Recordando a Mercedes Morillo

El fallecimiento, a mediados del pasado mes de noviembre, de esa gran mujer que fue Mercedes Morillo, la propietaria de La Alicantina, de Algeciras, causó la natural consternación en la ciudad y, más si cabe, entre los que la conocimos, tuvimos el placer ocasional de hablar con ella y fuimos testigos del proceso que convirtió su empresa en un lugar de referencia en toda la comarca.

No sólo por su personalidad y la calidad de los productos que comercializaba, sino también por su actitud; había logrado un perfecto equilibrio entre su atractivo personal, su simpatía y su seriedad. Yo tenía una silenciosa admiración por ella y me gustaba escuchar su acento sevillano que era, para un adolescente algecireño de aquellos primeros años en la Plaza Alta, toda una grata novedad. La suavidad de sus eses sonaba bonito entre nuestro ceceo de aquellos tiempos.

Un comentario de Juan Manuel Dicenta, recogido en la web de la Cadena SER, el día 17 de noviembre, inmediatamente después del óbito, se acompañaba de una vieja fotografía en la que una joven despachaba en el quiosco que tuvo la empresa de Mercedes en la Plaza Alta. La muchacha de la fotografía, no es ella sino Nieves, hija de Domingo, el maestro barbero que regentó la barbería de la entonces calle de José Antonio (hoy Radio Algeciras), en cuyo lugar se construiría el edificio Los Gálvez, que albergó a la primera Redacción de Europa Sur.

El quiosco que fue sede de La Alicantina en la Plaza Alta, es el precedente del actual quiosco de prensa de Rosa Moreno Beneroso, otra mujer empresaria a la que admirar. Yo era uno de esos muchachos que rondaba el quiosco con la intención de estar cerca de Nieves. La encargada, creo recordar que se llama Juani, era una persona encantadora. Con ella se casaría Manolo Martín, el inolvidable y querido fotógrafo de Europa Sur, ya desaparecido.

Quiero aprovechar la ocasión para decir que el cortijo (hoy Plaza Alta y aledaños) donde se asentaron los primeros algecireños en 1704, fue de los Gálvez bastantes años después. Entonces era propiedad de Bartolomé Luis Varela, regidor de Gibraltar y uno de los firmantes de las capitulaciones ante la escuadra anglo-holandesa que defendía los intereses del archiduque Carlos, aspirante al trono de España. Su hijo, Francisco José, era entonces el capellán de la capilla de Europa. Debe decirse pues, el cortijo de los Varela y no de los Gálvez cuando se señala el territorio donde se produjo el comienzo del repoblamiento de Algeciras.

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