Un café con Paula Terapia de pareja

  • Es importante que no haya un problema psicológico sin atender en alguno de los miembros. En caso contrario, hay que solventar antes este aspecto

Una pareja pasea cogida de la mano.

Una pareja pasea cogida de la mano.

La terapia de pareja es una de las terapias más demandadas de manera urgente, la decisión de poder acudir a un profesional que pueda ayudar a la pareja a mejorar su relación suele ser en muchos casos desesperada y en momentos de crisis aguda para los miembros. En muchos casos acuden cuando la relación ha sufrido muchos desgastes y en otros cuando pasa el momento de calor dejan de sentir la necesidad de ayuda. Lo cierto, es que se ve la terapia más como un bote salvavidas en medio de una tormenta y en muchos casos se esperan resultados mágicos. Aunque no son así todos los casos, es cierto, que un gran porcentaje si está en estos parámetros, por ello, veo la importancia de transmitir de forma sencilla qué es la terapia de pareja, en qué nos ayuda y cuándo podemos acudir.

La terapia de pareja se lleva a cabo con personas que están comprometidas en una relación, estén o no casadas. En el caso de las parejas, es importante que no haya un problema psicológico sin atender en alguno de los miembros, si fuese así deberíamos poder ayudar primero a solventar ese aspecto y más tarde a la pareja, puesto que el objetivo de ésta suele ser una orientación en una posible lucha que tienen el uno contra el otro. Se tratará a la pareja en sí, la relación, pero no a las personas individuales que la componen. Este es un dato importante, para decidir si puede ayudarnos más una intervención de pareja o individual a sus miembros.

Elegir la terapia de pareja como una opción de ayuda viable para la pareja debe ser elegida por ambos miembros, nunca una obligación para uno de los miembros que no confía en esta solución por un ultimátum de su cónyuge.

Una vez que ambos miembros están de acuerdo, ¿Qué podemos esperar? En primer lugar, la terapia de pareja nos puede ayudar a mejorar la relación, salir de una crisis, comprendernos y entendernos mejor, pero también puede ayudarnos a tomar la decisión de dejar la relación. Es importante no pensar que acudir a terapia nos va a asegurar mantener la relación y que sea perfecta. Una vez que sabemos esto, podemos bajar las expectativas hacia el terapeuta y así entregarnos al proceso, haciéndonos responsables de éste y siendo conscientes de la implicación que necesitaremos. Los objetivos y metas a conseguir las debemos establecer juntos, deben tener un significado para ambos.

En general, suele ser necesario un trabajo a nivel comunicacional, debemos también desprendernos de quién tiene la razón para buscar puntos en común y no se trata de que una de las dos formas de ver el mundo prevalezca, sino de poder establecer una nueva y viable forma común. Para ello, además de entendernos a nivel racional, debemos poder acceder a lo emocional, pasar a este segundo plano hará el gran cambio, es un trabajo amable en el autoconocimiento y conocimiento mutuo sobre nuestras formas de autorregularnos, nuestras necesidades individuales, nuestros miedos… en general se trata de estar dispuestos a conocer y darnos a conocer, a conectar de forma real y genuina, poder dejar atrás las luchas de poder.

Por último, el momento de acudir no tiene porqué ser un momento de crisis extrema, de hecho, suelen ser momentos más difíciles y delicados para reconducir la relación, pues a veces estamos quemados de intentos de solución y es otro punto a trabajar.

Simplemente si creemos que queremos crear un plan vital común, mejorar y afianzar la relación, fortalecer los lazos y la comprensión del otro… Al fin y al cabo, al igual que en una terapia individual, podemos acudir para aumentar nuestra seguridad, confianza y fortalezas.

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