La esfera armilar

Misterios estructurales

Carece de sentido que se boicotee la existencia de una comunicación fluida entre las dos bahías

Hay misterios auspiciados por una mano negra, que sobreviven a todos los vientos, no obstante atentar contra la inteligencia. Se constituyen en alimentos del victimismo y de la aparición de salvadores de la patria y de la humanidad entera. Estos pagos adentrados en el mar entre dos aguas, sufren la permanencia hostil de dos de esos misterios. La más que torpe comunicación por ferrocarril hacia el interior -lo fue largo tiempo también, por carretera- y la terrible amenaza que pesa gravemente sobre los que osan dirigirse en vehículo propio y por carretera, hacia Cádiz ¡la capital! bordeando la costa por Tarifa y Vejer. Hay pocas primaveras, y pocos veranos, otoños e inviernos, en que no se cuenten vidas frustradas o perturbadas para siempre en esa, sin embargo, bellísima travesía de Algeciras a Tarifa. Especialmente en los fines de semana de playas y cuando las fiestas tarifeñas afloran.

Me consta que el proyecto de desdoblamiento del tramo inerte que une Algeciras con Vejer espera con paciencia infinita que lo saquen del cajón y lo pongan en la mesa, pero ahí sigue, callado y con orden de silencio administrativo y periodístico. No faltan veedores que ven en la mano negra tonos gaditas, sobre todo los que alimentan el referido victimismo. Pero la verdad es que carece de sentido que se boicotee la existencia de una comunicación fluida entre las dos bahías. Menos aún si se tiene en cuenta la marginación generada al oeste, por la magnífica autovía interior que enlaza Algeciras con Jerez. Pero puestos a nutrir al esperpento, no hay más que fijarse, para animarlo, en que la Zona Franca de Cádiz es la que opera el depósito franco -sólo depósito- del Puerto de Algeciras.

Del tren, para qué contar. Llegó -y ahí sigue desafiando al tiempo con algunos parches y remiendos- gracias a que a los ingleses les interesaba tener fácil acceso a su colonia. El nombre de la empresa que construyó la línea del ferrocarril Bobadilla-Algeciras ya lo cantaba: The Algeciras-Gibraltar Railway Co, constituida en Londres el 14 de junio de 1888. La empresa concesionaria fue la londinense Greenwoody Co, que transfirió a aquella en 1893 los derechos. Una magnífica operación que se llevó a cabo siendo presidente del consejo de administración de la compañía el gaditano Emilio Castelar Ripoll, que había sido presidente de la (Primera) República veinte años antes. Es como si -póngase gesto de tango- cien años no fueran nada.

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