La Balona se queda huérfana: muere su abonado número 1, Enrique Rodríguez Espinosa
Real Balompédica Linense | Obituario
Los albinegros lloran al extrabajador del Banco Central, que fue entre 2006 y 2009 Hermano Mayor del Silencio
Muere José María Rodríguez Espinosa, un linense y balono de pro
La Real Balompédica y La Línea están de luto. En las últimas horas se ha marchado para siempre su abonado número 1, Enrique Rodríguez Espinosa, que ha fallecido después de 93 años de vida. De fidelidad inquebrantable a unos colores, Un balono incansable. Un cofrade convencido. Un linense ejemplar, un hombre cabal, que deja un vacío que se escribe en blanco y negro para todos los que tuvieron la suerte de conocerle.
Hay aficionados y aficionados. Y la Balona despide a uno de los modélicos. De los que nunca levantaba la voz, pero hasta que hace poco más de un año sus problemas físicos se lo permitieron, nunca faltaba a su cita. De esos a los que te lo encontrases donde y cuando fuera no tenía otro tema de conversación que el equipo de sus amores.
La imagen de Enrique junto a su hermano José María, fallecido en marzo de 2023, en la zona media-alta de la Tribuna del Municipal forma parte imborrable de la historia del campo que durante más de medio siglo fue escenario de los éxitos y los fracasos de su Balompédica, que era como él se refería siempre al conjunto albinegro. Como siguen haciendo los balonos añejos.
Enrique Espinosa desarrolló su vida laboral en el Banco Central (ahora Santander) de la calle Clavel y siempre estuvo muy vinculado a la Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo de la Esperanza, María Santísima de la Concepción y San Juan Evangelista (Hermandad del Silencio), de la que fue Hermano Mayor entre los años 2006 y 2009.
Aunque a veces le era infiel a su Balona con alguna mirada hacia el Real Madrid, Enrique Rodríguez cultivó sus dos verdaderas pasiones, la Balona y la Hermandad del Silencio hasta que decidió reencontrarse con su hermano.
Seguía al tanto de todo lo que sucedía en la ambas entidades, aunque cuando ya no le fue posible acudir al estadio se negaba a seguir el desarrollo de los partidos por la radio, convencido, decía, de que la mala racha que le acompaña en los últimos años tenía que ver con su ausencia en las gradas. Igual llevaba hasta razón, porque la aportación de estos balonos eternos es muy importante para la una institución centenaria.
Su inseparable esposa, Lourdes, y sus hijos, Jesús, Inmaculada, Antonio, Juanjo, David y José María, han recibido desde el momento en el que se conoció su fallecimiento numerosas muestras de cariño tanto privadas como públicas.
Entre estas últimas destacan la de la Real Balompédica y la de la Hermandad del Silencio, a las que se une Europa Sur.
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