Un empate indigno aparta a una Balona fantasmagórica del liderato (1-1)
Castilleja CF - Real Balompédica Linense | La crónica
Los albinegros completan un esperpento y se salvan de una derrota merecida ante el Castilleja con un gol de Zaki en el 94'
David Sánchez: "Fue nuestro peor partido, así es imposible competir fuera y el responsable soy yo"
La Balona se fue a Santiponce para extremar a límites hasta ahora desconocidos su imagen amorfa, de equipo sin espíritu ni guion. Fue, en su partido frente al Castilleja, un hasta entonces líder inerte, que pareció subestimar al rival por su clasificación. Por eso se dejó en en el Juan Muñoz Romero dos puntos y, con ello, también esa primera plaza que igual le venía hasta grande. Un puesto al que llegar solo porque esta Tercera Federación da para lo que da.
Los albinegros se salvaron de la vergüenza absoluta (si es que se salvaron, que esa afirmación admite debate) con un gol de Zaki en el 94’. Generosísimo regalo de esto que dicen que en esta categoría sigue siendo fútbol con una escuadra que apenas trenzó una puñetera jugada en más de 90 minutos y que anotó su tanto en su único lanzamiento entre los tres palos. Este bendito deporte es tan grande que permite que haya derrotas que enorgullezcan. Pero también genera empates como éste, que más que sonrojar, avergüenzan a los que sienten en blanco y negro. Es imposible obtener tamaña recompensa con menos méritos. Imposible.
Estaban avisados. Ahí está la hemeroteca. La visita al modestísimo Castilleja, a ese penúltimo clasificado del que algún cretino se mofó en la primera vuelta, tenía mucho de partido trampa. Por lo visto lo sabía todo Cristo menos los que lo tenían que conocer. La Balona salió al Juan Muñoz de Santiponce con un inadmisible aire de suficiencia. Como si menospreciara a un contrincante que pelea por la salvación pero que, resultado aparte, le dio una inmensa prueba de dignidad. De amor propio. De orgullo. Por lo que se ve el aviso de Ceuta de hace dos semanas no caló donde tenía que calar.
Desde el minuto uno a esta Balona -a la que los números han permitido en algún momento la tropelía de que se la compare con plantillas que hicieron historia- se le vieron los encajes. La dupla Aschalew Sanmartí (que tuvo una mañanita…)-Boaten aporta de todo menos juego.
Que es hora de pensar que si dejaron marchar a Adri Moyano porque existe (dicen) una confianza ciega en Raúl Andrades es para ponerlo. No para pasearlo. Y si no es que esa confianza tiene mucho de boquilla. De postureo. Que con lo poquito que ha podido demostrar el chavea ya se puede dar por hecho que va a poner más criterio del que demostró el equipo en este desplazamiento. Entre otras cosas porque menos es sencillamente inviable.
Eso por un lado. Por otro, a ¿Recia? dejó patente que ha perdido la intensidad, implicación y solidaridad que hizo la hizo imbatible en un mes enero de enero que ahora se antoja muy lejano. Porque esas eran sus virtudes. Que fútbol lo que se dice fútbol, ni cuando sacaban pecho con aquello de “seguimos siendo los mismos”. Y que es para preguntar: Ahora también ¿no?
A ver si va a ser que después del esperpento del final del 2025 a alguien le dio por encender las calderas más de la cuenta para evitar un descalabro… y ahora se están viendo las consecuencias. Porque después de dos semanas largas de no jugar, algunos parecían no tener gasolina.
La narrativa del partido es muy sencilla. La Balona no fue capaz de superar a un rival que dejó el alma y un poquito más y que le puso todo el orden del mundo. Los albinegros no conocían la fórmula no ya de generar peligro, sino de crear siquiera la sensación de preocupación en el enemigo.
Y como cuando todo está mal tiemblan hasta los más estables, a Julio Algar, justo a la media hora, le dio por no se sabe qué, dejó botar el balón y David Matos aprovechó para robarle el esférico, plantarse delante de Antonio Hermosín y batirle por bajo.
A partir de ahí cada personaje agrandó su papel. La Balompédica siguió enturbiando su imagen con un partido infame, sin argumentos ni orgullo en el que algunos, como era el caso de Juaniyo, parecían literalmente no estar. Y la Recia Castilleja continuó dejándose la piel a tiras sobre el campo, se parapetó atrás y confió hasta el último segundo en consumar una gesta que acarició.
Ahora llegará el debate sobre el terreno de juego, como si unos y otros evolucionasen sobre diferentes superficies. Y tampoco es que haya tantos internacionales en las filas del equipo de La Línea como para extrañar el césped sintético. El campo es uno más de los que hay en esta categoría. Y la Balona de hoy, a la vista está, es uno más en Tercera Federación. Por mucho que pese.
Y por otro lado se pondrá el acento en que el rival hizo todo lo que estuvo a su alcance para arañar cada segundo que le permitió el árbitro con artimañas al límite del reglamento. Eso sí que es fútbol (en mayúsculas). El de toda la vida, el de todas las categorías, pero más aún el de de esta Tercera Federación. Si el partido hubiese ido 0-3 seguro que los jugadores del equipo alixeno no hubiesen sufrido tantas dolencias repentinas. Pero iba 1-0. Que aquí está todo inventado. Y seguramente nadie está en condiciones de lanzar la primera piedra.
David Sánchez tardó (muchísimo) en hacer los cambios. Pero uno de ellos sirvió para que debutase Joanet López, cuyos destellos fueron la única noticia positiva para la sufrida hinchada albinegra. El hispano-guineano y Álvaro González acabaron jugando como mediocentros. Y mientras tanto Adri Moyano en el Badajoz y Raúl Andrades en el banquillo. En fin.
No había ni un posible penalti que reclamar, ni un 'uy' que llevarse a la boca. Nada. Y cuando ya parecía que se iba a consumar el escarnio llegó la única jugada con criterio de los visitantes. Para entonces era ya el minuto 94’. Sergio Pérez abrió a banda, Pepe Rincón centró y Zaki –al que no se sabe muy bien la causa esta vez le tocaba empezar en el banquillo– se adelantó a la defensa para hacer la igualada.
Un punto que habrá que ver de que sirve en el futuro, pero que desde luego no evita el mal sabor de boca que deja entre los hinchas.
No es por nada, pero si semejante espectáculo, sin un solo atenuante, sin una excusa, lo ofrece la Balompédica hace diez años con Alfredo Gallardo en la presidencia, resulta muy fácil imaginar la semanita que se le hubiese venido encima al vestuario y la pila de horas que iban a pasar los inquilinos del mismo en el Ciudad de La Línea. Pero eran otros tiempos. Cada uno es libre de valorar si mejores o peores.
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