Real Balompédica - Sevilla Atlético | La crónica El valor del ADN

Jugadores y aficionados celebran el triunfo de la Balona sobre el Sevilla Atlético

Jugadores y aficionados celebran el triunfo de la Balona sobre el Sevilla Atlético / Erasmo Fenoy

Pues va a ser cuestión de ir buscándole soluciones a lo de la falta de luz artificial en el estadio y además, por la vía de urgencia. Porque esta Balona, tan cuestionada hace poco más de un mes, se hace acreedora por días a una plaza en la Primera RFEF (Liga Pro) que ya divisa sin apenas ponerse de puntillas. Cuatro victorias consecutivas avalan la candidatura, cada vez más firme, de un equipo cuya mayor virtud ha sido saber levantarse justo cuando parecía que había recibido el tiro de gracia. Cuando más solo se quedó ese vestuario al que ahora, así es el fútbol, hay tortas por echarle el brazo por encima.

Los albinegros derrotaron con argumentos y amor propio a un Sevilla Atlético respaldado por sus números y por un infinito talento. Pero no tan grande como para superar el corazón de un bloque que ha desempolvado en el momento justo el ADN de Recia, que, a falta de tres jornadas, disfruta de seis puntos de renta sobre el tercero y que, sin marcarse plazos, tiene la vacante en la categoría de nuevo cuño al alcance mismo de los dedos. Tanto que entran ganas de que ya sea otra vez domingo.

Esta Balona post Clásico es un equipo implicado, solidario, concienciado de que está en deuda consigo mismo y con la grada. Solvente a más no poder. Recio como remarca su DNI.  Se está conduciendo como un equipazo y lo hace como respuesta a su mayor pérdida de crédito. Lo mismo no es una casualidad que una parte de la Preferencia aplaudiese (ojo, en el descanso y con 1-1) a Antonio Calderón. Pero eso, lo mismo. Anda y que deben estar buenos los del aquelarre.

Los resultados de la mañana, con la derrota del Córdoba en Cádiz de por medio, revalorizaban el triunfo en el partido entre los dos primeros. Y la Balona salió a por él. Lejos queda aquel equipo que parecía renunciar a las primeras partes, que maduraba los partidos. La Balompédica fue ante el filial nervionense ambiciosa, voraz desde el pitido inicial.

Como prueba, un cabezazo de Carrasco, enredado con un rival, que puso a prueba a Alfonso Pastor cuando apenas habían transcurrido tres minutos. A los ocho una mano del exbalono Kibamba –que incomprensiblemente el árbitro no pitó- se pudo producir dentro o fuera del área-. Y a los 14 media grada cantó como gol un disparo de Coulibaly desde la frontal del área que en realidad se estrelló en el soporte posterior del marco. Hasta el meta sevillista le echó una mirada que parecía llevar implícito cierto agradecimiento.

Con un Sevilla Atlético incapaz de tenerla, daba la sensación de que era cuestión de tiempo que la Balona encontrase su línea de flotación. Pero enfrente estaba el líder del grupo y a la primera que se asociaron Luismi Cruz, José Ángel Carmona y Juanlu, este último aprovechó un desajuste defensivo para culminar una estupenda contra y poner a los visitantes por delante (0-1).

La Balona y la grada se resintieron. Dudaron los de dentro y los de fuera. Pero ésta ya no es esa Balona pusilánime de la mañana aciaga de Tamaraceite. Poco a poco fue creciendo hasta que a cinco del descanso y después de una recuperación abnegada de Víctor Mena, Iván Martín, que lo peleó todo, dejó un balón muerto en el área y el fútbol le devolvió a Coulibaly el gol que le había arrebatado un rato antes. Uno-uno al descanso.

Nada más volver de la caseta Koroma, que ya había provocado alguna tarjeta, comenzó a hacer de las suyas. Le tuvieron que echar mano desde atrás porque buscaba el área a tumba abierta. Din Alomerovic, que cuajó su mejor partido con la casaca albinegra, convirtió un golpe franco en una obra maestra y puso el balón en la escuadra. Era el 2-1.

Con ventaja, el equipo de casa no se contentó. Iván Martín cabeceó fuera por pulgadas un centro de Chironi que sigue cumpliendo con el compromiso que contrajo en Marbella ante los lectores de este medio de haber vuelto para ser importante. Y en el 67 otra falta a Alhassan Koroma. Esta vez fue Paco Candela el que golpeó. La barrera hizo aguas y el balón se fue al fondo del marco. Era el 3-1.

A partir de ese momento la Balompédica ejerció de equipo con oficio. Empezó a jugar con el reloj, se parapetó atrás para no hacer concesiones y por poco hilvana algún contragolpe para hacer más grande la herida de un rival, ése que acumulaba once semanas sin perder. La grada se rendía en cada cambio, como lo hizo con su nueva estrella, Alhassan Koroma, cuando se pegó una carrera de 40 metros para recuperar un balón. También tienen que estar buscando dónde esconderse los que sostienen que Pandalone y Radicci no hacen más que traer paquetes desde África para engrandecer sus bolsillos. A ver si no cómo se iba a mantener un club al que le cuesta Dios y ayuda vender 800 miserables entradas.

El final fue más propio de un ascenso que de otra cosa. Porque ésa era la sensación que tenían todos. El equipo no quería irse del campo. Ni su gente, de la grada. Pito Camacho, que tiene la blanca y negra metida en la vena, subía a caballito al lesionado Antoñito para que disfrutase de una fiesta de que es tan partícipe como todos y cada uno de sus compañeros. Parece que ya es solo cuestión de tiempo. Al final va a ser cierto aquello de que el cielo de la Primera RFEF podía esperar a esta Balona. Si era para verla llegar a la división de esta manera, igual hasta ha merecido la pena.

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