Cádiz

Aquel verano de 2002

  • Al Ghandour en el verano tonto del Aserejé y la guerra de Gila en Perejil

Tropas españolas colocan una bandera en el abandonado islote de Perejil. Tropas españolas colocan una bandera en el abandonado islote de Perejil.

Tropas españolas colocan una bandera en el abandonado islote de Perejil.

Parece mentira que haga tanto o tan poco que una figura televisiva que llamada a ser secundaria, fruto de su paso por un concurso de cantantes en el que no ganó, estuviera llamada a ser algo así como nuestro nuevo Julio Iglesias (que también parece mentira eso, lo de Julio Iglesias, que al menos ganó el festival de Benidorm). Pues así fue. Bisbal sacó su primer disco. Avemaría, cuándo serás mía, que qué narices quería decir ni qué pintaba ahí el avemaría. Y claro, es que es un montón de tiempo, dieciséis veranos. Se lo llegan a decir a los Beatles y no se lo creen. Se lo llegan a decir a los Rolling y sí, claro. Y se lo dicen a Julio Iglesias y qué te va a decir, que este chico es un principiante. Pero siendo notable el impacto del debut discográfico del almeriense de los rizos quienes se llevaron ese verano al bolsillo fueron las Ketchup, dos hermanas apellidadas Muñoz, de Córdoba, que consiguieron el número uno con su Aserejé, ese hipnótico estribillo sin significado, en medio mundo y en toda América. Luego no se supo más. Aserejé fue nuestro Macarena 2. Los más críticos podían pensar que los españoles, entre lo uno y lo otro, debíamos ser imbéciles, ni leyenda negra ni nada, tontos del culo. Pues no sería para tanto, que todo el mundo caía en la tontería.

Fue el Mundial de Corea con Corea y Turquía de semifinalistas, que así sería el Mundial más cosmopolita y más aburrido, con España cayendo contra Corea y creando una nueva leyenda para nuestro secular victimismo. Este se llamaba Al Ghandour. No fue culpa nuestra, por tanto ni de Camacho con las sobaqueras empapadas. Fue un robo de cuidado sin VAR que nos redimiera. Entre la música y el fútbol, todo tosco y feo ese 2002.

En cine empezamos a ver por dónde van las cosas en el cine español, la nueva españolada. Martínez Lázaro huele la sangre como nadie (fue el reponsable mucho después de Ocho apellidos vascos) y estrena El otro lado de la cama, que es una traslación a la gran pantalla de lo que son las tontas sitcoms españolas. Triángulos amoros con los que enrojecería el Francois Truffaut que firmó una obra maestra del triángulo como Jules et Jim. Fue el gran éxito cinematográfico del verano y aún hoy la pamplina tiene fans.

Y unos activistas estadounidenses corrieron desnudos en San Fermín, e hicimos la guerra de Gila invadiendo el islote de Perejil (grandes risas de las que aún se escuchan los ecos), y Aznar jugaba en La Moncloa con los chicos de la Ruta Quetzal, y Ronaldo (el otro) ficha por el Madrid para convertirse en un exitoso muñeco de látex y la Cumbre de la Tierra se celebraba mientras las inundaciones devastaban Europa. En el verano de las tonterías.

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