Cultura

Un violín en la oscuridad

  • RBA compila la colección de novela negra protagonizada por el detective Phillip Marlowe del escritor Raymond Chandler

Por razones diversas, quizá antagónicas, tanto Cernuda como André Malraux elogiaron la figura del investigador privado. El poeta sevillano, por cuanto había en él acuarela trepidante, de héroe solitario, de caballero penúltimo en la era de las muchedumbres. El ministro francés, por el nuevo tipo de ficción que suponía el hard boiled. Ambos comprendieron que el detective era una actualización, el heredero inmediato, de aquellos grandes marginados que había traído el Romanticismo. Lermontov y su Pechorin en Un héroe de nuestro tiempo, o aquel observador insomne, ambulatorio, demencial, urgido por las luces de la ciudad, que imaginaron Baudelaire y Poe en El hombre de la multitud.

Más tarde, Walter Benjamin daría la explicación histórica de aquella esfervescencia, y el trepidante afluir de hombres y periódicos, de altas chimeneas, que hicieron posible un nuevo anonimato. En cualquier caso, para Cernuda, la calidad literaria de Dashiell Hammett, su narración vertiginosa, era muy superior a la épica de Hemingway o el aburrido colosalismo de William Faulkner. Malraux, por su parte, encontró al detective privado tan inverosímil, tan fantástico e irreal como el malogrado heroísmo del Quijote o el hambre universal Gargantúa. Sin embargo, es necesario recordar que los relatos de Hammett, su singular novelística, venían extraídos de su experiencia en la Pinkerton. No se trataba ya de la inducción sobrehumana de Sherlock Holmes, o de los crímenes indescifrables, ocurridos en la campiña, que ideara Agatha Christie. Se trataba, por contra, de la observación minuciosa de tipos y especímenes, de gestos delatores, que la ciudad genera como una flora exuberante y ominosa. La literatura de Chandler viene de ahí. Viene del evidente magisterio de Hammett y de su concepción celérica, descarnada, cruel, en cierto modo alegre, de la existencia. La diferencia, diferencia crucial y hallazgo memorable, es que el cínico, el descreído Raymond Chandler, introdujo un lirismo desenvuelto, una poética salaz, donde Hammett había desplegado una violenta sucesión de hechos.

En ambos casos, lo que se ventila es una nueva soledad, tumultuosa y áspera, producto de la ciudad moderna. Por aquellos días, Hopper pintará madrugadas vacías y el espejismo libertario de los neones. Chandler, venido de la Gran Guerra, trae consigo un seguro conocimiento de la naturaleza humana. No es sólo ya la propia dificultad del heroísmo, su profunda inverosimilitud, sino que el héroe y el rufián, la cobardía y el arrojo, danzan amargamente en un mismo pecho. Al cabo, el anti-héroe del XX es este último intento de habilitar, desde el cinismo, una oportunidad para la épica. Una épica, en cualquier caso, que no vendrá de las grandes multitudes, del colosalismo romántico o la fiebre colectiva que abrasaba a Europa. El héroe de Chandler, el desgarrado y honesto Philip Marlowe, es una héroe crecido contra la masa, allí donde la corrupción policial, la sevicia política, la hegemonía de la mafia, dejan un lugar para la verdad, la libertad y el decoro.

Esto significa, en primer término, que Marlowe habrá de conquistar su libertad a puñetazos. Y en segundo lugar, que su lucha es una lucha agónica, un gesto terminal, una batalla perdida. En cierto modo, la fascinación que ejerce Philip Marlowe es aquella que nace del moribundo. El sueño eterno, La ventana alta, El largo adiós, La dama del lago, etcétera, no son sino la crónica, desvergonzada y urgente, de alguien que sabe que va a morir, y que su mundo agoniza, como un violín en la oscuridad, tras las persianas. Un hombre solo no puede nada contra la vasta proliferación del crimen. Y sin embargo, queda ese gesto ridículo y tenaz de adelantar la mandíbula ante lo inevitable. En su última novela, el Marlowe de Chandler es un hombre vencido que mira el televisor en Laurel Cannyon. Sin embargo, en otro tiempo la ciudad y la noche, los escotes propicios, el tintineo de las copas, le han pertenecido. Este último idilio del hombre y la metrópoli es lo que se resume en Marlowe. La travesía nocturna, la promesa de sus luces, el amor y la muerte en un descapotable.

Raymond Chandler. RBA. Barcelona, 2009. 1391 páginas.

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