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Inconcebible

Lo único que cuenta en el debate político es crear excusas absurdas para distraer la atención de lo importante

Es desolador. Un informe del Tribunal de Cuentas demuestra que la Seguridad Social está prácticamente en quiebra -"si fuera una empresa privada, habría tenido que cerrar", decía el informe-, además de que se han perdido 9.000 millones de euros de dinero público en contabilidad defectuosa o en cálculos erróneos. Y esto ocurre al mismo tiempo que millones de personas se han quedado sin trabajo y mucha gente que necesita cobrar una ayuda pública no puede hacerlo (por burocracia o por lentitud o por pésima planificación). Y mientras tanto, las cadenas de televisión se dedican a azuzar el odio al adversario usando como excusa el ático de Ayuso o las caceroladas que incumplen la normativa de seguridad o cualquier acusación estúpida que pueda embarrar la reputación del oponente. Da igual lo que sea. Lo único que cuenta es crear excusas absurdas para distraer la atención de lo que resulta verdaderamente importante.

El otro día, una profesora de universidad se quejaba en Twitter porque las señales de los cruces de peatones excluían a las mujeres. "Las mujeres no pueden cruzar la calle", decía escandalizada la buena mujer -¡profesora universitaria!-, y todo porque la señal representaba una silueta vagamente masculina, de modo que era una prueba evidente de discriminación hacia las mujeres. Por lo visto, una profesora universitaria de un país altamente desarrollado todavía no ha oído hablar del carácter simbólico de las señales de tráfico. Que se vayan a paseo todas las escuelas lingüísticas del siglo XX.

Y todo esto, repito, está ocurriendo en un país que se enfrenta a una hecatombe económica y social sin precedentes. Si algún día se pudiera hacer un análisis del comportamiento de todo ese complejo político-mediático-intelectual que forman los asesores políticos, las cúpulas de los partidos, los politólogos, los expertos universitarios y los periodistas de las tertulias televisivas, habría que concluir que son uno de los grupos de poder más estúpidos del mundo. Y no sólo estúpidos, sino histéricos, irresponsables y tóxicos.

Nuestra situación es tan difícil que habría que discutir con sosiego y frialdad todas las medidas que habrá que tomar para salir de esta crisis de la forma menos dañina posible para la mayoría de la población. Por supuesto, estamos haciendo justo lo contrario.

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