Calle Gloria

La caballería de San Jorge

A cambio de la ristra de billetes, el alto mando ejercería la oportuna influencia para evitar que España se alinease con el Eje

Con millones de libras esterlinas se protegió la britanidad de Gibraltar en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Además de reforzando militarmente el peñón, también mediante el más práctico gasto de sobornar a altos generales españoles próximos a Franco. A cambio de la ristra de billetes, el alto mando ejercería la oportuna influencia para evitar que España se alinease con el Eje y entrase en guerra. Las tropas de la Wehrmatch hubieran llegado paseando a La Línea, siendo entonces Gibraltar presa fácil, y por tanto, el control del Estrecho habría caído de lado alemán, al controlar las dos orillas. Quiero creer que los supuestamente untados, entenderían que España no debía ser parte de esta guerra y menos de ese bando, por razones políticas (y en ello acertaban), pero la convicción parece que tuvo un extraordinario refuerzo a costa del generoso tesoro de su Majestad.

Así lo dicen los documentos y los historiadores, y así lo contó Angel Viñas en Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco, y ello tras la desclasificación de los archivos nacionales británicos relativos al conflicto. El nombre de la operación, Caballería de San Jorge, se debe a que con tal moneda de oro así denominada, el imperio tradicionalmente sobornó a líderes extranjeros en guerras habidas desde las napoleónicas. Nada nuevo bajo el sol.

Dicen los papeles que por mediación del financiero Juan March (a su vez, propietario de la Sociedad Industrial y Agrícola del Guadiaro) y de la oficina de la Swiss Banque en Nueva York, recibieron millones Kindelán, Varela, Aranda, Orgaz, Queipo de Llano, Gallarza, Asensio, y otros muchos. Y sus informes contrarios a la participación en la contienda, fueron atendidos en contra de los de Serrano Suñer o Yagüe, proclives a intervenir junto a Hitler. Parece que el Führer rechazó la entrega a España del Marruecos francés administrado por Petain, y ello también influyó, así como el peligro inmediato de toma de las Canarias por los aliados. En fin, la operación fue un éxito. España no entró en guerra, y en Gibraltar jamás dejó de ondear la Union Jack. Enhorabuena don Winston. Todo ello se novela deliciosamente por Eslava Galán en La Tentación del Caudillo, en la cual tiene presencia el Campo de Gibraltar, lugar clave en aquellos tiempos y aquel conflicto como sabemos.

Quizá nuestros nietos, cuando vean la luz nuevos archivos gubernamentales, también descubrirán otros nombres de españoles que vieron inflados de libras sus bolsillos cual caballeros de San Jorge, en aras de los intereses del peñón. Si funcionó la treta entonces, ¿por qué no repetirla?.

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