Entrevistas

Una peligrosa costumbre

l Lo que queda del Cable Francés se ha convertido en una especie de saltadero donde grupos de jóvenes se lanzan al agua desde alturas considerables. De nada sirven los avisos e incluso el cerrojo de la puerta de acceso a dichas instalaciones. Además de pedir un mínimo de sensatez a quienes realizan esta más que peligrosa actividad, bien estaría que la Policía Local se acercara por la zona para que algún día no tengamos que lamentar una desgracia.

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