Kostas Tosidis. Guitarrista

"El arte siempre estuvo conectado con las revoluciones"

  • El músico griego, nacido en Salónica en 1978, entra en la nómina del joven sello Contrastes Records con un CD que incluye algunas obras inéditas en el mundo discográfico.

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Unreal City. Kostas Tosidis, guitarra. Contrastes Records.

Alumno en su día del linarense Ricardo Gallén y actualmente profesor en Salzburgo, Kostas Tosidis ha reunido cinco obras del último siglo escritas por compositores de estéticas muy variadas, cuatro de ellas inéditas en el medio fonográfico.

-Unreal City es su primer disco en solitario. ¿Cuál es la génesis del proyecto?

-Detrás de cada una de estas cinco sonatas hay una historia personal. La de Ginastera la toqué por primera vez en los exámenes para obtener el diploma de guitarra griega. Tal Hurwitz es un amigo al que conocí en España y cuya obra escuché por primera vez interpretada por él. La Sonata de Cristóbal Halffter, que es una transcripción de Eliot Fisk del original para violín, abrió un nuevo universo para mí en el campo contemporáneo. Mi arreglo de la Sonata de Ligeti forma parte de un proyecto más amplio: el de transcribir para guitarra obras escritas para violonchelo de compositores como Crumb, Kodály, Xenakis y otros. Mientras trabajaba en ella, esta pieza ha cambiado mi forma de entender el instrumento, gracias también a la ayuda de mi buen amigo y antiguo maestro Ricardo Gallén. En cuanto a Atanas Ourkouzounov, autor de la última sonata del disco, nació en Sofía, a tres horas de mi casa. A mitad de camino de ese viaje vive mi lutier, Alector Guitars. Esta pieza me hace volver a mis orígenes.

-¿Cómo conoció el sello Contrastes Records y por qué decidió publicar su álbum en él?

-Lo conocí a través de las redes sociales y de la web del Festival de Guitarra de Sevilla. Tropecé enseguida con el nombre de Francisco Bernier, y eso me dio confianza: que un artista esté al frente de la marca es muy importante. El sello me pareció muy profesional: buena presentación, artistas prestigiosos, con presencia de los ganadores de los más importantes concursos de guitarra, una visión de la música contemporánea y un equipo que sabe lo que quiere. Presentar un CD con cinco sonatas, cuatro de las cuales no se habían grabado nunca, era algo que me preocupaba. Pero ellos se mostraron siempre entusiastas y el resultado final es increíble. Estoy muy contento y honrado de formar parte de esta familia.

-El CD incluye cinco obras de cinco compositores nacidos en el siglo XX, pero de estéticas muy diferentes. ¿Qué ha pretendido con esta selección de obras?

-Trato de combinar innovación y tradición como una declaración personal, no exenta de riesgo. Todas las obras se escribieron en los últimos 60 años, pero cada una con un enfoque y un lenguaje propios. La Sonata de Ginastera es una de las obras maestras del siglo XX en su combinación de música tradicional argentina y serialismo. Tal Hurwitz refleja el escepticismo y el romanticismo de un ser humano de nuestro siglo. En su obra uno puede sentir el miedo, la ira, la ansiedad, pero también la esperanza en el futuro. La Sonata de Ligeti fue escrita en dos períodos diferentes de su vida con un intervalo de 20 años, y ello por razones políticas. Creo que los artistas deben hablar a través de su música; el arte siempre estuvo conectado con las grandes revoluciones, con la lucha por los derechos humanos y contra la injusticia. La Sonata de Halffter es también una combinación entre la música tradicional, española en este caso, y el dodecafonismo. La Sonata de Ourkouzounov reúne música folclórica húngara y búlgara, pero de una forma moderna.

-¿Qué le atrae de la Sonata para violonchelo de Ligeti y por qué sintió la necesidad de hacer esa transcripción?

-El violonchelo es un instrumento que me habría encantado tocar. No sé realmente por qué nunca lo hice. Hace unos años escuché en la Universidad del Mozarteum, donde estudié y ahora enseño, una interpretación de esta obra, que ya conocía por el disco, pero esa audición me inspiró enormemente: la melodía del primer movimiento, las quintas del segundo, y todos esos pasajes tan apasionados me hicieron pensar que habría de sonar bien en la guitarra. Después de casi dos años de trabajo, de cambiar muchas veces las digitaciones, llegué a la última versión que es la que he grabado.

-Dos de las obras incluidas en el CD son de compositores jóvenes, nacidos en 1970 y 1981. ¿Es un riesgo asumido?

-Son obras compuestas por dos buenos amigos, que además son intérpretes en activo. Es realmente difícil encontrar compositores guitarristas que escriban una música tan profunda usando su propio lenguaje. La Sonata de Tal Hurwitz se la escuché por primera vez a él mismo en Ollería (Valencia) en un concurso de guitarra en el que los dos participamos. Es una de las piezas más difíciles que he tocado nunca: exige un altísimo nivel técnico y mucha imaginación para sacar todo el potencial que la obra encierra. La Sonata de Atanas Ourkouzounov fue como un regalo del cielo. Yo tocaba de forma habitual su música con mi grupo, Miscelanea Guitar Quartet, así que conocía su talento. Después de la grabación de las cuatro primeras obras para el CD, sentí que faltaba algo. Deseaba algo nuevo, fresco y que no estuviera grabado. Atanas inmediatamente me propuso su obra, y creo que fue la elección perfecta.

-¿Cómo ve el repertorio actual para la guitarra?

-Pienso que hay mucha buena música, música de nuevos compositores, pero también música que nunca oímos porque no hay mucha gente que asuma el riesgo de ponerla en escena ante el miedo de que no convoque grandes audiencias. Yo siempre estoy buscando nuevo repertorio, nuevos compositores. Creo absolutamente en el intercambio entre el compositor y el intérprete; esto es lo que trato de hacer.

-Gran parte de su actividad la desarrolla en su grupo, ¿por qué un cuarteto de guitarras?

-Creo que un guitarrista debe dedicar el 60% de su trabajo a la música de cámara y el 40% a su carrera en solitario. A todos los guitarristas nos encanta hacer conciertos como solista, pero llega un momento en que el repertorio resulta limitado. Un cuarteto de guitarras puede sonar como una pequeña orquesta, pero también como un enjambre de mosquitos. El reto es grande. Tenemos que pelearnos con el ataque de cada nota, con la buena entonación y con el rango de nuestro instrumento. Somos cuatro guitarristas, pero tenemos que sonar como uno.

-¿Y qué tipo de repertorio hace con su cuarteto?

-Obras originales para la formación. Tratamos de evitar las transcripciones porque es algo que se ha hecho tantas veces... Tenemos mucha suerte de poder colaborar con grandes compositores como Marios Joannou Elia, Agustín Castilla-Ávila, Atanas Ourkouzounov, Mayako Kubo o Ian Krouse. Ya le dije que pienso que es fundamental la relación entre el intérprete y el compositor, una relación que requiere confianza y respeto, y exige aceptar riesgos y desarrollar la creatividad y la imaginación. Hicimos un disco para el sello español Arsis y ahora mismo estamos trabajando con otras dos nuevas grabaciones.

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