Marbella FC - Real Balompédica | La crónica El cielo puede esperar

  • La Balona vence en Marbella (1-2) pero la derrota del Algeciras aplaza su ascenso

  • Los linenses juegan una primera media hora inadmisible

  • Las entradas de Chironi, Loren y Pito Camacho catapultan a los albinegros a la remontada

  • Coulibaly logra el tanto del triunfo en el 92

El linense Loren, rodeado de adversarios

El linense Loren, rodeado de adversarios / M.C.I.C.

No hubo éxtasis balono… de momento. El equipo de La Línea cumplió con su parte del pacto: ganar en Marbella. Muy a última hora, después de 30 minutos iniciales inaceptables, pero cumplió. Quedará para la historia, posiblemente para satisfacción de algunos de sus hinchas, que la derrota de su eterno rival, el Algeciras Club de Fútbol, a manos del Sanluqueño aplazó el ascenso de la Balompédica a la Liga Pro, dejando en intrascendente la del Tamaraceite. Aplazó, porque esto no ha terminado. La victoria en Marbella, que deja un sabor agriduclce porque el premio se quedó a una cuarta, no es el fin. Es el principio. El inicio de un segundo recorrido que esa Balona a la que tanto le gusta sortear adversidades para llegar a los objetivos, comienza en una situación privilegiada. Está escrito que el dios del fútbol también escribe derecho con renglones torcidos. Pero también que la Balona sabe cómo enderezarlos.

Del partido en Marbella debería estar permitido destruir para la memoria de los balonos los primeros 30 minutos. No fueron dignos de un equipo que se estuviese jugando un ascenso. Bueno, mejor, no fueron dignos de un equipo al que se conoce por Recia. Aunque hubiese sido un amistoso. Por un lado, que al míster le dio por jugar por cinco atrás cuando solo valía el triunfo (seguramente pensando en lo que había sucedido en la primera vuelta) y por prescindir del pichichi Pito Camacho en una final. Y por otro, que los que estaban sobre el césped salieron con una empanada de cuidado… aquello fue un auténtico desastre. Daban ganar de irse.

A los dos minutos ya estuvo a punto de marcar Juanmi Callejón, pero Nacho Miras hizo un paradón de narices. El mismo Nacho Miras que en el consiguiente córner despejó solo regular, muy al centro, para que Granero, al que Coulibaly parecía querer marcar con la mirada en la zona de rechace, enganchase un disparo propio de un tipo que pasea su currículum. Uno-cero. Y casi al mismo tiempo ya llegaban las noticias desde el Nuevo Mirador de que el Sanluqueño se ponía por delante.

En el seis el equipo de La Línea se dejó ver, con un disparo de delantero-centro de Iván Martín que Alfonso Herrero sacó con el pie. Ahí acabó la aportación ofensiva de los visitantes hasta el descanso. Hasta un intermedio en el que el uno-cero era un magnífico resultado visto lo visto sobre el terreno de juego.

Por medio, un posible (habrá que dejarlo en posible) penalti de Koroma sobre Quezada, un par de manos providenciales de Nacho Miras y un asedio en toda regla a una Balona amorfa, que parecía no ser consciente de lo mucho que se jugaba. Irritante.

En el 36’ Calderón empezó a desenmarañar su idea inicial de juego, que iba camino de estallarle en las manos. La entrada de Chironi cambió el encuentro. El italo-argentino sacó el futbolista inteligente que había mostrado en pretemporada e inició el cambio de rumbo.

Tras el paso por el vestuario le llegaron refuerzos. Loren se hace mayor. En apenas un mes ha pasado de proyecto de futbolista a revulsivo. El canterano salió para jugar con desparpajo, con verticalidad, sin miedo a equivocarse. Él en una banda, Koroma (excelente también) en la otra y el mencionado Chironi se echaron el equipo al hombro y comenzaron a someter al Marbella al mismo hostigamiento que los costasoleños habían protagonizado en la primera mitad. Era una Balona más reconocible. Diríase que más lógica que aquella que corría tras el balón en la primera media hora. Con solo cuatro atrás, como si necesitase vencer a toda costa.

En  el 67’ a Chironi se le quedó enanchada una mini-parábola en el meta local. Fue entonces cuando salió Pito Camacho. A meterle sangre al partido. Era como si hubiese dicho “esperarme que ahora os echo una mano”.

Su entrada se notó. En el 70 Loren estrelló un disparo en el poste cuando ya se había oído empezar a cantar el gol. En el 77’ Antoñito lo intentó desde la frontal pero rozó primero en un defensa y después en el larguero. Y en el 82’ marcó… Pito Camacho.

Era uno de esos partidos en los que el empate ya se antoja la antesala de la remontada. Al Marbella, abucheado por su público, le temblaba todo. Y la Balona a esas alturas ya se había quitado el corsé y, ahora sí, buscaba el triunfo con los ojos inyectados en sangre. Ya sabía que no le iba a valer para ascender, pero lo quería. Y lo consiguió en el 92’ cuando un balón que parecía querer perderse por la línea de fondo lo enganchó Coulibaly y reventó el marco.

Segundos después llegó el final y los aplausos del púbico de casa... al conjunto visitante. No hubo ascenso de la Balona a la Liga Pro. De momento. Pero sí la explosión de júbilo -lo mismo un pelín desmedida, porque no deja de ser una victoria de la segunda fase- de quienes sienten aún la rabia de reivindicarse. Que no la pierdan y la utilicen en las seis semanas que les quedan de competición. Falta va a hacer. Porque el fútbol espera. Sobre todo en esta temporada tan extraña del Covid. Pero no espera eternamente.

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