Sevilla Atlético - Real Balompédica | La crónica ... Y menos mal que este cuento se ha acabado

  • La Balona despide la temporada con otra deslucida derrota ante el Sevilla Atlético (3-1)

  • Los albinegros vuelven a mostrarse desimplicados y regalan los goles al filial

  • Los nervionenses acompañan a los de Calderón a la Primera RFEF

Masllorens derriba al sevillista Luismi Cruz

Masllorens derriba al sevillista Luismi Cruz / Sevilla FC

Pues gracias a Dios que acabó esto. Porque los balonos tienen demasiado reciente el calvario que supone ver a su equipo arrastrarse después de lograr un objetivo como para tener que volver a digerirlo. La Balona no alcanzó en Sevilla los niveles de desinterés que protagonizó una semana antes en casa ante el Córdoba –tampoco era muy difícil hacerlo siquiera una mijilla mejor- pero cayó en el Jesús Navas ante el Sevilla Atlético (3-1) en un partido de esos del que las únicas consecuencias positivas son por un lado que ya se sabe que no habrá que soportar ni uno más y por otro la satisfacción que produce ver a un balono confeso como Baron Kibamba celebrando que él también desembarca, aunque sea con otro equipo, en la Primera RFEF (Liga Pro).

No fue un convidado de piedra, pero tampoco es que la Balona se matase en la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros. El Sevilla Atlético necesitaba ganar para lograr un objetivo que ya se le escapó hace seis semanas en el último suspiro y los de La Línea se jugaban, como mucho, las cábalas de qué puede suceder con la Copa, que está por ver. La pena es que estos dos últimos partidos se les ha ido tanto la mano que han emborronado hasta su estadística defensiva, que era motivo de orgullo.

La distancia emocional con la que unos y otros afrontaban la batalla era abismal. Y a los nueve minutos ya estaba plasmada en el marcador. Issac tomó el balón por la izquierda del ataque. Y faltó tensión para detenerle, para que no centrase. Y faltó interés en el centro del área para que Pedro Ortiz no pudiese empujar sin oposición el primer tanto de la mañana.

Bien es verdad que después de esa conquista inicial, el conjunto franjirrojo tampoco es que desbordase a una Balona que tenía el balón, que incluso sobresaltaba alguna vez al rival cuando la tocaba Koroma… pero poco más. Bueno sí, dos balones que se pasearon por el área con un atisbo de que podía suceder algo, pero ni Nacho Huertas (21’) ni Iván Martín (34’) alcanzaron a rematar centros que hubiesen podido traducirse en ocasiones.

Poco antes del descanso apareció Nacho Miras para aplazar la sentencia. Adrián Peral le pegó con mucha intención a un golpe franco, pero el meta, que había retornado a la titularidad, acertó a meter la manopla.

Lo mejor de la Balona en ataque llegó con el regreso al césped tras el descanso. Con agua y viento como invitados, por cierto. Después de una acción de ¿cómo no? Koroma, el balón le llegó a Din Alomerovic. El macedonio le pegó con intención, pero entre que el portero la rozó un poquillo y que el balón iba elevándose, acabó por vomitarlo el larguero.

El encuentro era un no puedo -y un tampoco es que tenga un interés desmesurado- de la Balona ante un filial atenazado por su exigua ventaja. Hasta que en el 72’ Juanlu tomó el balón en su campo, enfiló hacia la portería albinegra y tras salvar una exigua, muy exigua, resistencia de Nacho Huertas y Mikel Fernández, llegó al área y le pegó tan mal, tan mal… que el esférico sorprendió a todos y acabó colándose en el marco.

Aquello tenía pinta de ser solo ya la fiesta de los nervionenses. Por si acaso en el 79’ Mikel Fernández perdió el cuero en la salida desde atrás a manos de Nacho Quintana, que solo tuvo que avanzar unos metros y sentenciar. La acción es de esas que dejaban patente la desidia de la Balompédica. Una de esas que en un entrenamiento se repite para que el central automatice que hay determinadas cosas que no se deben hacer.

Ya al final llegó el tanto de Coulibaly, tras una pared con Loren, que dicen los que entienden de esto que sirve para maquillar el resultado. Ellos sabrán. Qué diferencia con aquella diana que el parisino marcó en Marbella en el final de la primera fase y que supuso la primera piedra hacia el ascenso. Esta vez ni se celebró.

Y poco después, cayó el telón. Al fin el fin que decía Sabina. Mientras la chavalería del Sevilla Atlético hacia corro para celebrar el objetivo los balonos se retiraban del césped como el que busca el ascensor después de una larga jornada de oficina. Y es que, aunque el calendario deje para la estadística lo contrario, la realidad es que la liga, o al menos la liga de la Balona, acabó el 25 de abril en Murcia. Lo demás habrá que hacer como si no hubiese pasado.

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