Concierto en El Pelícano Daniel Drexler: "Cada vez que vengo me voy sintiendo más en casa"

  • El artista uruguayo cierra mañana viernes la gira española de su séptimo disco, ‘Uno’, con un concierto en Cádiz

El músico uruguayo Daniel Drexler. El músico uruguayo Daniel Drexler.

El músico uruguayo Daniel Drexler. / Julio González

Desde que en 2006 tocó por primera vez en España, a Daniel Drexler le asaltaba cierta inquietud: “¿sería posible mantener una relación en la distancia con un charco tan grande de por medio y con algunos periodos de ausencia?” Hoy, 13 años después de que nos envolviera con su Vacío, aquí en Cádiz con un concierto en el café Teatro Pay Pay, la incógnita ha sido resuelta. Sí, ha sido capaz de borrar 13.000 kilómetros. “Tanto que cada vez que vengo, me voy sintiendo más en casa”, dice el músico uruguayo “loco” por cantar “con el mar a la espalda” en El Pelícano. Un concierto, que tendrá lugar mañana viernes a partir de las diez de la noche, con el que pone fin a la gira española de Uno.

–Sabemos que su hermano Jorge tiene cierta debilidad con esta ciudad, ¿para usted también es especial?

–Cómo no. Cádiz es una ciudad que me lleva a Montevideo irremediablemente. El Malecón de aquí me hace recordar al de la Rambla sobre mi ciudad, las construcciones se me parecen a las del casco viejo de Montevideo, que también era un apostadero naval y, después, el enorme capítulo del Carnaval, de esa comunión identitaria tan hermosa que tenemos y cómo, de una manera u otra, el acento que hay en el aire es parecido en las dos ciudades. Montevideo es una ciudad que también gira mucho alrededor de su Carnaval, esas horas y horas que se gastan hablando de la competición, de esa cuestión medio endogámica del carnaval montevidiano y gaditano... Todo es muy familiar para mí.

–¿Es usted carnavalero?

–Soy muy candombero pero no soy una persona fanática que se pasa todo el Carnaval siguiendo el Concurso del Teatro de Verano. Pero es imposible ser montevidiano y no tener el Carnaval como banda sonora vital. El sonido de los tablados, de los tambores en la calle, con el que te dormías...

–Tambores. En ‘Uno’, su séptimo disco, la percusión está mucho más presente que en trabajos anteriores. ¿Es algo pretendido?

–Desde el punto de vista compositivo, este disco creo que es el más montevidiano de todos pero sentía que tenía que desafiar un poquito a las canciones, ver cómo palpitaban en otro ambiente. Y cuando salió la posiblidad de grabar con Alexandre Kassin en Río de Janeiro para mí fue como un sueño porque vengo siguiendo su trabajo y el de los músicos que están en mi disco desde hace 20 años. Así que me interesó mucho ver cómo dialogaba la raíz afro de Montevideo con la raíz afro de Río de Janeiro, qué había en común entre estas dos raíces. Así que tenía que ser muy percutivo. De hecho, el tema que abre el disco, la Rambla de Montevideo II es un candombe tocado a la manera funk y llevado principalmente por un pandeiro...

–Y con un guiño a Serrat...

–Sí, que ya estaba en la una, grabada en Micromundo. “Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa...” Esa frase me parece maravillosa, y es lo que siento en gran medida. Me siento muy marcado por esa canción, me la apropié.

"Uno es el disco más montevidiano de todos y, por ello, tenía que desafiar un poquito a las canciones”

–¿Cuál es el paisaje que ve cuando la escucha?

–La playa de Solís, una playa de nuestra infancia... Es increíble cómo cuando una canción te llega es capaz de fijar la memoria de una forma holística: te fija el olfato, te fija la luz, la sensación táctil... Para mí Mediterráneo es la recreación de ese mundo de entonces, de aquellos veranos, en Solís.

–¿Esa vocación holística también está en ‘Uno’?

–Uno dialoga con diferentes significados, el número 1, que es la unidad de todo lo que existe, Uno en referencia al individuo, pero, sobre todo, Uno hace referencia al verbo unir, Uno de unir cosas que están separadas.

–Ya... Músico y médico científico...

–Claro. Yo viví gran parte de mi vida con la sensación de estar en dos universos paralelos irreconciliables entre sí: el universo de la ciencia, la medicina y la neurociencia, y el universo del arte, la canción y la poesía. Durante años sentí que esto era una maldición de difícil resolución y una fuente de debilidad y angustia en mi vida, pues mientras que veía a mis colegas músicos y médicos avanzando con solidez en sus respectivas carreras, yo estaba navegando en el mar de la duda. Pero, más o menos, a los 35 años esos dos mundos empezaron a tocarse ya que en el terreno científico empecé a trabajar en la investigación del sistema auditivo y, a su vez, en la música empezaron a aparecer letras como Vacío o La única certeza que tengo es la incertidumbre, letras atravesadas por una mirada científica. Así que años después me he dado cuenta de que esa aparente fuente de debilidad se había convertido en una gran fortaleza y de que haber estado en esa encrucijada vital había sido, y es, una enorme oportunidad para estar en contacto con dos de las áreas más creativa que tiene nuestra especie, la ciencia y el arte.

"Este trabajo es la celebración de una encrucijada entre mis dos mundos: el de la ciencia y el del arte”

–¿Y hoy día...?

–Pues hoy en día estoy haciendo un esfuerzo por no perder la encrucijada, porque me he dado cuenta que es una fuente de vitalidad enorme. Acabo de cumplir 50 años y siento que tengo la misma capacidad de asombro que cuando tenía 10. Y, bueno, prosigo mi carrera artística con la actividad investigadora, sobre todo, porque hace años, estando yo haciendo un master en neurociencia y trabajando en el consultorio con mi padre y mi hermano Jorge en temas de audición, pues hice un aparato que contribuye a mitigar ese molesto zumbido en los oídos que sufren algunas personas, sobre todo músicos. Y de ese proyecto, salió un equipo de investigación, que luego se transformó en una empresa y aunque yo con el tiempo disminuí mi trabajo médico, ahora trabajo dos veces por mes con el grupo de investigación, intento estar en ese mundo para seguir en esa encrucijada que te decía que, realmente, es la que celebra este disco.

–Sus padres son médicos pero, oiga, algo harían para que en esa casa de los Drexler la música ocupara un lugar importante, ¿no?

–Yo creo que mis padres tenían para nosotros el plan de profesional universitario, de armar la vida a través de un título, y eso es lo que aprendimos en casa de chicos, no sólo un título para encontrar un sustento de vida sino para vivirla de forma valedera; pero a su vez había mucho respeto por todo lo que eran las manifestaciones artísticas, así que nos mandaban a clase de piano, de cerámica, de guitarra, de pintura, talleres de escrituras, a un ciclo que había en la cinemateca de Montevideo de cine para niños... La presencia artística era muy fuerte y por dos vertientes, la de mi padre, alemán, con mucho hincapie en la música clásica y anglosajona, de Los Beatles para acá, y la de mi madre, con una raíz mucho más folklórica de Yupanqui, de la música brasilera y regional, y los personajes de la música uruguaya, como Aníbal Sampayo, frecuentaban la casa, así que tuvimos esa suerte... De hecho, creo que se les fue la mano un poco, ¿no? Es que había una contradicción en casa, esa idea de disciplina, estudio, de objetivos a largo plazo; y al mismo tiempo había un culto extremo al ocio creativo, nos llevaban todos los años a La Paloma, una casa arriba del mar, a todos los hermanos y primos donde se le daba mucha importancia a que jugáramos juntos, cantáramos, que hiciéramos surf... Así que siempre sentí esa tensión entre esos dos mundos.

–La encrucijada, Daniel, al final siempre estuvo ahí

–Y ha sido una suerte.

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