Juicio por la 'casa de los horrores' de Chiclana "Era una especie de cárcel en la que solo nos daban de comer pan"

  • El instructor del caso afirma que los ancianos que estaban bajo el cuidado de los acusados no los autorizaron para que gestionaran sus cuentas.

  • El procesado Markus. A. se acoge a su derecho a no declarar mientras que la otra encausada, Estrella M., manifiesta que atendía a todas las necesidades de los mayores a su cargo

Estrella M., una de las acusadas por la 'casa de los horrores' de Chiclana. Estrella M., una de las acusadas por la 'casa de los horrores' de Chiclana.

Estrella M., una de las acusadas por la 'casa de los horrores' de Chiclana. / Jesús Marín.

El juicio por el caso conocido como la 'casa de los horrores' de Chiclana, en la que una pareja alemano-cubana está acusada de maltratar a los ancianos a los que cuidaban al mismo tiempo que les vaciaban las cuentas corrientes,  ha comenzado este lunes en la Audiencia Provincial de Cádiz con la única declaración de la procesada, Estrella M., pues el otro encausado, Markus. A., se ha acogido a su derecho a guardar silencio

En respuestas a las preguntas de su abogado, las únicas que ha contestado, Estrella ha manifestado que tenía una larga experiencia en el cuidado de ancianos, una labor que desempeñó primero en un geriátrico en Tenerife y después en un chalet en Chiclana, por cuenta propia, con la ayuda de Markus. Así, explicó, se trajo de la isla canaria a dos residentes, Elisabeth y Silvestre, y, un tiempo después, a otra anciana viuda y sin hijos, María Babes, de 101 años

En el chalet, precisó la acusada, había una vivienda principal y varios apartamentos pequeños donde se alojaban los mayores, quienes sufrían diferentes patologías impeditivas. "Yo los alimentaba, los aseaba, les cambiaba los pañales, les daba sus medicinas... Ellos estaban muy contentos en Chiclana", aseveró. "A cambio de su manutención, ellos me pagaban entre 1.100 y 1.200 euros al mes de sus pensiones".

Respecto a si estaba autorizada o no a gestionar las cuentas corrientes de los ancianos, Estrella señaló que Elisabeth le otorgó un poder en el año 2012 pero que no hizo uso del mismo hasta que no falleció su marido. De María Babes dijo en fase de instrucción que ésta la autorizó a sacar 90.000 euros de sus ahorros. Tuvo su consentimiento, según ella, porque la anciana le refirió: "Lo mío es para ti".

Como una cárcel

Durante la primera sesión del juicio por 'la casa de los horrores' también testificó -en calidad de testigo- el guardia civil que instruyó las diligencias policiales del caso en 2017. Este agente aseguró al tribunal que las pesquisas comenzaron a raíz de una denuncia que presentó en Frankfurt, Alemania, una amiga de María Babes, pues no sabía nada de ella, solo que la habían trasladado de Tenerife y que sospechaba que le habían vaciado las cuentas.

A raíz de la investigación realizada, la Guardia Civil localizó a María Babes en Chiclana y le tomó declaración. "Ella estaba bien en ese momento. Estaba lúcida. Nos explicó que no había autorizado a nadie a tocar sus cuentas, que intuía que sus cuidadores le habían quitado unos 200.000 euros y que estaba muy afectada por ello. Otros ancianos también nos comentaron que ellos no habían prestado su consentimiento para que nadie gestionase sus cuentas".

Asimismo, el instructor recordó que la vivienda principal del chalet contaba con todo lujo de comodidades y calidades mientras que los apartamentos de los residentes "no tenían nada que ver". "No había camas abatibles ni instrumentos de enfermería, las habitaciones eran frías y tenían cerrojos por fuera".

Una vez que encontraron a Babes, indicó el instructor, hallaron a los otros dos ancianos, Silvestre y Elisabeth, en la casa de un sobrino de Estrella que se estaba haciendo cargo de sus cuidados. "A Silvestre también le tomamos declaración y nos dijo claramente: Aquello era como una especie de cárcel en la que solo nos daban de comer pan"

Babes y su herencia

Tanto la fiscal del caso como el instructor sostienen, en base a los informes médicos, que María Babes presentaba una importante mejoría física cuando estaba ingresada en el Hospital de Puerto Real o en la Clínica Novo Santi Petri, mientras que su estado empeoraba considerablemente cuando estaba bajo la supervisión de los procesados. 

Una versión bien distinta ha mantenido la acusada en la vista oral. Estrella aseveró que el 18 de septiembre de 2017 acudió al hospital puertorrealeño con María porque ésta tenía fiebre, vómitos y no quería comer. Días después, el 23 de septiembre y el 15 de octubre, volvió a llevarla por la misma razón. Entonces la anciana quedó ingresada hasta el 31 de octubre para ser alimentada por sonda. Una vez que recibió el alta, María Babes fue internada en la Clínica Novo Sancti Petri. Según Estrella, porque los médicos así se lo aconsejaron, dado que ella no era una profesional sanitaria y no sabía alimentar a ancianos con gomas; según el instructor, porque así lo decretó el juez de Chiclana. 

"Yo fui a verla a la clínica unas 20 veces", especificó Estrella en el juicio. "Ella me decía que tenía que sacarla de allí, que se sentía apresada". Y, supuestamente, la sacó, pero para acudir a un notario a Cádiz con objeto de que Babes le otorgase un poder notarial a su favor que la convirtiese en heredera universal de su testamento. En diciembre de 2017, María Babes falleció.

Queda aún por esclarecer en la vista que se prolongará hasta el próximo miércoles si realmente la persona que fue al notario fue María Babes o su identidad fue suplantada Elisabeth, la otra anciana que estaba bajo los cuidados de la procesada. Fuese una u otra, subrayó el instructor, ese día se firmó el poder.

Por último, la encausada aseguró que María fue incinerada "pues así lo había decidido ella. No quería dejar cargas a nadie", concluyó. 

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