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Ingrid mantiene bloqueado el Estrecho

Atasco de decenas de barcos en el estrecho de Gibraltar y mar de Alborán por el temporal Ingrid

La última borrasca, con vientos de hasta 80 km/h y olas de seis metros, obliga a los buques a esperar fuera de los puertos y ralentizar su travesía en uno de los pasos marítimos más transitados del planeta

Los antiguos ferris entre Algeciras y Gibraltar que hoy revolucionarían la movilidad en la comarca

Decenas de barcos prácticamente detenidos o avanzando a paso de tortuga en el entorno del estrecho de Gibraltar, este sábado 24 de enero a las 21:45. / MarineTraffic

Una imagen se ha repetido en las aplicaciones de seguimiento marítimo durante buena parte del fin de semana: decenas de barcos prácticamente detenidos o avanzando a paso de tortuga en el entorno del estrecho de Gibraltar y mar de Alborán, especialmente desde el sábado 24 de enero, coincidiendo con el aviso naranja activado por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Para muchos observadores, la escena parecía un atasco en mitad del mar, como si se tratara de una sala de espera flotante. Y, en cierto modo, lo era.

La causa tiene nombre propio —borrasca Ingrid— y una combinación de factores que convierten al Estrecho en un lugar especialmente delicado cuando el tiempo se complica: viento fuerte, mar gruesa, corrientes muy intensas y puertos saturados o cerrados por seguridad.

Durante temporales de poniente, la acumulación de buques frente a la Costa del Sol y Ceuta es una imagen habitual para los marinos

El temporal ha afectado de lleno al tráfico marítimo entre Europa y África. Durante tres días consecutivos (viernes 23, sábado 24 y domingo 25 de enero) no han podido operar los ferris entre Tarifa y Tánger Ville. El sábado, entre las 15:00 y las 20:00, la Aemet activó un aviso naranja por olas de entre cinco y seis metros y vientos del oeste y noroeste de hasta 61 km/h, intensificándose mar adentro. Las rachas llegaron a alcanzar los 80 km/h, fuerza 9 en la escala de Beaufort.

En la otra orilla, Marruecos también decretó alerta naranja por vientos de hasta 85 km/h, lo que terminó de cerrar el cerco: puertos clave como Tánger Med y Cádiz limitaron o suspendieron operaciones, impidiendo la entrada y salida de buques.

Para entender por qué los barcos se “apelmazan” cuando hay temporal, hay que mirar bajo la superficie. Las corrientes del estrecho de Gibraltar son de las más intensas y complejas del mundo, fruto del intercambio de agua constante entre el Atlántico y el Mediterráneo. Cambian con las mareas —cuatro veces al día— y pueden superar los cinco nudos, generando remolinos y fuertes empujes laterales, especialmente durante temporales de poniente como el actual.

El riesgo no es solo el barco, sino la carga: con mar de costado, un temporal puede hacerla caer al agua

“Cuando la marea baja, la corriente va hacia el Atlántico; cuando sube, hacia el Mediterráneo”, explica para Europa Sur un marino con amplia experiencia en la zona. Para grandes ferris o buques de gran potencia, estas condiciones son asumibles. Pero para muchos portacontenedores, graneleros o barcos de ganado, atravesar el Estrecho con viento fuerte y mar de costado supone un riesgo añadido para la estabilidad del buque y de la carga.

Por eso, cuando las condiciones se endurecen, no se cruza: se espera.

Un portacontenedores atraviesa el Estrecho en mitad de la borrasca Ingrid, este domingo. / Erasmo Fenoy

Capear el temporal: ni fondear ni avanzar

Los barcos que se observan estos días frente a la Costa del Sol, Ceuta o el exterior de la Bahía de Algeciras no están parados sin más. En muchos casos están “capeando el temporal”, una maniobra que consiste en navegar muy despacio o mantenerse casi detenidos en zonas donde el viento y la corriente inciden menos, a la espera de que mejore la situación.

Fondear —echar el ancla— no siempre es una opción. No todos los fondos agarran bien, y durante temporales fuertes existe el riesgo de que el ancla garree y el barco quede a la deriva. Ha ocurrido antes: en enero de 2007, el buque Sierra Nava terminó encallado en la playa de Getares tras soltarse el ancla en plena borrasca.

Por eso, Capitanía Marítima y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras (APBA) han exigido estos días que los buques mantengan las máquinas alistadas, es decir, los motores listos para arrancar de inmediato si la situación se complica. No es una precaución menor: arrancar los motores de un gran buque lleva tiempo, y "entre las dos orilllas", dos o tres minutos pueden marcar la diferencia.

Más de 300 barcos cruzan a diario frente al Campo de Gibraltar: uno cada cinco minutos en una autopista marítima extremadamente estrecha

El estrecho de Gibraltar es una autopista marítima: más de 300 barcos al día —uno cada cinco minutos— cruzan entre el Atlántico y el Mediterráneo, a los que se suman los tráficos entre puertos españoles y marroquíes. Todos deben circular por canales obligatorios, separados por un dispositivo central que evita colisiones: los que van hacia el Atlántico, pegados a la costa española; los que entran al Mediterráneo, más cerca de Marruecos.

Cuando el mal tiempo coincide con muchos buques esperando puerto, el riesgo se multiplica. Por eso, Tarifa Tráfico, desde su centro de control, regula los movimientos y ralentiza las travesías para escalonar los pasos y evitar situaciones peligrosas.

A esto se suma un factor clave: los puertos. Si están cerrados o saturados, los barcos no pueden entrar. Y esperar dentro se paga: fondear o ocupar zonas alternativas genera costes. Muchas navieras optan por reducir velocidad mar adentro, ahorrar combustible y llegar justo cuando haya un atraque disponible.

El temporal impide por tercer día consecutivo la salida de barcos entre Tarifa y Tánger. / Erasmo Fenoy

El martes, nueva jornada crítica

Aunque el lunes se presenta como una tregua relativa, la atención vuelve a estar puesta en el martes 27 de enero. La Aemet ha activado avisos amarillos por viento y fenómenos costeros en el litoral campogibraltareño, con rachas de hasta 80 km/h y mar combinada de cuatro a cinco metros. Un escenario que podría prolongar la acumulación de buques y retrasar la normalización del tráfico.

Hasta entonces, el Estrecho seguirá ofreciendo una imagen poco habitual para el profano, pero bien conocida por quienes navegan a diario por él: barcos esperando, motores listos y paciencia, mucha paciencia, en uno de los puntos más complejos y vigilados del mapa marítimo mundial.

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