Silvia Pérez cruz, cantante y compositora

"La emoción es el lenguaje universal"

  • La aclamada artista catalana presenta en el Teatro Cervantes el próximo 1 de junio su último trabajo, 'Vestida de Nit', en la que su voz busca nuevas sonoridades junto a un quinteto de cuerda

Sílvia Pérez Cruz, en una imagen promocional. Sílvia Pérez Cruz, en una imagen promocional.

Sílvia Pérez Cruz, en una imagen promocional. / m. h.

Sílvia Pérez Cruz (Palafrugell, Gerona, 1983) presentará el próximo 1 de junio en el Teatro Cervantes de Málaga su último trabajo discográfico, Vestida de Nit, una compilación de canciones propias y versiones revestidas con la solemnidad de un quinteto de cuerda. Aunque, como advierte la autora, sin el corsé de la música clásica.

-¿Qué van a encontrarse quienes vayan a su concierto?

-Se van a encontrar con una cita llena de emociones, de valentía, de alegría. Vengo acompañada de un quinteto de cuerda: Elena Rey y Carlos Montfort al violín, Anna Aldomà a la viola, Miquel Àngel Cordero al contrabajo y Joan Antoni Pich al violonchelo. Somos seis personas que tocamos sin partituras, sin miedo, con muchas ganas de disfrutar y de compartir canciones que adoro. La idea es romper con la concepción tópica del quinteto relacionado con la música clásica e intentar que tenga la misma libertad que puede tener una guitarra. Es un viaje emocional y musical.

-Presenta Vestida de Nit, una recopilación de canciones que lleva tiempo haciendo en directo. ¿Cómo surgió este proyecto?

-El título viene de una canción de compusieron mis padres, con música de mi padre (Càstor Pérez) y letra de mi madre (Glòria Cruz). El proyecto nació hace cuatro años, cuando me invitaron a un ciclo de música clásica en Madrid. Tenía muchas ganas de cantar acompañada sólo por un quinteto de cuerdas. En ese momento, y para sentirme segura, hice un repertorio a partir de canciones que ya conocía. Cuando acabamos, nos dimos cuenta de que nos encantó y no paramos de hacer conciertos durante tres años. En ese viaje pasaron muchísimas cosas y el repertorio fue mutando, incluimos canciones mías nuevas, otras versiones… Lo cierto es que las canciones son casi una excusa para investigar a nivel sonoro, quitando la barrera del atril, la matemática de la partitura… Creo que el disco va mucho más allá de una recopilación de canciones.

-Están La lambada o Hallelujah de Leonard Cohen. ¿Quedaron otras fuera? ¿Cómo las eligió?

-Sí que quedaron canciones fuera, sucede en cada disco. Y en cada concierto cambiamos piezas, añadimos, quitamos, otras han salido después de la grabación. Hay canciones escogidas por su generosidad, que permiten jugar mucho con ellas y recibieron muy bien el arreglo de cuerda. Luego hay canciones mías que hemos visto que cuadraban, Ai, ai, ai [ganó el Goya a mejor canción original] o No hay tanto pan, de la banda sonora de Cerca de tu casa. La lambada surgió porque tenía muchas ganas de hacer una versión de esta canción, la melodía me parecía preciosa. Hallelujah es otra historia muy distinta. Sabía que Leonard Cohen no quería que se hicieran más versiones, pero pensé: "Pues no hagáis canciones tan bonitas". La grabé en el disco y no me gustó cómo quedó y la descarté. Unos días después de que muriese Cohen, pensé que tenía que volverla a escuchar y me di cuenta de que el arreglo de Carlos Montfort era muy bonito, lo que no me gustaba es cómo la había cantado: creía que tenía que ser un hombre mayor, de noche, con un vaso de whisky en la mano… Al final encontré la manera de cantarla. Supe que tenía que cantársela a él ahora que ya no estaba, cantarle el Hallelujah en su ascenso a las estrellas.

-En sus conciertos es capaz de pasar de cantar a Lorca a La Macarena. ¿Cómo se hace esto? ¿Hay prejuicios en el mundo de la música?

-Hay prejuicios en todas partes. Yo creo que soy una persona que tengo pocos prejuicios, por lo menos con la música. Es verdad que me gusta cantar canciones muy intensas, a veces tristes, pero porque me ayudan a llegar más lejos, son como una especie de purga, de limpieza de tristezas, es otro modo de felicidad, no sufro cuando las canto. Pero también creo que el humor es muy importante, como un respiro, porque tanta intensidad no se puede aguantar.

-Canta en catalán, español o portugués. ¿Le sale natural o cómo toma la decisión respecto al idioma en cada canción?

-A la hora de componer, cada idioma tiene su propia energía, su actitud, y depende de cómo lo haces convivir con la melodía puede potenciar una parte más romántica, o más dura, o más fuerte… Así que es un poco como un cocinero, que no siempre combina los alimentos del mismo modo. Yo tengo unos recursos, sé que existen estos idiomas, y normalmente cuando compongo lo hago en catalán, castellano y portugués. También me ha salido alguna en inglés. Cada idioma tiene su musicalidad, así que hay que estirar del hilo y ver qué es lo más orgánico en cada caso.

-¿Puede suponer esto un freno a la llegada a un público más amplio que si cantara, por ejemplo, sólo en español?

-Nunca lo he pensado así. Para mí, la música es libertad y yo lo hago pensando en la canción sin pensar en el público, aunque es verdad que hay algunos repertorios que funcionan mejor en un país que en otro. Por ejemplo, cuando cantaba En la imaginación con Javier Colina, filin cubano en el que las letras tenían muchísima importancia, se disfrutaba más cuando el público entiende lo que dices. Hay gente que dice que la música es un lenguaje universal, pero yo tengo mis dudas. Una vez compartimos escenario con unos coreanos y no había manera de entenderse, no teníamos los mismos patrones. A la conclusión que he llegado es a la de que el lenguaje universal es la emoción. Por ejemplo, en Nueva York canté un repertorio en cinco idiomas distintos y sentí que conectaba con la gente sin entender lo que decía.

-Muchas de las canciones de su repertorio son versiones, ¿cómo las elige? ¿Qué debe tener una canción para que pase a formar parte de su repertorio?

-Desde que empecé a hacer álbumes a mi nombre, intento hacer un disco de cada intercalados: uno de composiciones propias en el que descubro mi manera de contar, de escribir, de arreglar. Y, por otro lado, he aprendido mucho de las versiones a nivel de interpretación vocal, hasta el punto de que cuando canto algo mío no lo disfruto hasta que pienso que no es mío, hasta que me versiono a mí misma. La manera de elegir el repertorio es desde la emoción.

-¿Cómo se define Sílvia Pérez Cruz? ¿Cantante, compositora, intérprete, vocalista, música?

-Soy músico, un músico al que le gusta mucho cantar, y una apasionada del arte. Por eso me gusta tanto mezclarme con otras disciplinas artísticas. Aprendo mucho del teatro, del cine, de la pintura, la fotografía, la danza…

-En la actualidad, hay una nueva corriente feminista que está calando en todos los aspectos, ¿ha sentido machismo en la música a lo largo de su carrera?

-Sólo lo viví en Granada, cuando trabajé con Refree, porque la gente daba por sentado que la parte de creación y pensada del proyecto era del hombre y la parte emocional, de la mujer. Esto me hizo reaccionar, porque a mí no me gusta tener que decir por qué hago lo que hago, sino que lo hago porque me gusta. Me entristecía mucho ver que se daba por supuesto.

-En su música ha abordado temas de mucho compromiso, como los desahucios. ¿Qué le inspira a la hora de componer?

-A nivel musical, la inspiración viene de muchos sitios. Puede ser un ritmo, un acorde, una emoción… Pero a nivel de letras, que es algo relativamente nuevo para mí y que no es mi oficio, ha habido un recorrido. Lo empecé en 11 de novembre como necesidad, porque era un disco dedicado a mi padre que acababa de morir y fue una especie de purga. En Domus descubro otra parte. Por primera vez, me veo teniendo que explicar cosas de otros, pasándolas por mi filtro pero desde un punto de partida externo, porque yo no he sido desahuciada, así que tuve que buscar puntos de conexión como la dignidad, el amor, la tristeza...

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