Crónica Personal

Echa a andar el primer Gobierno de Vox

Al fin Vox toca poder, y lo que corresponde ahora es que Gallardo y su equipo estén a la altura, se quiten el sambenito de ultras y demuestren que son capaces de gestionar, y gestionar bien, una comunidad que, como ocurre a la mayoría de los ciudadanos, quiere un gobierno que se ocupe de sus problemas reales, y se centre en el bien común y en políticas eficaces, tanto económicas como sociales; que les quiten de pobres, les garanticen servicios públicos, y generen confianza para que lleguen los inversores y se cree empleo seguro y acorde a sus expectativas. Se equivocó Abascal poniendo el acento en la ausencia de Feijóo -las presencias fueron muchas e importantes- y acertó Ayuso destacando que con la coalición queda Castilla y Léon "socialismo free". Llega ahora el momento de que Mañueco gobierne cumpliendo el pacto suscrito con Gallardo pero dando prioridad a los problemas del día a día y que además se mueva con inteligencia para dejar de lado las políticas más radicales de Vox.

A pesar de la ausencia, Feijóo mantiene una muy buena relación con Mañueco. De las declaraciones que ha hecho desde que fue elegido presidente del PP se deduce que no le gusta el pacto con Vox pero que asume que no había otra salida: repetir elecciones no daría un resultado muy distinto, y el PSOE se negaba a un acuerdo para que gobernara el PP. Cualquier otra fórmula podía llevar a un socialismo con Podemos dentro, y los españoles ya saben bien lo que eso significa. Sánchez no preside el mejor Gobierno del mundo, sino que ha llevado a España a una situación manifiestamente mejorable.

Tiene Mañueco, y lo sabe, una responsabilidad añadida a la que asume ante los ciudadanos de Castilla y León: demostrar que un gobierno del PP coaligado con Vox puede gobernar sin radicalismos y meter a su socio, Vox, en el carril en el que se asuma como prioridad la eficacia, sin aventuras ideológicas que no conducen a nada bueno. Las elecciones andaluzas están ahí mismo y Juanma Moreno aspira a gobernar en solitario; pero si no tuviera más remedio que pedir ayuda a Vox, sería una tranquilidad para el PP en general, y para los andaluces en particular, que la hipótesis de gobernar con Vox no se considerase un baldón para Moreno y una desgracia para los andaluces que no estarían nada satisfechos con esa fórmula que hoy por hoy se recibe con rechazo. Gracias entre otras razones al ataque sempiterno de los socialistas a cualquier pacto con la extrema derecha, aunque no ven mal los pactos con la extrema izquierda, Bildu e independentistas.

Para Vox, el Gobierno castellanoleonés se ha convertido en la prueba del algodón: ahí se medirá su talante democrático.

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