Real Balompédica - Córdoba CF | La crónica La Balona agua su fiesta (0-5)

  • Los albinegros oscurecen la celebración por su ascenso con un bochorno ante el Córdoba

  • El desafortunado estreno del meta Williams facilita la goleada de los califales

  • El público abuchea a su equipo en el descanso (0-4), pero lo indulta en la despedida

  • Debuta el jovencísimo Javi Méndez y coinciden tres linenses sobre el césped

Javi Méndez (26) busca un balón protegido por el cordobesista Xavi Molina

Javi Méndez (26) busca un balón protegido por el cordobesista Xavi Molina / Erasmo Fenoy

Una semana de tanta felicidad y una temporada sellada con un éxito tan importante como es asegurar una plaza en la Primera RFEF; un recibimiento como el que le tributó la afición; el homenaje a Santiago Aragón, uno de los mitos de la centenaria Real Balompédica Linense… nada de eso merecía el triste epílogo en casa que escribió una Balona desdibujada, desimplicada, indolente, que abrió las puertas de par en par al Córdoba CF para que el equipo califal siga aferrado a sus opciones de acompañarla hacia la división de nuevo cuño. Que perder un partido de estos en los que un equipo no se juega nada y el otro la vida se puede perder. Pero de otra forma. No había necesidad de sonrojar a una hinchada que entre una cosa y otra ha pasado muchas calamidades esta temporada y que apenas ha tenido un mes largo de satisfacciones.

Técnicamente no se puede hablar de un partido entre la Balompédica y el Córdoba. Lo más justo sería relatar un monólogo blanquiverde. Un soliloquio que, de manera involuntaria, facilitó el meta liberiano Ashley Williams, al que algún malintencionado hacker debió cortocircuitar para que olvidase todo lo progresado de la temporada hasta convertirle en el principal aliado de la escuadra visitante.

El simulacro de partido duró cinco minutos. Lo que tardó Williams en cometer el primer piciazo de la tarde. Trató de sacar el balón jugado con el pie y lo que hizo fue entregárselo en el borde del área a Miguel de las Cuevas, al que casi le da la risa de pensar lo fácil que había resultado poner a su equipo por delante.

Pero vaya, que fallar, fallan todos los porteros. Y con el 0-1 se esperaba un atisbo de reacción, de rabia, de querer agradar. De esa Balona Recia que se había redescubierto en la segunda parte del partido de Marbella. No hubo el más puñetero indicio de nada de eso.

Así que en el 25’ un centro al segundo palo, Williams se quedó  clavado y Willy que anotó a placer. Nadie se atrevía a decirlo en voz alta, pero aquello olía a sentencia. Y mientras quedaba la duda, Luismi recibió en la primera cuarta del área y ni Fabrizio ni el portero atinaron a estar en su sitio, de manera que llegó el 0-3.

A partir de ahí la grada ya se calentó. La sombra de la sospecha empezó a tomar cuerpo entre los hinchas, que dirigían sus reproches hacia el técnico, especialmente por no haber contado con Nacho Miras. Y cuando más calentita estaba la cosa, llegó el cuarto. Otra vez De las Cuevas, en vaselina sobre el portero balono, que, desquiciado se precipitó en su salida. A falta de que lo confirme la estadística oficial el equipo cordobesista había marcado cuatro goles en cuatro disparos a puerta.

El final del primer periodo era todo lo contrario a lo previsto a comienzo de la tarde. La Preferencia no escatimó un solo reproche para jugadores y entrenador. No era la derrota, que a esa hora ya se sabía definitiva, era la forma. Que si balones hacia atrás, que ni una sola llegada al área, que... nada.

La segunda parte fue una agonía para los que se quedaron en el estadio, que no fueron todos. Llegaron algunos cambios, pero con el partido como estaba pedirle a cualquiera que le diese un giro era casi solicitar una utopía.

Y para colmo en el 58’ llegó el quinto. Djetei remató dentro del área péqueña, sin oposición y con Williams, que a esas alturas ya era un manojo de nervios, viendo entrar el balón como el que ve a un amigo entrar en un cine.

Lo mejor de la media hora restante (con un estéril cabezazo al larguero de Danese de por medio) fue el debut de Javi Méndez, un chiquillo de 16 años que tiene maneras de poder ser futbolista y que viste por primera vez en partido oficial la camisola del equipo de su pueblo. Hasta tres linenses (el propio Javi, Nacho Holgado y Loren) coincidieron sobre el césped, un hecho inédito desde no se sabe cuándo. Pero a esas alturas esa exaltación del linensismo ya no aliviaba el amargor de boca de los presentes.

Tras el pitido final, división de opiniones. Unos decidieron aferrarse al “menos mal que ya estábamos ascendidos” y aplaudieron –tímidamente, pero aplaudieron- y otros mostraban su enfado –tímidamente también- porque no les gusta ver a su equipo humillado.

Lo único bueno es que la próxima vez que la Balona salte a ese terreno de juego en partido será como equipo de la Primera RFEF. Lo de este partido con el Córdoba debe ser algo así como perder las maletas después de unas magníficas vacaciones: es mejor olvidarlo para impedir que amargue el recuerdo de lo realmente importante.

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