Campo chico Mejor por la calle Sacramento (I)

  • La historia de la Tía Anica estaba ligada a esta vía, equivalente a su vez a mercado, con olores a fruta, pescado y curtidos que se mezclaban en el aire que respiraban los transeúntes

Panadería de la calle Sacramento.

Panadería de la calle Sacramento. / E. S.

La historia de la Tía Anica está tan ligada a la calle Sacramento que para los especialitos que hayan superado la madurez, son dos referencias asociadas. La protohistoria del marco de acceso a esa cuesta, hoy llamada Rafael de Muro, es la casa de los Salvo, antecedente de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y taller creativo de bajorrelieve y escultura en mármol. El frente de Los Gallegos era una especie de cartel urbano que ofrecía al viandante las dos alternativas posibles para bajar hacia el sur del centro histórico.

La calle Real en ese tramo descendente era, como he escrito en repetidas ocasiones, más proclive a significarse como ruta hacia el frente marítimo, hacia la Marina, el Puerto, El Club Náutico o el Paseo de la Conferencia, camino del Cristina. Por su parte, la calle Sacramento, era la calle del mercado por excelencia. En su confluencia con la calle Panadería (Castelar), estuvo, de hecho, el primer asentamiento de mercado que tendría Algeciras, que se prolongaba hasta la plaza.

El olor a fruta de la que al por mayor traían los Ortega, se mezclaba con el de mar del pescado fresco, el aroma a barro húmedo de la arcilla del taller de los Contrera y el de los curtidos de Hidalgo y Coronado, dos socios casados con dos hermanas de la familia Millán. El establecimiento era conocido por el nombre del primero y fue referencia en la fabricación a la medida de botas de montar y militares; decíase de “ancas de potro”, aludiendo a la finura y suavidad del cuero y a su procedencia. “Toreros, ganaderos, militares, rejoneadores y muchos paisanos lucieron, como yo mismo, sus botas”, me escribía ayer Rafael (Fali) Rus.

Fali está emparentado con una hija de Hidalgo, Mariluz, alta y guapa, que casó con su hermano mayor, Antonio Salvador. Tuve una entrañable amistad, que conservo, con los Rus y sus amigos los Sarria. Los primeros procedían del entorno de Sevilla, aunque de orígenes muy repartidos a causa del oficio. Su dedicación a la ingeniería civil, los mantenía durante años en lugares diversos y circunstanciales. Los Sarria eran más próximos, Juan era de La Línea y su esposa del Tesorillo.

Algeciras, en particular, y la comarca en general siempre fueron territorios bien dispuestos para promotores, constructores, contratistas y, en general, para la gente relacionada con la vivienda y la obra civil. Signos elocuentes de un dinamismo social del que no somos conscientes del todo. Pocos lugares en el mundo habrán evolucionado como el Campo de Gibraltar en los últimos cincuenta o sesenta años. Ni los habrá que tengan un más claro y mejor futuro, sobre todo si se cuida el medio y se hacen las cosas como Dios manda, controlando la especulación y el mal gusto, bastante más abundante por estos pagos de lo que sería de desear.

Pocos lugares en el mundo habrán evolucionado como el Campo de Gibraltar en los últimos cincuenta años

Para aproximarse a la popularidad de la Tía Anica, hay que remontarse a cuatro generaciones y adelantar que su casa era uno de esos lugares del que sabía todo el mundo en aquellos años de limitaciones. El negocio familiar tenía que ver con los disfraces de carnaval o de lo que viniera a cuento, y tejidos de todas las texturas. Con el tiempo fue agregando el menudeo de lo que venía de Gibraltar, el Roter, la sacarina, las medias de nylon y cosas así.

Esa casa le hacía la competencia al Emporium, en la calle Real de la colonia, y se podía encontrar en ella “de todo como en botica”. Era una aproximación en chiquitito a lo que hoy son las grandes superficies. Ahí empezaba –nada más entrar, a la izquierda– la calle Sacramento, por donde mejor se iba a la compra.

Ese costado que alcanza, al otro lado, a la cuesta de la calle Real, hoy convertido en un bloque fantasma por mor de la especulación y el abandono, albergaba a ambos lados un pulso comercial acelerado, que para hoy lo quisiera la calle Ancha. De hecho, entonces el latido del comercio y el mercado de Algeciras residía, justamente, en el entramado viario que desde ahí llegaba al cauce del río hoy cubierto por esa especie de senda de horcas metálicas, llorando moho en los días de lluvia, que en un golpe de gracia, nos colocaron en su día, nuestros gestores municipales.

Río de la Miel, hacia 1.900. Río de la Miel, hacia 1.900.

Río de la Miel, hacia 1.900. / E. S.

Sin sospechar que de ella surgiría una familia importante para nuestra ciudad, Ana llegó a Algeciras en la primera mitad del siglo XIX. Un siglo especialmente complicado para los españoles, al que hay que prestar atención para comprender nuestra posición relativa entre los estados de nuestra área geopolítica. Procedía de Águilas, un pueblo costero de Murcia, distinguido y acogedor, muy de veraneo de gente con posibles. Como buena murciana, Ana era Anica para sus próximos.

Tuvo dos hijas, Concha y Ana, pero fue Concha la que heredó el nombre de su madre a los efectos del sentir de su entorno social. Concha, es decir la Tía Anica, fue desde su primera madurez, una mujer emprendedora en un ambiente lleno de carencias, el de los años cuarenta, y con una gran dependencia de Gibraltar, sobre todo cuando al término de la segunda guerra mundial, Europa empezaba a pensar en sí misma como un proyecto compartido, alejado de los terribles conflictos que habían esquilmado a lo mejor de su juventud.

Pronto, en 1950, nacería la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, primer eslabón de la cadena que ha conducido hasta la actual Unión Europea. Sus “padres fundadores” fueron Jean Monet (francés), Robert Schuman (luxemburgués), Konrad Adenauer (alemán) y Alcide De Gasperi (italiano), los cuatro católicos. Se cuenta que Shuman y Adenauer, rezaron en la Catedral de Estrasburgo ante la imagen de la Inmaculada Concepción, con una corona de doce estrellas sobre fondo azul, en la que se inspiró el estrasburgués Arsène Heitz para proponer la composición cromática de la bandera e iconos de la Unión.

La Tía Anica fue una mujer emprendedora en un periodo pleno de carencias

Hijos de la Tía Anica fueron José Manuel García Jimeno, durante muchos años en el Banco Español de Crédito de la plaza alta, hombre muy querido en Algeciras y excelente pintor, y Chela, esposa del inspector de Banesto, Santiago Sarmiento, y madre de nuestro compañero Shamuti, un adelantado de las mejores promociones del Instituto.

Con el gran Antonio López Canales, Shamuti se hacía el cerco de la Bahía en bicicleta como ahora lo hace andando Miguelete. Con Shamuti aprendí a escuchar música y visité las primeras bibliotecas a nuestro alcance, la del Pabellón del Casino, donde después estaría el cine Almanzor, y la Sociedad Algecireña de Fomento, en el edifico que alberga hoy a la Peña Miguelín. Shamuti tenía madera de líder y tal vez eso le hiciera conservar durante muchos años la representación del Banco Español de Crédito, en Caracas, la entonces próspera capital de Venezuela. Hace poco he tenido ocasión de hablar de él con Leopoldo López (padre), figura carismática de la oposición a la dictadura chavista que preside Nicolás Maduro.

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