Historias de Algeciras

El hotel olvidado

  • La Conferencia Internacional de 1906 dio tal impulso a Algeciras que sus propios vecinos empezaron a abrir negocios en la ciudad

  • Esta es la historia de uno de aquellos emprendedores

En el círculo a la derecha el edificio del Hotel Reina Victoria (1907). En el círculo a la derecha el edificio del Hotel Reina Victoria (1907).

En el círculo a la derecha el edificio del Hotel Reina Victoria (1907).

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La celebración de la Conferencia Internacional (1906), supuso un espaldarazo en todos los ordenes para nuestra ciudad. Tal fue el impacto social del reseñado evento que hasta los mismos vecinos de Algeciras –con más o menos posibles–, decidieron arriesgar y probar fortuna en la tierra que les vio nacer. Esta es la historia de uno de aquellos esperanzadores negocios, en el que su promotor pondría más ilusión que previsión.

Tras la marcha de los diplomáticos que durante largas y arduas sesiones habían decidido el futuro de Marruecos, un afamado farmacéutico de la población llamado Cristóbal Medina Sarrias (tenía su farmacia en la Plaza de la Constitución, heredándola en un futuro su sobrino Cristóbal Medina Sánchez, tras fallecer tan popular boticario el 3 de Enero de 1919), decidió comprar unos terrenos en lo que entonces eran las afueras de la ciudad hacia poniente, pensando en el inminente ensanche que la población iba a conocer –como así fue–, en años posteriores.

Para ello se fijó en unos terrenos junto a la Ronda o Secano, propiedad de Lacárcel, anexos a los que él ya había adquirido en 1905 al gibraltareño Abraham Benzaquen y Cazé, el cual a su vez anteriormente, los había comprado, segregándolos de las tierras de mismo Lacárcel.

Andrés Lacárcel Carreras, era el propietario de aquella gran superficie de terrenos que poco a poco iba enajenando y segregando en lo que se denominaba, según la documentación consultada “la ribera alta del Río de la Miel á espalda del Hospital Civil”. Prosiguiendo los textos estudiados con relación a la propiedad adquirida por el citado farmacéutico: “Miran á Levante y desembocadura de la calle Soria –hoy Castelar–, linda por el mismo Levante con la carretera; Poniente y Sur con terrenos de la misma huerta de Lacárcel; y Norte con terrenos que fueron de dicha huerta, propiedad de Eulogio Polinario. Contiene una casa de mampostería compuesta de casa de planta baja y principal”.

El citado caserón, situado en el interior de la propiedad de Medina Sarrias, fue levantado junto a la importante Ronda o Secano, estando destinado a fábrica de jabón, para la firma comercial de Lácarcel & Casero, siendo sus propietarios Andrés Lacárcel Caballero y Ricardo Casero Sanjuán. La fábrica tuvo una importante producción durante el tiempo en el que permaneció funcionando, dando trabajo a no pocos vecinos de Algeciras; al parecer y fruto de la intensa actividad que generó durante un corto periodo de tiempo ocurrió el siguiente suceso: “Advertido don Andrés Lacárcel por una de sus criadas de la rotura de la cubierta de un pozo existente en la huerta de su propiedad, procedió inmediatamente al reconocimiento de dicho pozo hallándose en él el cadáver del joven obrero Francisco Gavilán Vera. Este desdichado trabajaba en la fábrica del referido propietario y hacía 5 días que se ignoraba su paradero”.

El patriarca de todo el clan fue Francisco de Paula Puche, que tenía su domicilio en la calle Alfonso XI

Aquellos terrenos y caserón que fueron de Andrés Lácarcel, y posteriormente pasaron a la propiedad del reseñado boticario local, llamaron la atención del vecino de nuestra ciudad Francisco de Paula Moreno Muñoz, quién desde su domicilio en el número 15 de la calle Cánovas del Castillo (Real), creyó ver en ellos una buena oportunidad de negocio. Moreno Muñoz, tenía una cierta experiencia en la administración hotelera a través de la práctica en el establecimiento familiar, que se encontraba abierto en el número 2 de la calle José Santacana, denominado Hotel España. A Francisco de Paula no le era nada extraño el mundo de los negocios, estando conectado a éste, a través de su padre Francisco de Paula Moreno Delgado, administrador de fincas y representante en nuestra ciudad del marqués de Piedrabuena. Su apoderado en Algeciras convenció a tan noble sujeto para que adquiriese terrenos en la Villa Vieja, como lo demuestra el siguiente documento: “El marqués era propietario de una casa con el número 43 […] que va a la Villa Vieja por el Sur del Río (calle Aníbal), posteriormente la vendió en 11 de marzo de 1899”. Ambos, padre e hijo compartían domicilio en la calle Real, teniendo como empleado de confianza a Bernardo Traverso Rodríguez. La familia Moreno estaba muy enraizada en nuestra ciudad, Francisco de Paula Moreno (padre), era hermano de Carmen e Ignacio de Paula Moreno Delgado, difuntos, siendo el segundo presbítero en Algeciras, donde falleció. Sobre este último comentar que en su testamento nombró heredero a su hermano administrador, imponiéndole una serie de condiciones y obligaciones que al no poder cumplir, optó por repudiar la herencia. También era miembro de esta destacada familia el profesor de primera instrucción pública Lorenzo Ramírez Moreno, sobrino y primo respectivamente de Francisco de Paula Moreno Delgado y Francisco de Paula Moreno Muñoz, siendo éste último, junto al viejo caserón, principal protagonista de este trabajo de investigación. El patriarca de todo el clan fue Francisco de Paula Puche, fallecido con anterioridad, y que tenía su domicilio en la calle Alfonso XI o Imperial, colindante con la casa propiedad de la sociedad Casino de Algeciras.

La Sociedad Prados Hnos. compró el mobiliario del Hotel Termino en 1908. La Sociedad Prados Hnos. compró el mobiliario del Hotel Termino en 1908.

La Sociedad Prados Hnos. compró el mobiliario del Hotel Termino en 1908.

Moreno Muñoz, para poder hacer realidad su sueño, buscó el apoyo financiero del también vecino y alcalde de nuestra ciudad, Antonio Bonany Vargas-Machuca (líder del partido liberal conservador), y del malagueño Emilio Prado Naveros. Éste representaba a Prados Hermanos, una sociedad malagueñam que adquiriría un año después en 1908, por valor de 5.000 pesetas los muebles y enseres del Hotel Término, puestos en venta por el entonces propietario Juan Saccone Taylor, si bien el edificio que albergaba al establecimiento hotelero era propiedad de José Castillo, que tenía su domicilio en la calle cercana calle Marqués de la Ensenada). La participación de ambos en el negocio quedó del modo siguiente: “Sr. Bonany por una letra que garantizó al Sr. Moreno de 6.500 pesetas que este recibiera y los señores Prado Hermanos, una de 4.000 y otra de 5.000 pesetas”. El primer paso dado por Francisco de Paula Moreno, fue junto a su fiador Antonio Bonany, establecer el alquiler del caserón –propiedad de Cristóbal Medina Sarrias–, del modo siguiente: “Arriendo del piso alto de la expresada vivienda más una de la planta baja que es la del patio central y consta de tres habitaciones, llevan al efecto bajo las siguientes condiciones, para que el Señor Moreno pueda establecer en dicha parte de casa un establecimiento de fonda. La duración del arriendo es de 5 años que empezaría desde el día en que el Señor Medina haga entrega al Señor Moreno de las llaves de la finca que arrienda cuyos arreglos están terminando. El precio del arriendo es de 200 pesetas mensuales el piso alto de la casa y de 15 pesetas la vivienda de la planta baja, que hacen un total de 215 pesetas que había de abonar el arrendatario por mensualidades vencidas en el domicilio del propietario [...], Antonio Bonany se declara que se constituye por fiador solidario del arrendatario Señor Moreno y se obliga al cumplimiento de este contrato en todos sus extremos en caso de que aquel no lo hiciere. Algeciras á 3 de Octubre de 1907”.

Si bien la presencia de la sociedad malagueña Prados Hermanos, en el negocio liderado por Moreno Muñoz, se entiende con toda claridad dada su vinculación con el mundo hotelero de la época, como ha quedado demostrado con el posterior negocio que se llevó a efecto con la compra del mobiliario del Hotel Termino, la figura del alcalde algecireño –que tenía su domicilio en la calle Sagasta (San Antonio) 3 y 4–, no queda tan clara; salvo que fuese por amistad, afinidad política o simplemente por el ejercicio de la legítima y legal actividad emprendedora en su faceta privada. Con una larga carrera política local, Antonio Bonany, que había sucedido en la alcaldía a Emilio Santacana, volvió a repetir como alcalde presidente del Excmo. Ayuntamiento de Algeciras varios años después en 1913. Al parecer y siendo hombre desahogado económicamente, avalaba con su capital, como práctica habitual de negocio, aquellos proyectos que consideraba oportunos o viables.

Años después de ejercer como fiador a Muñoz Moreno, concretamente en 1915, volvió a verse envuelto en un asunto bastante turbio como lo demuestra el siguiente documento, por el que otro miembro destacado de la política local, como lo fue Pedro Mónaco de Torres, le requería para “el pago de un pagaré, por su carácter –al parecer y nuevamente– de fiador de Agustín Mendoza y Juan Cerrato”. Contestando Bonany al citado requerimiento, que “se habían cometido delito de falsedad sorprendiéndose su firma; y por celo se negaba a su pago, reservándose el derecho de acudir al correspondiente Juzgado de Instrucción denunciando los hechos realizados que podían tener carácter criminal”.

Un nombre 'inglesado'

De regreso al proyecto de Moreno Muñoz, de convertir en posada u hotel el caserón propiedad de Cristóbal Medina, añadir, que el promotor algecireño eligió como pomposo nombre el de Hotel Reina Victoria, siguiendo con la moda que tantas sospechas levantó en las altas instancias de la nación, llegándose a definir a nuestra ciudad de modo despectivo como la “Algeciras inglesada”. También el nuevo arrendatario y responsable del nuevo hotel, nombró como dependiente del mismo a Bernardo Traverso Rodríguez hombre de confianza de la familia Moreno, que había demostrado su valía profesional en el despacho que su padre mantenía abierto en la calle Real, defendiendo en nuestra ciudad los intereses inmobiliarios en la Villa Vieja del marqués de Piedrabuena.

Con la inauguración del Hotel Reina Victoria, el sueño de Moreno Muñoz se había hecho realidad; tan real, como que al poco tiempo de su apertura se hicieron patentes que las expectativas del nuevo negocio hotelero local no se habrían de cumplir. Las deudas se fueron acumulando poco a poco y la presión de los fiadores o avalistas sobre el responsable del proyecto, dio a lugar al pronto cierre del Hotel Reina Victoria. El sueño pasaba a convertirse en pesadilla.

La primera consecuencia directa del fracasado negocio fue la súbita desaparición de la ciudad de Moreno Muñoz; siendo la segunda, la intervención judicial en el asunto para delimitar responsabilidades ante los acreedores. Pasados unos meses, las notificaciones que al cerrado hotel llegaban, eran recogidas por quien fuera nombrado judicialmente “depositario”, recayendo tal responsabilidad en el algecireño Miguel José Rodríguez, quién a los portadores de los avisos manifestaba oficialmente: “Que el propietario Francisco de Paula Moreno Muñoz, desapareció de esta población hace dos meses por lo que sus acreedores embargaron el establecimiento, nombrando el Juzgado al dicente depositario del mismo”.

A los perjudicados económicamente por el desastroso negocio no les quedó otro remedio como se ha reseñado, que acudir a los tribunales: “Que por consecuencia de la fuga en ignorado paradero del vecino de esta don Francisco de Paula Moreno dueño del Hotel Reina Victoria, se han visto obligados a seguir procedimientos judiciales en este juzgado de primera instancia, por los créditos que tenía vencidos el Sr. Bonany por una letra que garantizó al Sr. Moreno –recordemos– de 6.500 pesetas que este recibiera y los señores Prado Hermanos, una de 4.000 y otra de 5.000 pesetas, por falta de pago de los primeros plazos vencidos del importe de 18.000 pesetas de sus facturas por los muebles y artesonados del techo del comedor que se utiliza en el indicado Hotel Reina Victoria [...], queda convenido por parte de los Sres. Prados Hermanos el cierre para la explotación del Hotel referido bien entendido que si el Sr. Bonany prefiere continuar mientras tanto [...], será de su exclusiva cuenta y riesgo, obligándose á asegurarlo de incendios en la Compañía La Urbana y abonar todos los gastos y créditos que de él dimanen”.

Ramón Nicart fue nombrado posteriormente depositario judicial de los muebles de dicho hotel. Después el edificio tendría otros usos, incluido el escolar, cuando entre sus muros comenzaron décadas más tarde los salesianos a impartir sus clases. Años después de la llegada de esta popular orden religiosa al antiguo Hotel Reina Victoria, su patio sirvió en 1947 para que otro soñador –pero esta vez del toreo–, llamado Chicuelito, viera como su hijo de nombre Miguel, siendo aún un niño, toreara una becerrada en un improvisado coso levantado junto al olvidado hotel abierto en 1907. Lo que pudo haber sido el sueño de Francisco de Paula Moreno, había servido cuarenta años más tarde, como escenario del inicio de una leyenda. Pero esa es otra historia.

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