Candidatura del PSOE de Cádiz para las elecciones generales

Un bumerán contra el susanismo

  • Si Ferraz termina cambiando las listas del PSOE de Cádiz para las generales, la dirección regional del partido vivirá lo que ya le hicieron Griñán y Díaz a la ejecutiva de Cabaña en 2012

Menacho, Jiménez Barrios, López Gil y otros griñanistas, cuando se negaron a entrar en febrero de 2012 al comité provincial del PSOE en el que se aprobó la lista a las andaluzas Menacho, Jiménez Barrios, López Gil y otros griñanistas, cuando se negaron a entrar en febrero de 2012 al comité provincial del PSOE en el que se aprobó la lista a las andaluzas

Menacho, Jiménez Barrios, López Gil y otros griñanistas, cuando se negaron a entrar en febrero de 2012 al comité provincial del PSOE en el que se aprobó la lista a las andaluzas / Manuel Aragón Pina

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Un bumerán lanzado al viento por el susanismo hace ahora siete años amenaza con regresar al mismo punto de partida a finales de esta semana. Si los rumores se confirman, la dirección federal del PSOE aplicará cambios –unos dicen que muchos, otros dicen que no tantos– en las candidaturas al Congreso de los Diputados y al Senado que aprobó inicialmente el comité provincial del partido en Cádiz el jueves pasado y que ayer fueron ratificadas en segunda instancia por la dirección del partido en Andalucía.

Si esto se produce, desde Ferraz se aprestan a pagar al susanismo con la misma moneda que usó la dirección del PSOE andaluz hace ahora siete años para ajustar cuentas con la dirección provincial del partido en Cádiz que entonces comandaba Francisco González Cabaña. Aquel año, la dupla Griñán-Susana Díaz se hizo fuerte en la sede regional del partido en Sevilla y ordenó que se alterara la candidatura gaditana para las elecciones andaluzas. De esta manera, se lograba hacerle un hueco en los puestos de salida, entre otros, a Francisco Menacho y a Manuel Jiménez Barrios, que terminaron logrando un escaño en la Cámara autonómica.

A principios de 2012, el PSOE gaditano vivía un cisma interno que era reconocido por todos los protagonistas. El sector oficial del partido o pizarrismo, donde González Cabaña era su último abanderado, aún mandaba en el partido, aunque las grietas iban creciendo en muchas agrupaciones socialistas. Después de que Griñán relevara a Chaves en la presidencia de la Junta y en la secretaría general del PSOE andaluz, los críticos a Cabaña se iban multiplicando y el cerco a la ejecutiva provincial cada vez era más estrecho.

En ese contexto, llegó el proceso de elaboración de la candidatura del PSOE gaditano para las elecciones andaluzas de marzo de ese año 2012. Apenas dos meses antes España había puesto fin a la etapa de gobierno de Zapatero dándole una mayoría absoluta incontestable al PP de Mariano Rajoy. Y el PSOE, donde Rubalcaba se acababa de estrenar como secretario general tras ganarle por sorpresa a Carme Chacón, encaraba muy asustado unas elecciones andaluzas en las que el panorama para los socialistas era desalentador.

Con tantas tensiones internas, el proceso de elaboración de la candidatura al Parlamento andaluz fue una guerra total. Los pizarristas y los griñanistas se autoproclamaban ganadores de unas asambleas locales en las que se había votado previamente a los posibles aspirantes a formar parte de esa candidatura. Esas votaciones, como ahora, no eran vinculantes, pero, como ahora también, eran utilizadas como arma arrojadiza contra la dirección provincial.

Hubo reuniones entre ambos sectores del socialismo gaditano para intentar cerrar una lista integradora, pero era imposible llegar a un acuerdo. Y en éstas que llegó el comité provincial del 12 de febrero de 2012 en Paterna, donde se vivió uno de los momentos más tristes de la reciente historia del socialismo gaditano. Los griñanistas hicieron piña en el exterior del instituto donde iba a celebrarse el cónclave socialista y optaron por no acceder al comité provincial. Y el PSOE gaditano aprobó por mayoría una candidatura en la que solamente figuraban los afines a Cabaña.

Pero los partidarios de Griñán no se quedaron de brazos cruzados e imploraron el auxilio de la dirección regional del partido, es decir, exactamente lo mismo que están haciendo ahora los pedristas con Ferraz. Y el entonces presidente de la Junta y secretario general del PSOE andaluz llamó a capítulo a Cabaña y, tras muchas horas de reunión, impuso cambios en la candidatura que terminaron siendo aceptados a regañadientes por el secretario provincial. Los griñanistas Francisco Menacho (entonces consejero), Manuel Jiménez Barrios, Rafael Márquez e Isabel Armario conseguían un puesto de salida, aunque sólo los dos primeros lograron escaño. Entre los damnificados, militantes como Ismael Vaca, África Becerra y, sobre todo, el isleño Carlos García Caballero, que se quedó fuera de la lista y que no dudó en calificar públicamente de “cacicada sin precedentes” aquella maniobra del PSOE andaluz.

Lo que sucedió después es conocido por todos: Griñán salvó in extremis la Presidencia de la Junta y luego le cedió todo su poder a Susana Díaz. El susanismo se apoderó de todo el PSOE andaluz, también de la provincia de Cádiz de la mano de Irene García, pero no logró superar Despeñaperros. Y en pocas horas la gente de Pedro Sánchez puede darle otra bofetada sin manos a Susana Díaz si aparta a sus afines de estas candidaturas para el 28-A.

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