Las Palmas Atlético - Real Balompédica | La crónica La Balona renuncia al liderato (1-1)

  • Los albinegros salvan un punto en Las Palmas en el minuto 91'

  • El triunfo hubiese llevado a los de Calderón a compartir la primera plaza

  • Los cambios en el once deforman a la Balompédica, que no entiende el partido

  • Los canarios se adelantan de penalti (84') y Pito Camacho iguala en posición dudosa

Pito Camacho golpea el balón y bate a Alfonso, el gol que suponía el empate Pito Camacho golpea el balón y bate a Alfonso, el gol que suponía el empate

Pito Camacho golpea el balón y bate a Alfonso, el gol que suponía el empate

La Balompédica está empeñada en llevar a los suyos con la lengua fuera hasta no se sabe cuándo. Y lo que es peor, hasta no se sabe dónde. Por segunda jornada consecutiva los albinegros firmaron un empate a un gol –esta vez en la visita a Las Palmas Atlético- que les permite mantenerse en la cuarta posición. Pero con eso no basta. Las tablas suponen una renuncia tácita a pasar a compartir la primera plaza con Algeciras y San Fernando, una opción que conocían desde el descanso. Los de La Línea no se adaptaron nunca al partido y se salvaron sobre la campana -en su único lanzamiento a puerta con criterio-  merced a un gol de Pito Camacho de una derrota que hubiese cortado su buena racha y hubiese dado pie, casi seguro, a otro amago de incendio.

Las tablas que firmaron el filial amarillo y la Balompédica no se pueden considerar injustas. Más bien todo lo contrario. El partido que disputaron en un escenario que tampoco es que invite al buen fútbol fue malo, insípido, sin apenas ocasiones. Los de casa se adelantaron en uno de esos penaltis del siglo XXI que no era ni mucho menos un disparate y que alguna vez le tenían que pitar en contra a los de Calderón. Y éstos empataron en el añadido y en una acción que los locales sostienen que llegó precedida de fuera de juego. La tele no aclara ninguna de las dos acciones. Así que en medio de esa marabunta de nada, lo lógico es que nadie ganase.

Calderón no renunció esta vez a sus sorpresas en el once. Colocó a Paco Candela en el eje de la zaga en detrimento de Carrasco y hasta de Sergio Sánchez. No fue una casualidad que lo probase el jueves ante el Lokomotive. Y jugaron de principio Chironi y Nacho Huertas. No fue una buena decisión. A la Balompédica le faltó músculo en la medular para un partido de mucho trabajo y ni el italo-argentino ni el extremo tocaron pelota. Tampoco fue el mejor día de Din. Vaya que el equipo albinegro no entendió el libro de ruta.

Como consecuencia de todo eso la primera parte fue tediosa. Las Palmas Atlético –que no es mal equipo como parece decir su clasificación– tenía el balón. Pero entre que la pelota se comporta sobre el césped sintético como un conejo en el campo y que la Balona se defendía bien, no sucedía nada en el rectángulo de juego.

En los primeros escarceos Cardona la puso en el borde del área péqueña (4’) y Siverio estuvo a punto de rematar una falta lateral en la que terminó empotrándose en Nacho Miras (11’). Veinte largos minutos después la Balona –que acababa de botar su primer córner- dio señales de vida en ataque. Un centro largo de Víctor Mena que se comió uno de los centrales y que Koroma, entre que llegó muy forzado y que lo suyo no es el juego aéreo, envió fuera.

Y punto, No hubo más en una primera mitad de esa de centrocampismo y carreras van y vienen. De presión y disciplina. De esas que se dicen que son “muy tácticas” para no contar la verdad: que producen bostezos porque carecen de juego.

La segunda entrega arrancó con un monumental susto para una Balona que no se desplegaba. Juan Rodríguez se adelantó a los centrales en un centro de Siverio y cuando ya se cantaba el gol salió de algún sitio una manopla fenomenal de Nacho Miras para indultar a los suyos.

Los cambios, en el caso de la Balona muy tardíos, no alteraron el ritmo monótono del juego hasta que en el 77’ Koroma, el único que quiso inventar cosas, llegó hasta la línea de fondo y su intento de pase de la muerte quedó abortado por Juan Rodríguez con Pito Camacho, a su espalda, con la caña ya echada.

Parecía que existía un acuerdo tácito entre las partes de que el empate no era malo para nadie cuando tras un córner Sergio Pérez Muley decretó penalti. Casi con toda seguridad el balón pegó en la mano de Paco Candela, que la tenía un poco separada del cuerpo. Y con eso, hoy en día, te cae más pena que por saltarte el toque de queda. Iñaki Elejalde ejecutó con precisión.

Con seis por delante llegaron las prisas. Los cambios tácticos. Los todos a una como si el resto del partido no hubiese habido tiempo. Y esta vez la pelotita cayó del lado de la Balona. En el 91’ Candela dejó en el borde del área, Iván Martín soltó un castañazo al que Alfonso apenas acertó a meter la mano y Pito Camacho ejerció de goleador para hacer la igualada. Con una toma de espaldas discernir sobre su posición sería una absoluta temeridad.

La Balona firma un empate ante un rival que lleva con éste ocho partidos sin perder y con ello enlaza cinco duelos sin conocer la derrota, evita un revés en el tiempo añadido y se queda a un punto de la tercera plaza. Y sin embargo queda un regusto molesto a que dejó pasar otra oportunidad para subir el peldaño que le separa de la zona que esconde el premio gordo. Méritos para conseguirlo no hizo desde luego.

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