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Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

Sobre algas y alcornoques

Se echan de menos referencias expresas al medio ambiente entre las 69 medidas del plan anti Brexit

Pocos territorios como el Campo de Gibraltar pueden presumir de contar con dos parques naturales de la importancia de Los Alcornocales y el del Estrecho y, sin embargo, pocos hay tan sumamente amenazados como ellos. En el primero de los casos, la seca afecta a miles de ejemplares de alcornoques, encinas y quejigos sin que se haya dado continuidad a los planes activados para frenarla. Respecto al alga rugulopteryx okamurae, los expertos confiesan con la boca chica que su expansión por los fondos marinos es ya inevitable, dada la rapidez con la que crece y la ausencia de enemigos naturales, por lo que tan solo caben medidas paliativas continuadas en el tiempo y confiar a duras penas en que, a largo plazo, el resto de especies animales y vegetales se adapten mal que bien.

Y pese a la importancia de ambos fenómenos, los discursos políticos suelen pasar por encima de ambas materias, sin que tampoco haya un interés especial por abordarlos en los medios de comunicación, salvo de forma aislada. Quizá el problema es que, hasta hace bien poco, los problemas del medio ambiente eran ajenos para quienes vivimos en las ciudades o pasamos media vida montados en un coche. Nos preocupa aún, y mucho, la limpieza de nuestras calles y que los parterres de nuestro barrio tengan alguna brizna de yerba, pero somos incapaces de inquietarnos por aquello qué sucede más allá de ese horizonte recortado de edificios con forma de cajas de zapatos.

Por eso, precisamente, se echan de menos referencias expresas a la protección del medio ambiente entre las 69 medidas del bienintencionado plan del Gobierno andaluz para paliar las consecuencia del Brexit en el Campo de Gibraltar. No solo hay que tener en cuenta la urgencia de actuar en relación a Los Alcornocales y las algas invasoras, sino también que el cuidado del medio ambiente es fuente permanente de trabajo. No todo son carreteras y autovías, aunque estas den más votos a corto plazo.

Pensar en qué estado dejaremos nuestro entorno natural a las generaciones venideras no es una cuestión ideológica, sino de sentido común. La Alemania de la conservadora Angela Merkel aprobó el pasado viernes un plan por el que destinará 54.000 millones de euros durante los próximos cuatro años para acelerar la transición hacia la economía verde, aunque no hay que irse tan lejos para tomar buenos consejos: basta con prestar algo de atención a los integrantes del Instituto de Estudios Campogibraltareños, un comité de sabios que sale bien barato y entre cuyos proyectos figura la protección del alcornocal y de los abrigos que desde hace miles de años acogen las pinturas de nuestra Altamira sureña. De los aprovechamientos de la finca pública La Almoraima hablaremos en otra ocasión.

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