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Punto de vista

José Ramón del Río

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Empadronarse sin domicilio

De los cambios en la manera de gestionar el padrón municipal han surgido interpretaciones maliciosas

En el BOE del pasado sábado 2 de mayo, se publicaba una modificación de la Ley del Régimen Local, con objeto de elaborar unas instrucciones más precisas para el empadronamiento. Sabido es que toda persona que viva en España está obligada a inscribirse en el padrón del municipio donde reside habitualmente. Formulada la solicitud, si en el plazo de tres meses no hay respuesta en contrario, es admitida y además implica la baja automática de la inscripción anterior en otro municipio o registro, si existiere.

El censo es una preocupación de los gobernantes desde tiempos remotos. El más conocido, al menos por los cristianos, es el que hizo Publio Sulpicio Quirino, miembro del Senado romano y cónsul, cuando fue gobernador de Siria, a la que Judea estaba anexionada. César Augusto quería hacer un censo de todo el mundo habitado, fundamentalmente a efectos impositivos, que suele ser la primordial preocupación de los gobernantes.

Volviendo a la actualidad, el Ministerio de la Presidencia, que dirige Carmen Calvo, ha dictado una resolución por la que se dictan instrucciones a los Ayuntamientos sobre la manera de gestionar el padrón municipal. La disposición en sus dos primeros apartados no innova ni cambia nada. Dice lo que todos sabemos: que el padrón es la prueba de la residencia en el municipio y del domicilio. Lo que llama la atención es el apartado tercero que se refiere a casos especiales de empadronamiento, como son, por ejemplo, los que señalan un domicilio en el que ya constan empadronados otras personas o cuando el empadronamiento se produce en un establecimiento colectivo, por ejemplo: residencias, conventos, etc. Pero lo más llamativo viene luego y se refiere a los empadronamientos en "chabolas, caravanas, cuevas, incluso espacios sin techo". Dice la disposición que "deben y pueden figurar como domicilios válidos", bastando con que su existencia sea conocida por los servicios sociales, y que estos informen sobre la habitualidad de la residencia y se comprometan a hacerles llegar las notificaciones de las administraciones, aunque no a garantizar que estas les llegará. Parece sorprendente una disposición tan permisiva y tan poco fiable. De ahí, que surjan maliciosas interpretaciones como las de que se pretende imitar a Maduro en Venezuela, que con estos fantasmales inscritos ganó elecciones o si, simplemente, se cumplen los deseos del vicepresidente Iglesias, que quiere contar con un censo para el pago de la renta básica universal, ingreso mínimo vital, que comienza pronto.

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