El yacimiento del Cerro del Prado, en San Roque (siglos VIII al IV A.C.)
Ciudades antiguas, monumentos y fortificaciones del Campo de Gibraltar
La colonización fenicia del litoral del Estrecho culminó en asentamientos estratégicos como Cerro del Prado, un enclave portuario clave para el comercio y los intercambios culturales entre el Mediterráneo y el Atlántico, cuyo declive por cambios en la línea de costa dio lugar a la fundación de Carteia
Los orígenes: fenicios en el valle del Guadiaro
La llegada de los primeros navegantes fenicios a las tierras del Estrecho se produjo en torno a mediados del siglo XI a.C. (como se ha expuesto en el anterior capítulo de la serie). El litoral de Málaga y la actual provincia de Cádiz, en aquella época muy recortado, abundaba en pequeños promontorios costeros, islas cercanas a la costa, amplias bahías y estuarios que ocupaban los cursos bajos de los ríos y que permitían la navegación varios kilómetros aguas arriba, como en los Castillejos de Alcorrín, el Cerro del Prado, la isla de Tarifa y las bahías de Algeciras y de Cádiz. Lugares en los que solían establecerse los navegantes llegados de Oriente. Los trabajos y estudios llevados a cabo por el Instituto Arqueológico Alemán en la costa malagueña y los realizados en la bahía de Cádiz y zona del Estrecho por el profesor Arteaga y por Hermanfrid Schubart así lo atestiguan.
Los navegantes semitas ocuparon los promontorios costeros y las islas situadas a poca distancia del litoral, fundando factorías que, en ocasiones, se correspondían con poblados indígenas ubicados en las cercanías y con los que mantenían relaciones comerciales e intercambios culturales que produjeron profundas transformaciones en la estructura social, el urbanismo y el pensamiento religioso de las comunidades locales.
Tras la llegada de los primeros colonizadores fenicios se asiste a un período de asentamiento en el territorio con la instalación de pequeños centros de apoyo al gran movimiento colonizador que se inició a finales del siglo VIII a.C. Posteriormente, estos asentamiento se fueron consolidando hasta convertirse en colonias permanentes, a veces de carácter mixto (semitas e indígenas), transformadas en focos de comercio (salazón de pescado y minerales a cambio de artículos de lujo, telas, tintes y cerámicas proporcionadas por los fenicios) y de intercambios culturales en todos los órdenes.
La línea de costa de la bahía de Algeciras presentaba importantes variaciones con respecto al litoral que hoy conocemos. A falta de los estudios geológicos que lo confirmen, se puede avanzar que la Bahía, en los momentos en que se inicia la colonización fenicia, se prolongaba en dirección noroeste ocupando parte de los valles de los ríos Guadarranque y Palmones que desembocaban, ambos, formando un gran estuario actualmente colmatado. La línea costera nos llevaría a buscar los asentamientos fenicios en la cumbre de colinas que dominaban abrigados puertos naturales, pero que se encuentran en la actualidad a uno o dos kilómetros tierra adentro, como ocurre con el yacimiento de Cerro del Prado en San Roque (véase el plano adjunto).
El yacimiento del Cerro del Prado, situado al fondo de la Bahía de Algeciras, en la margen izquierda del río Guadarranque, a una altitud de 20 metros sobre el nivel del mar, dominaba el saco interior de la bahía algecireña con un puerto y otras instalaciones y con testimonios cerámicos y obras de arte que hacen confluir en este yacimiento las características que son típicas de los asentamientos fenicios, con dos ríos en sus inmediaciones, como son el Guadarranque y el Guadiaro, que además de permitir en sus valles bajos la presencia de otras colonias, serían excelentes vías fluviales de comunicación con el interior del territorio. Dada su privilegiada posición geográfica es muy posible que el hinterland de este yacimiento, y las actividades comerciales que desarrollaba -en conjunción con el cercano santuario gibraltareño de la cueva de Gorham-, abarcaran, no sólo su entorno inmediato y las vías fluviales próximas, sino también la vecina costa norteafricana y el litoral gaditano con el comercio de metales, como afirman Paloma Cabrera y Lorenzo Perdigones.
Se puede decir, siguiendo la opinión de Mª Belén Deamos e Inmaculada Pérez, que la bahía de Algeciras constituía un entorno estratégico de gran importancia por su situación en pleno Estrecho. Era punto clave en la navegación entre el Atlántico y el Mediterráneo, estando bien comunicada con las rutas terrestres de penetración hacia el interior a través de los valles del Guadarranque y del Guadiaro que la enlazaban con la meseta de Ronda y con los caminos que conducían a la bahía de Cádiz desde la sierra. En la antigüedad, como ahora, el extenso puerto natural de la bahía de Algeciras constituía un enclave de enorme valor para el desarrollo de las comunicaciones marítimas entre el sur de la Península y el norte de África y para las conexiones entre el Mediterráneo oriental y central y los puertos fenicio-púnicos de la metrópoli gadirita.
Al margen de la ocupación de ciertas cuevas (como Gorham Cave, en el peñón de Gibraltar), en la que se han hallado cerámicas fenicias y de tradición tartésica y exvotos, considerada como un “santuario” por los primeros navegantes que cruzaron el Estrecho, el asentamiento estable de los fenicios se localizó en el cercano Cerro del Prado (San Roque), a partir del siglo VIII a,C., descubierto por el geólogo Menanteau y el arqueólogo Antonio Tejera Gaspar en el año 1975 y, posteriormente, por el profesor Pellicer en 1977.
Este yacimiento fenicio -parcialmente destruido por instalaciones industriales- se halla ubicado sobre la cima de una colina a unos trescientos metros de la orilla izquierda del río Guadarranque y a unos dos kilómetros de la costa actual y de la desembocadura del río, pero que el siglo VIII a.C. se encontraba situado en el litoral del gran estuario que ocupaban los valles del río Guadarranque y del arroyo de la Madre Vieja.
Se localizó un poblado con casas de paredes de piedra y barro dedicado a la agricultura y a la pesca, pero en el que la actividad comercial debió representar un importante recurso económico. Cerro del Prado se hallaba emplazado sobre un promontorio a cuyos pies se extendía un puerto en el centro de un estuario hoy colmatado. Estaba bien conectado con el interior a través del valle del Guadarranque y por vía marítima con las restantes colonias semitas que jalonaban la costa malagueña-granadina y, más allá del Estrecho, con las colonias de la fachada atlántica marroquí y con la gran metrópoli de Gadir.
Los materiales recuperados sitúan la vida activa del asentamiento entre los siglos VIII y VI a.C., con continuación en la época fenicio-púnica hasta mediados del siglo IV a.C. Dichos materiales son de diversa tipología (cerámicos, metálicos y cultuales). Se documentaron numerosos restos de cerámica de barniz rojo, pintada a imitación de la cerámica griega, ánforas datadas en el siglo VII a.C. y lucernas. Algunas de las cerámicas son importaciones fenicias de Oriente (costa sirio-palestina) y otras son de producción local o regional. Destaca, entre los objetos exhumados, el llamado Toro de Cerro del Prado, que se expone en el Museo de Cádiz. Se trata de una pequeña figura de toro fundido en bronce, de excelente ejecución y calidad, echado, con la boca cerrada, la cabeza ligeramente recogida sobre el pecho y la cola enrollada encima del lomo.
En cuanto a las cerámicas recuperadas en el yacimiento, son de destacar las procedentes de Grecia (región Ática). Se trata de un conjunto de vasos griegos, con una cronología bien definida y poco dilatada en el tiempo, lo que permite datar un horizonte tipológico claro dentro de la historia del comercio griego en la Península Ibérica. El conjunto exhumado en las excavaciones realizadas en el año 1989 está compuesto por casi un centenar de fragmentos, entre los que predominan los vasos de barniz negro, pues sólo se ha documentado una crátera de figuras rojas. Destacan, por su número, las copas del tipo “Cástulo”. Estas copas robustas, de borde cóncavo y moldura interna, fueron exportadas a la Península Ibérica durante la segunda mitad del siglo V a.C. Las copas tipo “Cástulo” del Cerro del Prado pertenecen al grupo de las modeladas en la segunda mitad del siglo V. Todas ellas nos dan una fecha no posterior a finales del siglo V a.C. El conjunto de importaciones áticas del Cerro del Prado ha resultado de enorme interés, pues define un momento muy preciso de las relaciones comerciales entre el mundo púnico del Sur y los comerciantes griegos. Ese momento se situaría en el último tercio del siglo V, entre el 430 y 400 a.C.
Cerro del Prado se ha de considerar el primer enclave portuario establecido en la bahía de Algeciras que desarrollaba un activo comercio marítimo que complementaba con la explotación de recursos marinos (pesca), como lo atestiguan los anzuelos de bronce hallados en el yacimiento, y los restos de ánforas del tipo A-4 de Mañá-Pacual, dedicadas al transporte de salazones a partir de finales del siglo VI a.C.
A mediados del siglo IV a.C. transformaciones sufridas por la línea de costa, probablemente por la colmatación de parte del estuario del río Guadarranque y del arroyo de la Madre Vieja, obligaron a los habitantes de Cerro del Prado a abandonar la colina sobre la que habían estado establecidos, al menos, desde el siglo VII a.C., trasladándose a un cerro situado a unos dos kilómetros hacia el sur, junto al litoral y a la desembocadura del río donde hoy se hallan los restos de la ciudad púnico-romana de Carteia. La colmatación aluvial que se produjo en el entorno del Cerro del Prado hizo que el yacimiento perdiera su condición de puerto, por lo que a mediados del siglo IV a.C. el lugar fue abandonado, momento en el que se fundó la ciudad de Carteia, como corroboran los estudios realizados en 1995 por la doctora Lourdes Roldán Gómez, de la que se tratará en el siguiente capítulo.
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