La influencia | Crítica Otra de caserones malditos

Manuela Vellés, en una escena de la película. Manuela Vellés, en una escena de la película.

Manuela Vellés, en una escena de la película. / D. S.

Con motivo del fallecimiento de Ibáñez Serrador, pionero con La residencia y ¿Quién puede matar a un niño? del cine de terror de calidad en nuestro país, comentaba los muchos y buenos directores que en el último cuarto de siglo –tal vez desde El día de la bestia (1995) y Tesis (1996)– han dado proyección incluso internacional al género.

No es el caso de La influencia, que comparte unas curiosas coincidencias con otras dos películas españolas. Se basa en una novela del escritor británico de best-sellers de terror Ramsey Campbell, ignorado –por razones que desconozco– por el cine inglés y estadounidense y sólo adaptado por directores españoles en sus óperas primas: en 1999 Jaume Balagueró debutó en la dirección con Los sin nombre (basada en su novela de 1981 The Nameless), en 2002 Paco Plaza debutó con El segundo nombre (basada en su novela de 2001 Pact of the Fathers) y ahora debuta Denis Rovira van Boekholt adaptando su novela de 1988 The Influence. No es poca casualidad que por este autor inglés sólo se hayan interesado tres directores españoles debutantes.

Si la traslación de la novela, que no he leído, es fiel al original estamos ante una suma de temas clásicos del terror, empezando por La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Ligeia o La caída de la Casa Usher de Poe, cumbres de los vivos que se niegan a morir y de los muertos que no se resignan a serlo. Porque hay un caserón suficientemente siniestro, una familia normal que se instala allí pese a las malas experiencias que la madre vivió allí y una perversa abuela moribunda que acaba por pervertir a cuantos la rodean, sobre todo a la más débil y joven de la familia.

Emma Suárez, en 'La influencia'. Emma Suárez, en 'La influencia'.

Emma Suárez, en 'La influencia'. / D. S.

Este tardío regreso a la fundadora La residencia –a todos nos gustan los caserones siniestros, pero tampoco es cuestión de abusar– pasado por las hispánicas Los otros o El secreto de Marrowbone no aporta nada. O el terror español se renueva o se estanca explotando filones ya agotados. Y no vale para remediarlo hinchar de efectos la banda sonora y acumular tópicos en situaciones y en los sobrecargados decorados, maquillajes y atrezo (la película adolece de una acumulación que roza el síndrome de Diógenes). Emma Suárez hace lo que puede con su personaje, que es poco. Los restantes intérpretes no logran impedir un cierto aire de aficionados que también es aplicable al director.

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