Un café con Paula

Separación y mediación

  • Los cambios culturales de los últimos 40 años han hecho que el número de divorcios haya aumentado de forma drástica 

Separación y mediación Separación y mediación

Separación y mediación

En la actualidad aproximadamente la mitad de los enlaces matrimoniales terminan en ruptura. En los últimos 40 años hemos vivido grandes cambios a nivel social y cultural, y los sistemas familiares ahora son más abiertos y menos autoritarios. En la sociedad moderna primaba la disciplina y el esfuerzo como objetivo vital, ahora en la sociedad postmoderna en la que nos encontramos el objetivo es conseguir la felicidad, teniendo unos sistemas familiares más abiertos y resentidos de algún modo con el exceso de responsabilidad. Antes teníamos que “aguantar” todo lo que viniese, y se anteponía esa familia y su cuidado al autocuidado propio y la felicidad individual, algo que hoy sabemos aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y traumas relacionales. Por el contrario, ahora podemos permitirnos mirarnos a nosotros mismos y nuestras propias necesidades como individuos.

Estos cambios culturales hacen que el número de divorcios haya aumentado de forma drástica en los últimos años. Cualquier separación de una persona con la que hemos establecido un vínculo supone una conmoción y un cambio vital importante, un duelo que necesitamos pasar y vivir para conseguir esa felicidad que puede que no estemos obteniendo en la relación establecida. En muchas ocasiones, las separaciones y divorcios no solo afectan a la pareja en sí, sino a los hijos de la pareja, es decir, a toda una familia nuclear. En la mayoría de ocasiones, el tener hijos genera aún más dudas a la hora de tomar la decisión, miedos e incertidumbres. Por eso hoy nos centraremos en estos casos.

Si bien es cierto que existen diferentes tipos de pareja, y que según el modelo de relación será más o menos sano el proceso de separación, hay pautas concretas que pueden ayudar en esos momentos de crisis familiar.

En primer lugar, lo más importante es saber que no existen pruebas de que la separación en sí tenga que ser traumática para los hijos, en ocasiones puede resultar más traumática una relación de pareja dañada y conflictiva. En este sentido debemos tener en cuenta que estas mismas parejas pueden convertir también su divorcio en una contienda, y estas dos situaciones, estén los padres juntos o no, sí son dañinas para los hijos.

Recordando las palabras del psicólogo clínico y psicoterapeuta familiar Rafael Matas, “cuando dos elefantes pelean, la hierba es la que sufre”, que el divorcio se convierta en un proceso enredado, de debate interminable y conflictos legales crónicos es el mejor caldo de cultivo para que los hijos sufran con esta situación.

Por otra parte, la decisión de separarse tiene que ser tomada por los padres pasando por encima del deseo de los hijos, pues mantener ciertas situaciones por ellos puede resultar más doloroso a la larga y los adultos de la familia son los que de manera consciente deben tomar las decisiones, siempre teniendo en cuenta las necesidades de sus hijos para poder cubrirlas juntos o separados.

Para conseguir que el proceso no se alargue y pueda tener en cuenta las necesidades de los más pequeños, uno de los grandes recursos que tenemos es poder acudir a una mediación familiar, realizada por un terapeuta familiar en la que colabora un abogado para hacerse cargo de dar forma legal a los acuerdos a los que llega la pareja con el mediador.

La importancia de incluir la figura del experto en familia es primordial, pues ayudará a establecer límites, objetivos y acuerdos conociendo cuales pueden ser las decisiones más sanas para la familia en sí. Poder realizar ese divorcio de mutuo acuerdo desde la mediación nos permite elegir como padres, sin ceder las decisiones a un juez. Además, se evitan conflictos, se consiguen acuerdos más sólidos y respetados por ambos, lo que permite ejercer como padres y madres responsables a pesar de la ruptura de la pareja. Ayudará a no utilizar a los hijos como arma arrojadiza, fomentar el contacto con ambos progenitores, evitar discusiones delante de los hijos, tener una noción sobre cómo explicarles la decisión, entender las necesidades emocionales que debemos cubrir en ellos, y que entiendan que bajo ningún concepto es responsabilidad suya lo que está pasando, y que seguirán siendo una familia.

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