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¿Quién está ahí?

El peluche protagonista de la obra. El peluche protagonista de la obra.

El peluche protagonista de la obra.

En estos tiempos de novelas gráficas para adultos, tebeos sofisticados y lecturas serias y densas, tiene uno que recordarse que el cómic es un medio tradicionalmente infantil, y es que, mirando la mesa de novedades, a veces, no se sabe bien qué ofrecerle a un niño. Por fortuna, hay álbumes como Buenas noches, Planeta, esta delicia de Liniers, primorosamente editada en nuestro país por Impedimenta, que devuelven al medio toda su ingenuidad, su gracia y su capacidad de maravilla.

El dibujante argentino afincado en Vermont tiene en su maleta virguerías como Macanudo, Conejo de viaje o Cosas que te pasan si estás vivo, y su libro The Big Wet Balloon fue seleccionado como mejor libro de 2013, antes de alzarse el año pasado con el premio Eisner al Mejor Cómic Infantil. Su estilo, heredero de los grandes clásicos, de línea juguetona y eficaz storytelling, se ha ido refinando con el tiempo, acercándose, cuando la ocasión lo exige, a ese otro mundo gráfico que es la ilustración. Buenas noches, Planeta cuenta la historia del muñeco homónimo, un tierno peluche que pasa el día de la mano de una niña, con quien juega a saltar al montón de hojas secas, se sienta con ella en el jardín o en el sofá, mientras leen un cuento, y no la abandona mientras se baña, come, se lava los dientes o, claro está, cuando se va a la cama. Pero todo cambia cuando la dueña se queda dormida. Peluche se pone entonces de pie y sale al mundo a correr sus propias aventuras. Primero andurrea por la casa, junto a Elliot, el perro de la familia, que lo lame, lo zarandea o le ayuda a subir al mueble para coger una galleta. Y luego, acompañado también por otro simpático habitante de la casa, un ratón, sale al jardín, se sube al árbol y salta con los brazos abiertos para tratar de alcanzar la luna. Amable y hermoso en su sencillez, Buenas noches, Planeta es un auténtico regalo para los más pequeños, pero también para los adultos, que reconocen la maestría de Liniers y se quedan embobados contemplando la belleza de las páginas.

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