Un café con Paula

Paula Igartua

Psicóloga

El hábito de alimentación y el hambre emocional

Las emociones y las experiencias crean en la persona un programa mental alimentario Es fundamental conocer nuestro cuerpo y sus señales para sentirse sano

Paula Igartua. Paula Igartua.

Paula Igartua.

A todos nos han dicho alguna vez que comer bien y sentirse sano es un hábito. Dicho así parece un cambio relativamente sencillo y muchos de nosotros nos hemos preguntado en algún momento de nuestra vida porqué fracasamos en el intento.

¿Qué es un hábito? Se trata de una conducta que realizamos sistemáticamente y de manera inconsciente. Cuando hablamos de la comida esto se complica porque es un hábito que adquirimos desde el nacimiento, y durante nuestros primeros años de vida la información que entra al cerebro queda muy grabada de esta forma inconsciente, incluso llegamos a pensar que lo que aprendimos de bebés o de niños es algo innato.

Por otro lado, además de ser un hábito, la comida se utiliza como un medio para regularnos emocionalmente. Esto tiene diferentes orígenes, el primero de todos es la regulación emocional durante la lactancia, uno de los mayores beneficios de la lactancia es el poder generar un apego seguro con el bebé, sin embargo, para ello es necesario saber cuáles son sus necesidades y en muchas ocasiones es difícil distinguirlas y usamos la leche materna para llevar al bebé a la calma de nuevo. A medida que el niño crece se sigue utilizando esta estrategia para calmar emociones negativas en los niños, por ejemplo, para que dejen de llorar les damos chuches o cuando estamos contentos con su comportamiento les compramos ese pastel que tanto le gusta, esto lo que produce a la larga es una asociación emociones-comida muy potente a nivel subconsciente que comienza desde el nacimiento.

También es importante tener en cuenta la desconexión que en muchas ocasiones tenemos con nuestro cuerpo. Muchas veces en consulta hablo de la capacidad innata que tenemos de saber cuándo nuestra vejiga está llena y queremos orinar, si no tenemos ganas de ir al baño, no vamos, y así debería funcionar el estómago, como otro órgano más, solo comer cuando tengo hambre física, y nada más. Poder conocer y distinguir la sensación de hambre en el estómago es fundamental e innato, como orinar, no obstante en esta sociedad consumista y rápida vamos perdiendo esta habilidad durante nuestro desarrollo, además es importante señalar que venimos de una época de hambrunas y que nuestras abuelas que la sufrieron siempre nos han querido cuidar y querer a través de la comida, haciéndote ese plato que te gusta o poniéndote el plato a rebosar, esto hace que asociemos también la comida a sentirnos queridos y atendidos.

Para terminar de entender por qué existe esta desconexión con el cuerpo piensa, seguro que has visto a un niño acercándose a la mesa cuando quiere comer, dar tres pinchadas y decir que ya no tiene más hambre volviendo a su trabajo, jugar. Esto pasa porque es consciente de la capacidad de su estómago y sus señales. A medida que el niño crece les insistimos en que tienen que comer todo lo que hay en el plato, probarlo todo e incluso se les obliga a comer, ¿Quién no se ha visto cuchara avioncito en mano insistiendo a un niño con su boquita sellada haciendo chantaje emocional? "Esta por el abuelo, solo una más sino no puedes bañarte, jugar, o no habrá postre".

Todo este entramado de emociones y experiencias crea lo que llamamos un programa mental alimentario. Conocer este programa es primordial para conseguir eso que decíamos al principio que parece tan sencillo, hacer un cambio de hábitos real y duradero. También que aprendamos a conocer nuestro cuerpo, sus señales. Este es el problema de las dietas para muchas personas, que el cambio de hábitos se vuelve muy complicado y al final se vuelve a los antiguos porque no se ha trabajado ese programa mental que está tan asentado.

Por todo ello, las terapias psicológicas de pérdida de peso tienen grandes resultados a largo plazo, ayudan a que la pérdida sea natural y sin sufrimiento, esto no quiere decir que no sea necesario el esfuerzo, la motivación y la implicación en el proceso de pérdida.

No necesitamos vivir a dieta constantemente para cambiar nuestro cuerpo, necesitamos cambiar nuestra mente para estar a gusto en él, será entonces cuando alcancemos nuestros objetivos tanto en la pérdida de peso como en la vida. Descubriremos una manera sana de convivir con la comida, alimentando el cuerpo y nutriendo la mente.

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