La música incomprendida

El impacto de la música clásica en el actual panorama musical es casi imperceptible tanto por la continua disminución (y envejecimiento) de su público como por su franco declive comercial. Vivimos en la sociedad de la inmediatez y la música, como cualquier otro producto, se consume de manera compulsiva, beneficiándose de ello sus modalidades más básicas y repetitivas (hip-hop, reggaetón…). La música clásica, en cambio, es de carácter complejo, estructurada y rigurosa. Es sensible, provoca emociones y su deleite reside en los detalles, en como una misma pieza puede ser interpretada de formas muy distintas. En contrapartida, requiere de un público atento y con un cierto conocimiento para ser capaz de apreciar los matices y sensaciones que se trasmiten con cada ejecución. Son contadas las ocasiones en que la música clásica adquiere una dimensión genuinamente popular: el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena que las televisiones trasmiten todos los primeros de enero (donde la etiqueta y el protocolo de sus elitistas asistentes suelen opacar a la propia música) o las actuaciones en la última década del siglo XX (en una curiosa sincronía entre la ópera y los Mundiales de fútbol) de los Tres Tenores. Paradójicamente la esperanza para la más clásica de las bellas artes está en la séptima y más modernas de ellas: el cine. Un biopic de Mozart, Amadeus, además de acercarnos a tan insólito personaje nos muestra toda la magnificencia de su música y -en una prodigiosa escena- ese momento mágico en que la inspiración brota de la mente del músico agonizante para dar forma a su Réquiem. El argumento de Amor inmortal es sólo un pretexto para extasiar a los espectadores con la -esta sí inmortal- música de Beethoven y Cita con Venus es la reinterpretación en un director de orquesta del mismo dilema amoroso del trovador Tannhäuser a la vez que el envoltorio perfecto para ofrecernos la grandiosa música de Wagner. Por otra parte, muchas películas han contribuido a popularizar piezas clásicas que forman parte de sus bandas sonoras. ¿Quién no se emocionó, con la Canzonetta sull'aria…, el bellísimo dueto de Las bodas de Fígaro que Tim Robbins hace sonar por la megafonía de la cárcel en Cadena perpetua? En Master & Commander, por ejemplo, nos deleitamos con la interpretación que, entre batalla y batalla, hacían el capitán y el médico de la fragata HSM Surprise de la Música Notturna Delle Strade di Madrid, un quinteto para cuerda de Boccherini y ¿cómo no asociar para siempre el adagietto de la Quinta sinfonía de Mahler a Muerte en Venecia? Las imágenes nos sirven, sin duda, de eficaz acicate para asomarnos al maravilloso mundo de las composiciones clásicas.

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