Cultura

La perfección frente al riesgo

Festival Inernacional del Cante de las Minas de La Unión. Cante: Mayte Martín. Guitarra: Juan Ramón Caro. / Guitarra solista: Manolo Sanlúcar. Guitarra: David Carmona. Cante: Carmen Molina. Percusión: Agustín Diassera. Lugar: Antiguo Mercado. Fecha: sábado 7 de agosto. Aforo: Lleno.

Mayte Martín hizo un recital pulcro, perfecto, como en ella suele ser habitual. Tanto que el público, impresionado en sus butacas, no jaleó a la intérprete a lo largo de su recital, aunque la despidió con un largo aplauso al final del mismo. Perfecta la petenera, un estilo cada vez menos frecuente en los directos flamencos. Como infrecuentes son la guajira y el garrotín, prácticamente confinados en el ámbito del baile, que a continuación hizo la cantaora de Barcelona. En la guajira evocó en un sentido casi mimético el melisma dulzón de Juan Valderrama, a quien dedicó la pieza. En los cantes mineros fue Encarnación Fernández, la cantaora local que luego protagonizó uno de los recitales de la primera noche blanca flamenca unionense, la homenajeada. Martín hizo minera, cartagenera de Chacón y taranta de la Gabriela en el mismo orden y con la misma letra con la que consiguió la Lámpara Minera en este escenario a finales de los 80. Por fandangos se acordó de Huelva y por malagueñas de Chacón y el Yerbabuena, para acabar el recital por coplas buleaeras. Caro le ofreció un acompañamiento sutil, pleno de detalles, y alejado de los efectismos rítmicos característicos del toque contemporáneo.

Manolo Sanlúcar estuvo valiente en La Unión. El tocaor presentó su repertorio más actual, centrado en su última composición, una serie de piezas inspiradas en la obra del pintor Baldomero Romero Ressendi. No obstante, inició su recital con los acordes de Maestranza, pieza central de su obra más celebrada, Tauromagia. Ruiseñor y mirlo, un delicioso y exigente dúo a dos guitarras, fue otra concesión a la nostalgia, motivada en este caso por la actualidad. Es una pieza extraída de Y regresarte, el disco con el que homenajeó en 1979 a Miguel Hernández, poeta oriolano del que este año celebramos el centenario de su nacimiento. De Locura de brisa y trino ofreció cuatro piezas que fueron un reto para la joven voz de Carmen Molina que resolvió con toda solvencia. La Gacela del amor desesperado a dúo con la cantaora, le fue dedicada al compañero de andanzas juveniles de Sanlúcar Enrique Morente. Los alegres sones cantiñeros de La danza de los pavos cerraron la gala al filo de las dos de la madrugada. No obstante, este no fue el fin de la jornada flamenca en La Unión que, como he dicho, continúo con recitales en diferentes puntos de la ciudad a cargo, entre otros, del Niño de Elche o Bastián Contreras.

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