Análisis

Fernando Faces

El Gobierno de la desconfianza

Ayer fue un día histórico. La investidura de Pedro Sánchez nos trae el primer Gobierno de coalición desde la Segunda República. Un Gobierno débil, inestable, cuyo presidente ha sido investido con la votación más ajustada de la democracia. Un Gobierno en manos de los independentistas, que condicionarán la gobernabilidad de España. En su discurso ante el congreso la diputada de ERC Montserrat Bassa afirmaba : "Me importa un comino la gobernabilidad de España". El Congreso ha otorgado a Pedro Sánchez su confianza, pero no tiene la confianza real de todos los diputados. Pablo Iglesias desconfía, y es el principal argumento para exigir su participación en el Gobierno. El diputado de ERC Gabriel Rufián desconfía y amenaza a Pedro Sánchez: "Sin mesa de negociación, no hay legislatura". Cuando se confía no se amenaza. Será una legislatura difícil, crispada, vigilada y probablemente corta. El bronco debate en el Congreso es el espejo de lo que será la legislatura. El fantasma de las dos Españas reaparece. No era el único Gobierno posible. No ha habido ningún deseo de explorar la posibilidad de un Gobierno entre los partidos constitucionalistas. Hemos transitado desde un escenario con dos grandes partidos constitucionalistas a otro con dos bloques radicales, de derecha e izquierda, extremadamente fragmentados, con la gobernabilidad condicionada a los independentistas. No es cierto que es lo que querían los ciudadanos, fueron engañados. Ellos quieren gobiernos estables y honestos con capacidad de mejorar sus condiciones de vida. Es responsabilidad de los políticos configurar un gobierno adecuado a sus necesidades.

Vivimos tiempos de grandes transformaciones políticas, sociales y tecnológicas. Adaptarse a este mundo en transformación exige profundas reformas económicas, sociales e institucionales. España abandona las reformas y opta por la ruptura radical. No es el mejor momento para este experimento. La economía ha iniciado un ciclo desaceleración intensa. La creación de empleo se debilita. Los avances en el Brexit y la guerra arancelaria, se ven compensados por las recientes tensiones en Irán y el rebote del precio del petróleo. En el mejor de los escenarios geopolíticos la previsión para los dos próximos años es de un crecimiento entre el 1,7 y el 1,5%, con débil crecimiento del empleo. Para que no derive en recesión es necesario un Gobierno que de confianza con políticas económicas y sociales compatibles y adecuadas. No es el caso del programa recogido en el acuerdo. La primera prueba será la elaboración de los Presupuestos para 2020, y compatibilizar el crecimiento con los objetivos de déficit y deuda pública que nos exige Bruselas. El programa económico PSOE-UP implica un aumento del gasto de 35.000 millones de euros, alejándonos de la estabilidad presupuestaria. El clima de crispación dificultará la aprobación de los Presupuestos. En el caso de que se consiga será difícil que los acepte Bruselas. Por otra parte se deben de acometer las reformas estructurales orientadas a la mejora de la productividad, así como todas aquellas precisas para la mejora y sostenibilidad de bienestar. Hacer compatible la agenda social con el crecimiento económico, la creación de empleo y la estabilidad financiera debe de ser el objetivo del nuevo Gobierno. El camino de las utopías inalcanzables sólo nos puede llevar a una nueva recesión.

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