Cómo entrenar a tu dragón 3 | Crítica La animación más 'cinematográfica'

Una imagen promocional de 'Cómo entrenar a tu dragón 3'. Una imagen promocional de 'Cómo entrenar a tu dragón 3'.

Una imagen promocional de 'Cómo entrenar a tu dragón 3'.

Definitivamente, Cómo entrenar a tu dragón se confirma como la franquicia (Dreamwoks) más cinematográfica del actual panorama mainstream de la animación digital juvenil. Cinematográfica en tanto que su estética fotorrealista, su portentoso diseño de escenologías del fantástico, sus atmósferas lumínicas de tono bajo y su renuncia a los excesos de la parodia posmoderna en pro de unos relatos de iniciación y aventuras más bien clásicos y con pinceladas de humor, hacen de ella un producto mucho más duradero que coyuntural y mucho más sólido que lo que dictan los actuales diseños de usar y tirar del capitalismo de ficción.

Pero cinematográfica también porque en su concepción animada podemos encontrar recursos y gestos de estilo que, como en la estupenda y larga secuencia inicial del rescate de los dragones prisioneros en un barco pirata, se dan el gusto de hacerlo en un dilatado plano-secuencia que pone a prueba la pericia de los animadores sin necesidad de recurrir al frenético montaje multiplanos.

Ya en harina dramática, esta tercera entrega progresa en su relación de especies entre vikingos y dragones de distintos tipos y razas en busca de una sana emancipación liberadora y en aras de un reconocimiento mutuo sin ataduras ni dependencias. De camino, un romanticismo bien entendido, irónico entre los personajes humanos y puro entre los dos dragones protagonistas, sitúa la película de Dean DeBlois en un territorio didáctico más alentador que empalagoso, lo cual, tratándose de animación juvenil, siempre es de agradecer.

Por último, y no menos importante, los fantásticos viajes planeadores por paisajes lisérgicos de ensueño o las no menos deslumbrantes batallas en el aire no serían lo mismo sin la estupenda música de John Powell, compositor superdotado para estas lides que insufla una festiva e iconoclasta musculatura cinética al universo de ceros y unos.