En tránsito

Un año después

Hace un año, el mundo vivía un periodo de relativa tranquilidad. Pero ese mundo tranquilo se ha esfumado por completo

He aquí un repaso a las noticias que llenaban los informativos hace exactamente un año (no incluyo los titulares sobre los premios de la lotería). Alejandro Sanz, después de participar en la Cumbre del Clima, se comprometía a reducir al máximo su "huella de carbono". ERC decidía en una reunión su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez. El Ministerio de Hacienda anunciaba que el déficit público había crecido en un 14,6%. Un informe proclamaba que la baja natalidad debería ser cuestión de Estado. Se barajaba el fichaje de Willian José en el mercado de invierno por 70 millones de euros. En el exterior, Donald Trump amenazaba a Kim Jong-un por un lanzamiento de misiles en Corea del Norte. En Brasil, la explotación de la Amazonia enfrentaba al papa Francisco con Bolsonaro. En Londres, la BBC se planteaba limitar el uso de Twitter por parte de sus periodistas.

Eso era todo. El mundo, dentro de lo que cabe, vivía un periodo de relativa tranquilidad. Los problemas candentes podían esperar porque en el fondo no parecían tan candentes. La economía iba razonablemente bien. La gente confiaba en que su vida iba a mejorar o al menos discurrir sin grandes problemas. Y todo el mundo se disponía a celebrar las vacaciones de Navidad de la mejor manera posible. Millones de personas habían hecho sus planes para viajar a ver a su familia o para hacer turismo o para organizar una fiesta en algún sitio. La gente colgaba en Instagram sus compras de Navidad. Los políticos se las prometían más o menos felices: todo estaba en orden, o al menos razonablemente controlado.

Ese mundo tranquilo y seguro se esfumó en menos de dos meses. Y ahora mismo, cientos de policías están intentando evitar, en Inglaterra, la huida de miles y miles de ciudadanos desesperados. En el resto de Europa, la Bolsa se ha derrumbado a causa de la aparición de una nueva cepa del Covid. La euforia por la aparición de las vacunas se ha disipado. Millones de personas temen por sus empleos (si es que no los han perdido ya). Y no hay un solo gobierno en toda Europa que ahora mismo esté seguro. Si se celebraran elecciones, es posible que todos cayeran a la vez, tanta es la rabia y la incertidumbre que se ha apoderado de nosotros. Pero justo ahora, cuando apenas hay motivos para ser optimistas, es más importante que nunca sentir un atisbo de esperanza. Feliz Navidad.

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