San Fernando CD - Real Balompédica | La crónica (2-1) La Balona atisba el precipicio

  • Los albinegros caen en San Fernando y enlazan cuatro partidos sin ganar

  • Tras el segundo gol local, los linenses son una muestra de agonía

  • La Balompédica corre el riesgo de acabar la jornada en zona de descenso

  • Pito Camacho, expulsado en el 91', se pierde el Clásico

Amelibia remata a placer ante la mirada de Mikel Fernández y con Nacho Miras vencido Amelibia remata a placer ante la mirada de Mikel Fernández y con Nacho Miras vencido

Amelibia remata a placer ante la mirada de Mikel Fernández y con Nacho Miras vencido / San Fernando CD

La Balona entra en una dinámica muy peligrosa. De esas que secan el paladar a sus aficionados. Ha cogido la nociva costumbre de sanar a rivales que estaban casi a la espera de la extremaunción y que ahora confían en enfrentarse a los de Calderón como antes de la pandemia se buscaba el último bar abierto. Hace una semana Las Palmas Atlético consiguió en La Línea su primer punto en la Península. Ahora es el San Fernando el que estrena su  casillero de triunfos en su feudo. No puede ser una casualidad. No lo es, de hecho. A esta Balompédica le faltan argumentos. Y por eso, a poco que al Marbella le dé por puntuar en Canarias -que no es un resultado que vaya a llevar precisamente a la ruina a las casas de apuestas- la escuadra de La Línea acabará la jornada en el cuarteto de cola. Ese que cuando concluya la primera fase a lo más que permite aspirar es a bajar solo una categoría. Porque quedarse en Segunda B es descender. Así, como suena.

No es que el equipo de Calderón sea un desastre. No es que haga el ridículo. Que quizás sería hasta mejor que sucediese un día para que pasaran cosas. Pero no le da y le penalizan sus errores. Errores, no detalles. Salió en San Fernando con un once continuísta, a ver si a base de dar confianza a algunos les da por emerger. Tomó el mando y solo concedió al rival dos disparos desde la frontal del área que eran más fuegos de artificio que otra cosa.

En el 21’ Koroma, que esta vez hizo cositas, estalló un centro en un defensa rival dentro del área. En la imagen se intuye que pudiese ser en el brazo. Pero eso, se intuye. Y cuando los equipos andan caminando por el lado oscuro los árbitros no les pitan esos penaltis.

Tres después Dopi no llegó a un centro largo, el balón le jugó una mala pasada a Mikel Fernández, que acabó casi sin querer jugándolo con el brazo. Una de esas penas máximas del fútbol moderno que irritan tanto a los que conocieron aquello de la voluntariedad. Marcó Francis Ferrón, un exbalono metido a verdugo.

El gol levantó ampollas en los albinegros, que se fueron arriba con decisión. Un pase genial de Antoñito al sierraleonés (33’) estuvo a punto de significar la igualada, pero hubo que esperar solo dos más para que Luis Alcalde –que, liberado, fue de largo el mejor de los suyos- soltase un trallazo cargado de mala leche que se coló justo al poste. ¿Por qué en este balompié moderno los futbolistas no lanzarán más desde fuera del área?

La Balona se fue al descanso con las mejores sensaciones, pero el segundo tiempo fue otra historia. A los tres minutos ya tuvo que intervenir Nacho Miras y en el 55’ en una falta desde un costado que el San Fernando tardó media vida en poner en juego llegó el segundo. Amelibia remató en el área pequeña a placer. Imperdonable. Que está muy bien eso de los pequeños detalles, pero a veces el detalle es saber o no saber hacer las cosas. Y la Balompédica no supo defender esa falta.

A partir de ahí vuelta a esa letanía insípida, a esa muestra de no saber cómo meterle mano a un rival que con el agua al cuello se metió en su trinchera para salvar a su técnico de la hoguera. Un querer pero no poder. Una angustiosa media hora en la que ni los que salieron del banquillo aportaron.

Para que nada faltase, a Pito Camacho, que igual algún día aprende a reconducir sus ganas, le pegó un empujoncito tan innecesario como leve al local Vergé, que estaba tumbado fuera del terreno de juego. Puede que el árbitro sea un malaje, pero la acción es de niño de parvulario. Y le priva de jugar un Clásico. 

El final abre infinitas incógnitas en una Balona que se ha ido apagando desde el verano y a la que ahora apenas se le ve la llama. Encima ahora espera nada menos que el líder, que además es el eterno rival. El panorama es sombrío. Muy desalentador.

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