Por montera

Pobre no, ultrapobre

Era una tarde de agosto de 2015 cuando Anowara se ilusionó por primera vez con abandonar su mísera vida

La voz emitida a través de un megáfono que recorría la pobre aldea de Kutirchar, en Bangladesh, hizo que la siguiera como si un dios la llamara a la salvación: "Aquellas mujeres que estén separadas, viudas, que hayan sido abandonadas o tengan maridos incapacitados, que se reúnan con nosotros". Era una tarde de agosto de 2015 cuando Anowara se ilusionó por primera vez, a sus 21 años, para poder abandonar su mísera vida. Las personas del Fondo de Desarrollo Sostenible, liderado por Naciones Unidas, habían creado el Swapno, un programa para fortalecer las capacidades de las mujeres aprovechando nuevas oportunidades productivas. Anowara preguntó qué era eso y le explicaron que el equipo de personas de la ONU había llegado a ese terreno para erradicar la ultrapobreza creando empleos públicos, potenciar su talento, enseñarles a ser independientes, autosuficientes y capacitándolas para tener su propio negocio.

Con el bebé de nueve meses pegado a su espalda aprendió rápidamente. Ese mismo mes de agosto ya tenía trabajo en el sector público. Con sus primeras ganancias compró 20 aves para su corral. Ya tenía huevos para consumir y vender. Tres cabras de las que, además de poder tomar leche a diario, también hacía queso para su venta. En diciembre Anowara pudo abrir su cuenta corriente en la que ingresó unos 300 euros para que le fueran generando intereses con los que pudo comprar un terreno y convertirse en una ciudadana con plenos derechos. Anowara ha conseguido una vida digna gracias al altavoz del Fondo de Naciones Unidas para la ODS al lado del popular "río de la leche", el río Dudhkumar. Ha sobrevivido a la muerte de su madre cuando ella tenía 7 años, al fallecimiento de su padre cuando acababa de cumplir 9 y a tener que buscarse, sola, la vida por las tierras de Dhaka. Sonríe, incluso frente al recuerdo de haber superado la violación de varios criminales que la vieron perdida una noche cuando intentaba llegar a la capital. Siente orgullo por haber tenido la fuerza de abandonar a su marido maltratador. Anowara bendice esas aguas del río por ese buen jornalero quien les dio cobijo y un puñado de arroz cuando por las noches sus llantos lo despertaban. Era unas marginadas, desnutridas y sin esperanza, como 65.000 ultrapobres que en 2019 serán ciudadanos dignos gracias a este proyecto del Fondo ODS.

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