Campo chico

Alberto Pérez de Vargas

Tosantos o Halloween, es lo mismo

Los neologismos son frutos del habla, de los tiempos y de las costumbres Los Tosantos, Halloween en lengua inglesa, tiene unos dos mil quinientos años más que Estados Unidos

Uno de los caprichos de Goya Uno de los caprichos de Goya

Uno de los caprichos de Goya

No por repetir lo que conviene saber, debe uno ser señalado; pues si así fuera, los docentes seríamos objetos de críticas feroces; nos pasamos la vida repitiendo; si bien, a cambio, apenas si se nos hace caso. No todos somos sabios, aunque haberlo haylos en el gremio, pero yo creo que todos procuramos trasmitir lo que tenemos por cierto, con la mayor objetividad. Cabe el error, desde luego, pero me cuesta creer que exista un solo docente que habiéndolo advertido no rectifique ante quienes han sido víctimas de ese error. Con esta premisa, voy a volver sobre un asunto al que me he referido en un par de ocasiones, es el momento de hacerlo. Me refiero, con la tristeza y la nostalgia que nos llega en el día de hoy, al Halloween. Muchas incógnitas quedarán despejadas cuando aclare que la palabrita es una contracción de la frase inglesa All hallow's eve; es decir, "víspera de todos los santos". Como lo es chingua, que siendo una palabra que significa “trenza de pelo” (véase el diccionario), para los del sur del sur significa chicle, de chewing gum.

No hay que espantarse ante los neologismos ni pelear contra las intromisiones lingüísticas: son frutos del habla, de los tiempos y de las costumbres. Como la mismísima lengua. Un vistazo a un texto del castellano medieval no nos resultaría fácil de leer; de hecho, los medievalistas se ocupan de “traducir” esos textos al español de hoy, que no debiera llamarse castellano porque ya es otra cosa. El italiano actual es, sin ir más lejos, originario de Toscana, y si los italianos hubieran procedido como hicimos aquí cuando los padres de la Constitución de 1978, andaban redactando la ley de leyes, ellos dirían que su lengua es el toscano y no el italiano, pues aquel es a este lo que el castellano al español. Precisamente, la Divina Comedia fue la primera gran obra europea que se escribió en toscano cuando esta lengua era tenida por una vulgaridad frente a la universalidad del latín.

Me cuenta Cristina, mi mujer, que estudió primaria y secundaria en el prestigioso Liceo Italiano de Madrid, que la Divina Comedia era leída detalladamente y estudiada a lo largo de tres años. A mí, personalmente, me tocó Os Luisíadas, cuando en los primeros años del curso preuniversitario, que yo cursé en el muy querido Instituto de Algeciras, se señalaba una obra para ser estudiada exhaustivamente. Siempre he acudido a estas dos grandes creaciones de la literatura universal, cuando me han dado pie para ello. Me gusta aludir a Dante Alighieri (Florencia, 1265-1321) cuando alguien percibe mi acento andaluz y me lo advierte. Él escribió a lo largo de más de tres lustros (1304-1321) su Comedia, que su compatriota, Giovanni Boccaccio, apellidó Divina; y lo hizo en toscano cuando la lengua culta era el latín y cualquiera que quisiera animar la proyección de su obra, tenía que pensar en ello. El latín era, en ese tiempo, la lengua de las universidades, la lengua universal de la creación científica y literaria, y alguien le advirtió al Dante que era una pena que escribiera en toscano, a lo que el poeta contestó: “Es que aquí hablo de lo mío”. Es lo que yo contesto cuando se alude a mi acento: es que estoy hablando de lo mío, en tono de reafirmación de aquello a lo que pertenezco.

Os Luisíadas de Luis Vaz de Camoens (Lisboa, 1524-1580), escrita en portugués y maravillosamente traducida al español por el gran poeta y ensayista sevillano Aquilino Duque, es, como la llama Luis Alberto de Cuenca, la epopeya de la Humanidad. “De los Hados oyó que llegaría/ Una gente fortísima de España”, escribe el poeta en su monumental poema, compartible por Portugal y España, como la península; que la Hispania romana o la Iberia griega es toda ella lo mismo: España. A esa íntima unión me refiero a veces, recordando que Ceuta fue una conquista portuguesa, en los últimos días de agosto de 1415, si bien se señala el día 21, que es la fecha más probable de la consolidación de la conquista. Los historiadores la sitúan en el comienzo de los grandes viajes atlánticos de España y Portugal, los países adelantados en la incorporación de otras tierras a la civilización occidental. Precisamente, el legendario marino portugués Enrique el Navegante participó activamente en la conquista y sería él quien regalara a la ciudad la imagen de la Virgen que se veneraría en lo sucesivo como la Virgen de África. El escudo de Ceuta lleva las armas del de Portugal y la llamada bandera de San Vicente, jironada de blanco y negro, es el paño de las banderas de Ceuta y de Lisboa. Después, en 1640, cuando la península se escinde en dos Estados, Ceuta decide quedarse en España.

El Halloween es una celebración de origen celta; tribus centroeuropeas que extendieron su influencia hacia oriente y occidente, impregnando las islas británicas, la Galia y algo más de la mitad oeste de Iberia a lo largo de algo más del milenio que precedió al comienzo de nuestra era. Más que religioso era un acontecimiento estacional; según los entendidos, el Samhain –su denominación en la lengua que hablaban los celtas– aludía al fin del verano. Los Tosantos, que decimos en nuestro sur, no es más que una conmemoración heredera del Samhain, hoy llamado Halloween en lengua inglesa, y tiene por lo tanto unos dos mil quinientos años más que Estados Unidos. Y ya se celebraba en España quinientos años antes del nacimiento de Jesús de Nazaret. El último día de octubre era el fin de año celta; se anunciaba la llegada de la oscuridad, la marcha de la luz, y se recordaba a los seres queridos que ya no estaban. Galaicos, astures, cántabros y lusitanos, entre otros, fueron pueblos resultantes de la fusión de celtas e íberos, habitantes autóctonos de la península, a los que la historia les llama celtíberos. El ahuecado de calabazas, es muy habitual en Galicia por estas fechas y desde tiempos ancestrales. La fiesta de la calabaza se tiene allá muy pomposamente, particularmente en Cedeira, al norte, muy cerca ya de Asturias. Los irlandeses que emigraron masivamente a Estados Unidos a lo largo de los siglos XVIII y XIX, llevaron con ellos sus tradiciones y, en poco tiempo, éstas se generalizaron.

Hay, no obstante, una misteriosa leyenda para justificar toda la parafernalia del Halloween; fiesta de origen europeo y no americano como, por lo general, se cree, e incluso puede decirse que española, si bien han sido los irlandeses sus portadores. Según la leyenda, Stingy Jack, un herrero malintencionado y borracho, engañó varias veces al diablo que estaba empeñado en llevarse su alma. En una de ellas, el astuto Jack propuso al diablo que se convirtiera en monedas para poder proporcionarse un último trago. Entonces las guardó junto a una cruz de plata que impediría al diablo volver a su estado original. Luego le devolvió la libertad a cambio de que lo dejara en paz. Tan mal trató al diablo y le engañó tantas veces que cuando murió ni Dios ni el diablo querían admitirle, por lo cual está vagando sin rumbo ni cobijo desde entonces. Cuentan que el diablo, en la última entrevista le dio una brasa ardiendo, que Jack colocó en el interior de una calabaza para alumbrarse en su interminable caminar por la eternidad.

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