Policía Nacional Bichos contra Maya. Guerra de clanes de la droga en Algeciras

  • Un ajuste de cuentas por el robo de un alijo de hachís se encuentra tras los enfrentamientos ocurridos en las últimas semanas, algunos con intercambio de disparos

Actuación de la Policía Nacional este mes, en Algeciras. Actuación de la Policía Nacional este mes, en Algeciras.

Actuación de la Policía Nacional este mes, en Algeciras.

Cuando los agentes de la Policía Nacional llegaron en la tarde de pasado día 31 de julio al barrio del Saladillo, alertados por un aluvión de llamadas realizadas al 091, se encontraron con un escenario caótico donde solo unos minutos antes habían silbado las balas entre dos grupos de individuos que también intercambiaron violentos golpes. Había tenido lugar una reyerta multitudinaria de las que hacen época entre dos de los clanes algecireños de la droga más conocidos por los agentes: los Maya y los Bichos.

Varios miembros de estos últimos, según dedujo la investigación policial posterior, habían hecho una visita a los primeros por un ajuste de cuentas, motivado por el robo de un importante alijo de hachís. Un vuelco de droga, en el argot. Uno de los heridos más graves en aquella pelea fue Juan M., integrante de los Maya, pero no quiso decir ni pío. “Se lo comió todo”, en palabras de la Policía.

Noche del 1 de agosto. Desde la ventanilla trasera de un coche, alguien asoma una pistola y apunta con ella a varias personas. Aunque se escuchan varias detonaciones, la Policía no encuentra ni vainas en el suelo ni impactos de bala

La tregua fue corta, apenas 24 horas. En la noche del día 1, nuevos avisos llegados al Centro Inteligente de Coordinación de Mando y Control (Cimacc) -la sala del 091- dieron cuenta de que, de nuevo, había habido disparos en el barrio. Desde la ventanilla trasera de un coche, alguien había asomado una pistola y apuntado con ella a varias personas. Aunque se escucharon varias detonaciones, la Policía no encontró ni vainas en el suelo ni impactos de bala. Los Maya estaban en esta ocasión preparados y respondieron disparando con una escopeta, esta sí, con munición real. Una mujer, con licencia de armas, asumió que fue ella quien repelió la agresión en defensa propia.

Las cuitas no estaban resueltas ni mucho menos y algún intento de la Policía por poner paz entre los dos clanes apenas si dio resultado. El siguiente episodio tuvo lugar en la madrugada del día 4 con un incendio provocado en la puerta de la casa de uno de los Maya, esta vez en la calle Espíritu Santo, en La Piñera. Las llamas no fueron a mayores, pero este hecho, al fin, provocó que alguien rompiera la ley del silencio y apuntase a los Bichos y a uno de sus miembros, en concreto, como autor de los disparos del día 31. El testimonio de este testigo protegido permitió que el Juzgado de Instrucción n.º 4 de Algeciras, en el cual recayeron las diligencias, emitiese una orden de busca y captura contra el presunto responsable de los disparos y ordenase la detención de dos personas por el incendio.

La investigación policial ha determinado que el alijo robado pertenece o pertenecía a terceros, a una de las principales y conocidas redes del tráfico de hachís del Estrecho. Su máximo responsable o uno de sus lugartenientes habría encargado a los Bichos su recuperación y que, de paso, dieran un escarmiento a los Maya. Un aviso a navegantes despistados.

Madrugada del día 8. La rápida actuación de los agentes permitió la detención de cuatro personas, tres de las cuales ocultaban sus rostros con pasamontañas

La secuencia final del relato tiene lugar en la calle Cigüela, en La Piñera. Madrugada del día 8. Un nuevo tiroteo pone en alerta a la Policía Nacional, pero esta vez fue a los Maya a quienes se les pilló con las manos en la masa. La rápida actuación de los agentes permitió la detención de cuatro personas, tres de las cuales ocultaban sus rostros con pasamontañas. Una de ellas era el testigo protegido y otra el herido el primer día, en el Saladillo. Se les detuvo por tenencia ilícita de armas tras serles intervenidas tres pistolas preparadas con munición y una táser, un arma que lanza descargas eléctricas paralizantes.

La investigación sigue su curso en busca de más implicados y sin descartar que los enfrentamientos se repitan mientras el alijo no aparezca. Si hay una norma en el mundo del narcotráfico es que, de alguna forma, las cuentas pendientes siempre se pagan. Antes o después.

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