueta de grandes dimensiones, una isla virtual que recoge 102 de sus realizaciones. Siempre he pensado que de las disciplinas académicas, la arquitectura es la que requiere el uso más equilibrado de los dos hemisferios cerebrales. El sentido artístico se da la mano con el cálculo y la geometría, en un oficio que requiere enfrentarse a diario con una de las fuerzas más potentes de la naturaleza: la ley de la gravedad. Es una profesión de hombres y mujeres de paz, puesto que en tiempo de paz, se construye, lo que en tiempo de guerra se destruye. También es necesario el sentido poético porque lograr ligereza y luminosidad, con materiales como el acero o el hormigón, es pura tarea de poetas. Renzo Piano es un amante de la mar. No en vano, ha diseñado y construido él mismo los seis veleros con los que ha navegado en su vida. Cuando concibe las ideas, dibuja unos monigotes con un rotulador verde, en los numerosos papelitos que guarda siempre en sus bolsillos. Es perfeccionista, y considera que una obra sólo está terminada cuando no puede hacer más modificaciones. La maqueta es fundamental, y la utiliza en todas las fases de la construcción. En la exposición pueden verse en ellas, la complejidad del Centro Pompidou de París, el techo del aeropuerto de Osaka que parece el esqueleto de un animal prehistórico, el diálogo entre lo cóncavo y lo convexo en el Parque de la Música de Roma, el desafío del rascacielos The Shard en Londres, la solución imaginativa de la Pathé Foundation de París o la funcionalidad de un hospital pediátrico en Uganda. Renzo Piano considera que el gran desafío de los arquitectos actuales es la conversión de las periferias de las grandes ciudades, a donde las personas han sido centrifugadas, en lugares de encuentro humano. Si van por Londres, no se la pierdan.

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