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Números y numeritos

El líder democrático no es el que se preocupa por los números, sino el que hace su recuento en las elecciones

Me alegra ver que el disgusto con el número de asistentes a su toma de posesión no ha impedido que Trump cumpla sus promesas de inmediato, especialmente la retirada de financiación a las ONG abortistas y la bajada de impuestos. Ya se ve que es un outsider. Ese nivel de cumplimiento de lo prometido no es el de un político profesional. Con todo, su enfado por no haber batido récords de poder de convocatoria queda ahí. Es un aviso.

El número tiene un peso en las democracias, sin duda, y en la economía de escala. Pero resulta que, en ambos campos, Donald Trump ya ha demostrado su poderío, ganando las elecciones y ejerciendo de millonario patente. Preocuparse por la cuantía de asistentes a su toma, hasta el punto de lanzar a sus colaboradores a una estéril batalla mediática y de arremeter contra la prensa, es un movimiento muy torpe. Magnifica unos números que, siéndole ligeramente adversos, no tenían trascendencia. Ponen el foco en su vanidad, y eso no es lo que desea la vanidad, ni lo que le conviene. La vanidad viene para poner en el foco al que la porta, no para ponerse ella, que es hacerlo en evidencia.

No descubrimos nada nuevo con la vanidad de Trump, pero sí hasta qué punto puede enredarse en naderías. Hasta ahora, esa vanidad semejaba una garantía. Intentaría hacerlo bien, aunque sólo fuese por cosechar el aplauso y la admiración universal. El incidente de los hechos alternativos y su empeño adolescente en ostentar a toda costa el récord mundial de asistentes a tomas de posesión llena de zozobra. Es imposible gobernar bien si uno pretende ser vitoreado en todo momento unánimemente. La única unanimidad que puede alcanzar un líder es la del rechazo. La aprobación será siempre por los pelos. Donald Trump tiene que aprender a que los vientos contrarios le despeinen un poco; y a las marchas de protesta. Porque eso espera a cualquier líder mundial (e incluso a cualquier presidente de cualquier comunidad de vecinos). En su caso, los rechazos serán numerosos y tendrán una generosa cobertura mediática. Y más si sigue firmando decretos en los que cumple sus promesas.

El líder democrático no es el que se preocupa constantemente por los números, y monta numeritos si no salen según su combinación, sino el que hace sus recuentos en las elecciones y luego cumple, contra viento y marea, sin distracciones ridículas, eso que le granjeó aquel único número que importa.

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