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Cambio de sentido

No es tan fácil ser verde

Los hoteles y ciertas marcas interpelan a nuestra conciencia ecológica para ahorrar gastos y ganar dinero

Imagine cuántas toneladas de toallas se lavan cada día en los hoteles del mundo y la cantidad de detergentes volcados al medioambiente. USTED DECIDE. Arroje la toalla al suelo si blablablá…", leo en el cartelito, y me sonrío por no llorar. El hotel que me han reservado desde el trabajo es el colmo del despilfarro (¿cuánta energía se necesita para mantenerlo tan fresco?, ¿cuántos kilos de comida, dejada en el plato por huéspedes ahítos, tira al día?) y, sin embargo, el cartel sobre el lavabo me apunta a mí con el dedo mientras hago el gesto, tan simbólico, de lavarme las manos. Mi toalla tiene marcas negras del rímel de anoche, y ahora, además, la mancha del pecado medioambiental que acabo de cometer, según este hotel, al dejarla en el suelo. Ellos emplean el verbo "arrojar", "arrojar al suelo", que lleva implícito un desprecio. Ya vendrá después la kelly a prosternarse y recogerla.

Entro en Twitter distraídamente, en la cola de embarque del vuelo de regreso, como hábito que confirma la pantallización (electa) de mi tiempo. Me sale de súbito, sin que yo siga esa cuenta, un tuit de H&M: "La nueva colección HMConscious de otoño está fabricada a partir de botellas de plástico PET recicladas y otros materiales de bajo impacto ambiental". En esta ocasión, la estrategia de endosarme mi ecotasa de culpa va a la inversa. Si antes un hotel me culpaba para ahorrarse gastos, ahora un gigante de la moda me invita a vestir con conciencia ecológica para obtener beneficios.

Podría seguir poniendo ejemplos hasta el día del Corpus: embutidos veganos a precios de retinto, petados de potenciadores del sabor y envueltos en mil plásticos -eso sí, la bolsa que te dan en caja te la van a cobrar-; tiendas New Age que venden chorradas prescindibles (una taza más) que llevan impresa una frase que recomienda no llenar nuestra vida de chorradas prescindibles… Cuando la conciencia ecológica o el feminismo o la poesía o cualquier elemento crítico y desestabilizador de la realidad es absorbido -previamente descafeinado y empaquetado- y convertido en trending topic y negocio, es momento de gritar que no sólo el rey, también su corte de antagonistas falsos, van desnudos. Cantaba la rana Gustavo -los de mi quinta lo recordarán- una canción para raros que decía "no es tan fácil ser verde". Ser verde es mucho más difícil que engullir chorizos veganos, vestir faldas de plástico reciclado y no tirar la toalla, tan llena de rímel, de noche y de hartazgo.

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