En tránsito

Reforma educativa

El sistema educativo actual condena a nuestros alumnos a ser las víctimas inocentes de un mercado global despiadado

Se dice que las reformas educativas de estos últimos años forman parte de un proyecto maléfico que pretende convertir a nuestros estudiantes en borregos que sigan todas las normas impuestas por el pensamiento mágico de la izquierda (en especial, el odio a la iniciativa individual y el desprecio por los conocimientos objetivos). Puede que haya algo de esto, pero las cosas no son así. Para que haya un proyecto educativo -benéfico o maléfico-, tiene que haber una inteligencia estratégica que piense a largo plazo, como hacen los chinos o los coreanos. Y nada de eso es verdad. En España -país famoso por el buen clima, el humor afable y el inusitado bienestar de sus ciudadanos-, no existe nada equiparable a una inteligencia estratégica. Aquí todo se improvisa en función de las necesidades propagandísticas y de la urgencia de ganar las próximas elecciones. Y todo lo demás, digan lo que digan, es mentira.

Desde hace años, todas las reformas educativas se han fundado en la irrealidad pura y dura; es decir, en la ideología y en el desprecio a los conocimientos objetivos. Se ha desterrado la lectura comprensiva -que es la base de todo proyecto educativo eficaz- y se ha abandonado el esfuerzo intelectual y la formación basada en los conocimientos evaluables. Eso es todo. Intenten averiguar cuántos ingenieros, médicos, arquitectos o biólogos han intervenido en la elaboración de estos planes de estudio. ¿Les avanzo la respuesta? Ninguno. ¿Por qué? Porque los ingenieros y los biólogos trabajan con conocimientos evaluables, y esos conocimientos no interesan a nuestros expertos educativos, que son gente que vive encerrada en una burbuja de abstracciones que no tienen ninguna base real. Nuestros expertos pretenden que los alumnos sean felices, igualitarios, equitativos e inclusivos. Vale, muy bien. Pero si no les enseñamos conocimientos prácticos a nuestros estudiantes ni les ayudamos a desarrollar la iniciativa, se convertirán en carne de cañón que va a ser explotada sin contemplaciones en un mercado laboral que no tendrá piedad de nadie.

El sistema educativo actual condena a nuestros alumnos a ser las víctimas inocentes de un mercado global despiadado. Sería bueno conocer los nombres de los expertos, los pedagogos, los asesores y los psicólogos que han perpetrado este disparate.

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