Historias de Algeciras La Medicina (LXXIV)

  • En los primeros años del siglo XX el mundo sanitario algecireño se vio entristecido por la pérdida Salvador Gómez Pecino, gran profesional de la medicina muy apreciado personal y científicamente

Mítica imagen del Dr. Morón con el torero El Gallo Mítica imagen del Dr. Morón con el torero El Gallo

Mítica imagen del Dr. Morón con el torero El Gallo

Mientras se seguía denunciando por los profesionales de la sanidad la falta de higiene que imperaba en los patios algecireños y el peligro que esto suponía para la población en general, la solución se hacía de rogar dado el choque de intereses entre los propietarios arrendadores de las viviendas mancomunadas, habitaciones o cuartos, al negarse a contribuir económicamente para la realización de las obras necesarias de conexión con las madronas; y por otro lado, la postura municipal que también se negaba a pagar tales obras en beneficio de estos arrendadores.

La falta de acuerdo entre ambas posturas seguían sufriéndolas las humildes familias que habitan aquellos insalubres hogares. A todo esto y dentro de una visión más amable de la realidad sanitaria de nuestra ciudad, como se reseñó en el capítulo anterior, las farmacias locales seguían sirviendo al público aquel elixir que era recomendado por todas las academias de medicina del ¡Universo!, bajo la denominación de Vino de quina Quirico López. La cara y la cruz de la época.

En aquellos primeros años del nuevo siglo el mundo sanitario campogibraltareño, y muy especialmente el algecireño, se vio entristecido por la pérdida de un gran profesional de la medicina muy apreciado personal y científicamente en nuestra ciudad, don Salvador Gómez Pecino. Según el expediente del Juzgado de primera instancia de Algeciras, instruido por el que fuera su escribano don José María Medina Rodríguez, sobrecoge el testimonio ológrafo (de su puño y letra) que el finado realiza durante los que fueron sus últimos días de vida: Ynvocando al Santísimo nombre de Dios, Trino en persona y Uno en esencia. Notorio sea a todo el que la presente viere y leyere, como yo Don Salvador Gómez Pecino, natural y vecino de esta villa, de 56 años de edad, casado con Doña María Jesús García Roncero, Licenciado en Medicina y Cirujía, como encontrándome enfermo en cama con el padecimiento crónico de lesión orgánico del corazón pero en mi completo entendimiento, y esperando con resignación Cristiana la hora de mi muerte, tributo tan preciso legado por la divina providencia y para cuando esto suceda formalizo esta cédula […], como mi última y deliberada voluntad en instituciones de [...] escritos por no haber Notarios en esta Villa, debiendo contener las condiciones siguientes: 1º Declaro ser Católico y Apostólico y en tal religión he convivido y pienso morir. 2º Que me encuentro en estado de casado con la referida Doña María Jesús García Roncero, de cuyo matrimonio no hemos procreado hijos alguno y que soy hijo legítimo y de legítimo matrimonio de Don José Gómez Delgado y de Doña Ysabel Pecino Tocón, los cuales fallecieron por cuyos motivos no poseo herederos forzosos por Ministerio de la Ley... Desde todos los estamentos sanitarios de la ciudad de Algeciras, se le hizo llegar llegar a su viuda y familiares el pésame por tan sensible pérdida.

Gratuidad para los pobres en el anuncio de don Ventura Morón. Gratuidad para los pobres en el anuncio de don Ventura Morón.

Gratuidad para los pobres en el anuncio de don Ventura Morón.

Desgraciadamente aquellos primeros años de la nueva década no fueron precisamente buenos para algunos de los más destacados nombres de la práctica médica de nuestra ciudad, el profesional más popular entre todos don Ventura Morón, recibió en su despacho del Hospital de la Caridad –su consulta privada estaba instalada en el número 7 de la calle Cristóbal Colón– y de manos del alguacil municipal, la notificación en la que se le anunciaba: “Destitución de sus cargos de Medico Higienista y Director del Hospital Civil Municipal por acuerdo plenario de 3 de Marzo de 1905”.

El reconocido profesional, lejos de amilanarse ante lo que él consideró injusto proceder de la corporación que presidía Juan Guadalupe Sánchez (industrial local que poseía en aquel momento un establecimiento de bebidas en el número 9 de la calle Prim, teniendo como encargado del mismo a su asalariado José Trujillo; años después y según la R.O. del Ministerio de Hacienda, fechada en 7 de Mayo de 1912: Don Juan Guadalupe Sánchez, ha sido nombrado: Administrador de Loterías de 1ª clase, número 3 de ésta Ciudad, con carácter provisional y fianza también provisional de 15.000 Ptas. ante la Dirección General del Tesoro Público) decidió afrontar la situación y con el asesoramiento legal debido procedió a elevar recurso ante la instancia superior contando con el apoyo inestimable de varios concejales contrarios a la medida, resolviendo la superioridad y obteniendo el galeno siguiente dictamen favorable:

“El Excmo. Señor Gobernador de esta provincia ha resuelto con fecha 29 de Septiembre de este año –menos de tres meses desde la sesión plenaria que determinó la destitución– que se le reponga de dichos cargos inmediatamente, por estar tomado aquel acuerdo municipal fuera de la competencia del Ayuntamiento y con notoria infracción de las disposiciones vigentes”.

Una vez en mano la resolución administrativa emitida por la instancia superior, Morón, acompañado de los concejales amigos Germán Sagrario Fernández y Jorge Glynn Mainnet (el primero era el representante en la zona de la poderosa familia de origen vasco apellidada Areyzaga, dueños entre otras propiedades de las Dehesas de Ojén y Zanona, y el segundo, hombre de negocios domiciliado en el número 16 de la calle Alfonso XI, que entre otros, representaba a la Compañía de Seguros La Themis en nuestra ciudad, además de dedicarse a la compraventa de grano. Ambos políticos junto al doctor Morón, formaban parte de la junta directiva de la Sociedad Casino de Algeciras), se personaron en la casa consistorial y solicitaron audiencia para reclamar la reposición en su puesto de don Ventura, dando cumplimiento al dictamen del órgano provincial.

El Alcalde, según la documentación consultada, recibió a la comitiva y una vez conocida por esta la resolución del Gobernador de la provincia contestó a los presentes: “Que no podía proceder á darle la posesión en el cargo por haber nombrado el Ayuntamiento con anterioridad una Comisión para que estudiara el asunto y propusiera lo que procedía y no haber dictaminado esta todavía”.

Se ha de suponer que los presentes harían ver al Sr. Guadalupe la carencia de legitimidad de la citada comisión, dada que la misma se originaba, como muy bien expresaba el dictamen favorable a don Ventura, por: “Estar tomado aquel acuerdo municipal fuera de la competencia del Ayuntamiento”. También y de seguro, como hombre amante de la legalidad, el popular galeno le haría saber al Sr. Guadalupe su intención de recurrir a las instancias legales que hubiere a lugar para preservar sus derechos. Se desconoce la resolución –en caso de que la hubiera– de la citada comisión municipal promovida por el Alcalde Juan Guadalupe, siendo muy cierto que en la documentación de la época y con posterioridad a los hechos que se narran aparece Don Buenaventura Morón como Médico Higienista y Director del Hospital Civil de la Caridad. Lo cual indica que en aquel turbio asunto, prevaleció la legalidad vigente.

De regreso a la rutina sanitaria de la ciudad, comentar el intento de control que por parte de la Junta de Sanidad Local, se procuró hacer sobre la llegada de animales desde otros municipios hasta el de Algeciras, y como tal se expuso ante la autoridad competente al conocerse la compra que por el vecino de nuestra ciudad, el barbero y pequeño ganadero Juan Alcántara Moreno se hizo de: “115 cabras, 9 vacas, 35 cerdos, una burra y su rucho y un potro, al vecino de Los Barrios Antonio Andrades Moreno, en la cantidad de 2.875 pesetas”. La lógica y adelantada pretensión de la Junta Local, requería de unos medios personales y materiales que el Consistorio no estaba en condiciones de asumir económicamente.

La preocupación por el control de posibles brotes epidémicos estaba tan presente en la actividad política de la ciudad, que era extraño que en las sesiones plenarias no imperasen los temas relacionados con la sanidad, por ejemplo: “Se dió lectura a la circular del Gobierno Civil de esta provincia disponiendo que el nombramiento de la nueva Junta Municipal de Sanidad, se haga en el més de Febrero próximo, hasta cuya fecha habrá de ejercer sus funciones la actual”. Otra: “Se admitieron en el padrón de beneficencia dos familias pobres de solemnidad teniendo derecho a médico y medicinas”.

Siguiente: “Se acordó la limpieza de los escusados del Hospital Civil”. Pero a pesar de las medidas preventivas tomadas la falta de higiene seguía imperando en nuestra población reflejándose en la misma sesión: “Se propone crear una Comisión del Ayuntamiento que pase á las escuelas y conozca el estado de higiene de las mismas”. Al mismo tiempo que se considera oportuno crear la citada comisión para inspeccionar los colegios de la ciudad, otro grupo creado anteriormente presentó escrito negativo en relación a: “La Comisión de Policía Urbana presentó informe sobre la necesidad imperiosa de una limpieza general de esta población”. Llegándose al caso de que a las puertas mismas del recinto hospitalario municipal, urja: “Que se hagan las reparaciones necesarias en una madrona que existe en la plaza de Don Juan de Lima”. Y por último se consideró oportuno: “Nombrar enfermero del Hospital Civil á Francisco Márquez”.

Nuevamente el cada vez más solicitado por la población local y comarcal Hospital Civil de Algeciras, entra en números rojos, no faltando quién denuncie el abandono provincial sanitario hacia este rincón: “La distancia respetable que separa esta región de la capital, la necesidad del indispensable expediente, plaga terrible que todo lo consume y paraliza en España hace ineficaz los sacrificios de esta región en lo que contribuye por Beneficencia á la Diputación y en este punto precisamente estriba el que el Hospital Municipal de Algeciras sufra y pague lo que corresponde á la Diputación, pués el Alcalde tiene que admitirlo forzosamente ó dar lugar á espectáculos horrorosos que redundarían en contra de la buena fama de la culta y caritativa que goza Algeciras […], lógicamente está el remedio de cerrar el Hospital Municipal si es que no lo subvenciona la Diputación como corresponde por equidad”. Prosiguiendo el documento consultado: “A este fin debe encaminarse todo elemento de poder de Algeciras, sin distinción de partidos, con tesón y sin desmayos, pués cada día se hace más urgente por la aglomeración de enfermos y aumento de la población flotante”.

De regreso a la rutinaria asistencia sanitaria comentar que según se recogió en parte facultativo: “En la madrugada del lunes al dirigirse á los trabajos que se están practicando en Punta Carnero, el empleado Baldomero Lora tuvo la desgracia de caerse en un hoyo abierto frente al Casino en las escabaciones que se están haciendo para la recomposición de las tuberías del agua, sufriendo dicho individuo al caerse varias contusiones y la rotura del antebrazo”. Añadiéndose: “La zanja abierta no tenía farol para prevenir tal desgracia”. Asistencias rutinarias aparte, las críticas sobre el estado económico del Hospital y el abandono que sufren los enfermos pobres que en él fallecen se recrudecen: “En el pasado en la culta y católica Algeciras se conducía a los pobres de solemnidad fallecidos en la Caridad sin caja propia […], un Alcalde de la época quiso acabar con el ya popular ataúd de la Caridad haciendo uno nuevo.

Esperamos se concluya –prosigue el documento consultado– con el espectáculo nada grato de la forma solitaria de conducir á los muertos, esperando de las Señoras -con posibles- ayuden con las limosnas á sobrellevar la carga de beneficencia al Ayuntamiento y ninguno más necesitado hoy que este de Algeciras”. Contemplándose la realidad económica municipal de aquel momento, menos se entiende que el consistorio gastase su tiempo en reuniones, comisiones o sesiones para sustituir a don Ventura Morón. Desconociéndose la raíz de tan injustificable medida política, quizás se encuentre la respuesta en el rico refranero español al indicar: ¿Quién es tu enemigo?, el que es de tu oficio. Pero esa es... otra historia.

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