Crónica Personal

Esto se arregla con un telefonazo

Las peleas entre familiares, amigos, entre los que más se quieren, son siempre difíciles de resolver y el desgaste es brutal. Pero hay que ser valientes y tomar decisiones, tragarse egos, olvidar afrentas y sentar las bases para, al menos, tratar de arreglar los asuntos pendientes. La única manera que tiene hoy Pablo Casado de apagar el incendio de Madrid es coger un teléfono, llamar a Isabel Ayuso y a José Luis Martínez- Almeida y que se reúnan los tres para analizar lo que les une y lo que les desune, antes de que la cosa se enquiste de tal manera que salte el partido por los aires.

Ayuso pecó de vanidad al anunciar su intención de ser la presidencia regional del partido sin hablarlo previamente con el presidente y el secretario general; Pablo Casado pecó de autoritarismo al declarar públicamente que había más candidatos posibles además de Ayuso y señalando al alcalde, dando a entender que no aceptaba que nadie de su partido anuncie decisiones sin consultarlas previamente con él y con Teodoro García Egea, que son los que mandan. Y el alcalde Almeida pecó de ingenuidad al dejarse querer por el presidente del partido y meterse en un lío en el que nunca debió entrar y además no quería entrar.

Es impensable que García Egea pueda meter baza en la pelea. Su relación con Ayuso es muy distante, prebélica con su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, y ninguno de los tres está hoy capacitado para cambiar impresiones serenamente. Sólo Pablo Casado puede convocar a Almeida y Ayuso a su despacho y decirles que no se van de allí hasta llegar a un acuerdo para acabar con esta guerra absurda, en la que todos, incluido Casado, han antepuesto sus intereses personales a los intereses del partido.

Ayuso tiene razones poderosas para defender su posición, todos los presidentes de gobierno regional son presidentes del partido; pero quizá debió plantear el asunto sin necesidad del alarde de que pasaba olímpicamente de Egea. Almeida no debió sumarse nunca a una pelea que no era suya. Casado por su parte cometió un inmenso error al colocarse abiertamente al lado de García Egea cuando es voz populi la animadversión que siente hacia la presidenta madrileña.

Ayer, Ayuso y Almeida coincidieron en la misa de La Almudena y se saludarobn con aparente afecto. Por ahí se empieza. Pero no hay nada que hacer si Pablo Casado no se moja. No es tan difícil dar con la tecla adecuada, telefonazo y reunión a tres. Cuanto más tarde en hacer esas llamadas, cuanto más se pudran las relaciones, más complicado será apaciguar las tensiones. Y más razones dará a quienes dicen que Pablo Casado no es el buen patrón que necesita un gran partido.

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