Algeciras Vuelve el toreo a Las Palomas con un indulto y puerta grande para Roca Rey

  • Gran tarde de un Morante de la Puebla con ganas, orejita para Juan Ortega en su debut y lleno en el estreno de la nueva empresa

Roca Rey ante su segundo toro en Las Palomas

Roca Rey ante su segundo toro en Las Palomas / Erasmo Fenoy

Muy buena noche de toros, entretenidísima, seguro que nadie salió defraudado y todos lo pasaron muy bien en el estreno de la nueva empresa.

La noche comenzó con el emotivo recuerdo a Pedro Ojeda Luque, maestro de chiqueros, gran persona, muy dado a quitarse esa coraza que requería un oficio taurino de tanta responsabilidad. Hombres como Ojeda son la sangre de una plaza de toros, la afición pone la personalidad, pero la solera taurina de Algeciras debe mucho a nombres como Ojeda, Antoñón o el Veneno de La Perseverancia, como Eduardo Chaín en Cádiz, Luichi o Cruceyra en San Fernando o los Camacho en El Puerto.

Son la esencia y tradición del coso. Repito, la afición aporta la personalidad y el público mayoritario marca el rumbo.

Y viene todo esto al hilo porque la noche de este sábado fue muy positiva: la feliz vuelta del toreo, la elogiable apuesta a pecho descubierto de la empresa, la buena respuesta del buen público, orejas e indultos... Una noche de disfrute, pero tampoco hay que olvidar que esto es Algeciras, que su plaza Las Palomas, es hija de la Perseverancia, que a su vez es hija de la Constancia y que aquí un alguacilillo tiene en las espalda tres siglos de historia y rigor. No hay mejor triunfalismo que el que deriva de la calidad. No se olvide que esta fue la plaza que indultó a Comedia.

A primera vista la plaza estaba rara: sin el trajín de la feria, sin las medias noches con jamón dulce de las meriendas, sin esas bateas de pasteles que te ofrecen en el tendido. Pero tras el minuto de silencio y sonar el himno nacional los tendidos estaban vestidos de la fiel Algeciras más taurina y aquello era de verdad la plaza de Las Palomas. Buen augurio para un verano taurino a explotar en fecha descubierta por la empresa. La noche también trajo ilusión al público que quería que todo saliera redondo.

Morante de la Puebla, asomándose al balcón en la suerte de banderillas. Morante de la Puebla, asomándose al balcón en la suerte de banderillas.

Morante de la Puebla, asomándose al balcón en la suerte de banderillas. / Erasmo Fenoy

Como Morante de la Puebla. Quiso mucho en la agradable noche algecireña en la que fue un torero con mucho sentido del espectáculo, buscando ingredientes para el tendido. Y fuera de sus toros, cómo se colocaba para hacer los quites a los banderilleros de Juan Ortega con dos de ellos providenciales en la lidia del segundo y animando al banderillero en el quinto.

En Algeciras te dicen que no se le “jama”, que no ha redondeado. Si eso es cierto se ha reconciliado con Las Palomas, que le ovacionó fuerte. En su primero cuajó momentos muy bellos, se lo pasó además muy cerca y muy bien colocado y no fue toro fácil, sino uno de esos que da lo bueno que tiene si el torero tiene capacidad. La espada malogró una actuación con pasajes de belleza, torería y que además estaban justificados a la medida de lo que requería el buen toro.

Con su segundo no pudo ser. El poco riguroso palco, tan pródigo para unas cosas, fue mezquino para devolver a un protestado por invalido animal que claudicaba de manos en la muleta de Morante. El torero, con aroma, tiró del recurso de banderillear en tres felices pares, el último como Antonio Carmona El Gordito, citando sentado con la pierna cruzada en el estribo para embrocar casi a topa carnero. Además se adornó en un inspirado descabello a pulso arqueando la pierna que tal vez fuera un guiño al maestro Roberto Domínguez, presente en el callejón. En sus dos toros fue cogido, en el primero tras la vara con ese capote con el que dejó personalísima huella en los lances de recibo, y en su segundo al perder pie en un par.

Juan Ortega hizo su presentación en Algeciras Juan Ortega hizo su presentación en Algeciras

Juan Ortega hizo su presentación en Algeciras / Erasmo Fenoy

Juan Ortega no puede esconder lo buen torero que es y la calidad aflora, con la muleta planchada, el templado vuelo del engaño con una muñeca de prodigio y una forma natural de componer la figura que embellece lo que hace. Pero ayer se topó con dos toros que le remitieron el indeseable aviso de la colada, la protesta, la cara alta y las malas miradas y se quedó en ese indefinido terreno que existe entre la duda y la desconfianza y que no es precisamente en el que quiere estar y desarrollar su toreo. Fue un torero fiel a su concepto, que quiso imponer su estilo, pero que no lo termino de conseguir, mucho menos en su deslucido segundo. El desprendido palco le regaló una orejita minoritaria sin historia que tampoco protestó nadie.

Roca Rey fue el triunfador de la tarde con las dos orejas y rabo simbólicas de su primero. Los lances de recibo a pies juntos, el variado quite con cinco suertes diferentes ligadas y el escalofrío del estatuario para abrir faena. La entrega del toro y su codicia en el toreo en redondo imantado a la muleta de Roca Rey fueron el claro presagio del indulto, que llegó tras una con el torero muy doblado arrastrando la muleta ante el humillado animal. Sobrado y poderoso el torero.

Su segundo se quedó más crudo en varas y hubo momentos en que desbordó al peruano en una entregada pelea intentado imponerse, algo que conseguiría el torero tras denodados esfuerzos. Abrió faena agarrado al estribo pero el toro se vino arriba, bravo con casta, un toro que dio espectáculo y al que le cortó una oreja.

Por tanto triunfo de la terna, del ganadero y de la empresa y a la postre triunfo de Algeciras. Triunfo, el triunfalismo sobra.

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