Crónicas Levantistas

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Entierro al otro lado de la muga

En España se entierra muy bien, como dijo Rubalcaba, pero en esta ocasión, Valery, no hay motivos para ello

Ha muerto Valery Giscard D'Estaing, presidente de Francia durante el septenio 1974-1981, un mal de amigo de España, como lo ha definido Pilar Cernuda en estas mismas páginas. Fue peor. Una de las causas de la larga vida de ETA se debió a la existencia del santuario francés. Se mataba a un policía o a un guardia civil en el País Vasco, y por la tarde estabas en San Juan de Luz comiendo mejillones, cruzar la muga era fácil y vivir en Francia, una alegría. ETA contó al otro lado de los Pirineos con su residencia, sus campos de entrenamiento y su red de extorsión, porque para pagar el mal llamado impuesto revolucionario había que cruzar. De nada valieron las intervenciones de Adolfo Suárez ni del rey Juan Carlos, Giscard dejó estar a ETA. Cuando el país vecino giró hacia la colaboración policial y judicial con España, ETA comenzó a morir, y en 1986, en Sokoa, se encontró la wikipedia de la banda.

En 1978, tal como relata Leopoldo Calvo Sotelo en sus memorias, se invitó al presidente francés a España, para lo que hubo que concederle el Toisón de Oro y abrirle la Puerta de los Leones del Congreso. Y no bastó: Giscard vetó la entrada de España en el Mercado Común, mientras adornaba de naranjas y fresas españolas el asfalto de las fronteras. Hasta Sarkozy, España no ha tenido mucha suerte con los presidentes conservadores de la Galia. Chirac despreciaba a España y aprovechaba las cenas en el Elíseo con presidentes de países hispanoamericanos para hablar mal de la colonización del continente. De postre había leyenda negra.

A Miterrand, que tampoco es que nos tuviera mucho cariño y se consideraba tan emperador como D'Estaing, lo tuvo que convencer Felipe González con el listado de los nombres de las personas asesinadas por ETA. Que el GAL escogiese a Francia para matar y secuestrar no sólo se debe a que era allí donde vivían los etarras, también se le trasladaba un gran problema a las autoridades francesas.

ETA duró tanto tiempo por Francia y por dos factores más. Uno es el apoyo que contó con una parte de los vascos, respaldo que se tornó un miedo silencioso después y, por último, en estallido de protesta. El otro fue el acomodo ideológico que, como fuerza revolucionaria, encontró en países del ámbito comunista, casi todos los países de la Europa occidental padecieron estos grupos a finales del siglo XX. El nuestro fue el último.

Como decía Rubalcaba, y fue su augurio personal, en España se entierra muy bien, pero en esta ocasión, Valery, no hay motivos para ello.

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